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Ocio y Cultura

José Azul, escultor de bestias y otras criaturas

El artista de Burbáguena ha creado en Utebo ‘El Hormigón azul’, una de sus últimas obras, que construye con herramientas en desuso.

José Azul, junto al 'Hormigón azul'.
José Azul, junto al 'Hormigón azul'.
Oliver Duch

En las herramientas hay un animal escondido… es cuestión de sacarlo». Este axioma es uno de los puntos de partida del trabajo de José Ángel López Martín, ‘José Azul’, escultor de Burbáguena, nacido en Teruel en 1967, que entre sus últimas obras acaba de inaugurar el ‘Hormigón azul’ en el parque de los Prados de Utebo.

José Azul define esta pieza como «una criatura especial, con pestañas y bigote, un poco transexual, creada, sobre todo, a partir de los restos de tres hormigoneras que he ido encontrando abandonadas por ahí, a las que he sumado unas patas construidas a base de unas varillas de hierro, entre otras cosas».

Afincado en Burbáguena, donde tiene su taller de forja, Azul es autor de una numerosa colección de animales reales o imaginarios que tienen casi siempre «un toque infantil, como de dibujos animados», afirma, que muestra en calles y plazas y otros espacios públicos. En Utebo, por ejemplo, es el escultor de otros dos trabajos anteriores: ‘La araña de la acequia’ (avenida de Zaragoza) y ‘Peces’, en la ronda del Camino de la Estación, que gozan de un notable interés ciudadano.

Las piezas de forja de José Azul están dispersas por la geografía aragonesa: Burbáguena, Calamocha, Báguena, Sádaba, entre otros puntos, además de una obra sumergida en el pantano de Lechago.

Trabaja el hierro, recuperando herramientas antiguas para crear criaturas imaginarias, aunque en sus obras combina también otros materiales como la piedra, la chapa, la madera, el hueso, así como diversos materiales de desecho.

Forma de trabajo

«Yo recojo la chatarra que encuentro o me ofrecen abandonada en corrales, donde veo una vez la cola de un pez o el pico de un pájaro en otra y las voy comparando hasta ver una cierta similitud entre las piezas y la parte de un animal. Voy probando hasta que alguna pieza me encaja en tamaño y forma.?Algunas llevan mucha elaboración y otras solo son pegar, soldar y ser preciso», cuenta el artista, que este verano exhibe unas cuarenta obras en la ermita de Luco de Jiloca.

Además de su ‘fábrica’ en Burbáguena, José Azul dispone desde 2012 de un taller de forja portátil con el que realiza demostraciones y exhibiciones en numerosas localidades. Con él enseña cómo trabaja con la radial, la soldadura y la fragua a golpe de yunque.

De formación autodidacta, José Azul se inició en el mundo de la forja en 2002 en un taller de Poleñino (Huesca), donde empezó ayudando en la construcción de mesas, sillas y otro tipo de mobiliario.

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