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Carlos Aurensanz: "Escribo lo que me gustaría leer escrito por otros"

El autor navarro acaba de publicar su novela histórica ‘El rey tahúr’ (Penguin Random House), ambientada en la Tudela de Sancho el Fuerte

El escritor navarro Carlos Aurensanz, ayer en Zaragoza
El escritor navarro Carlos Aurensanz, ayer en Zaragoza
Oliver Duch

Un joven cantero que trabaja en la demolición de la antigua mezquita de Tudela encuentra un intrigante pergamino. Es el punto de arranque de la última novela de Carlos Aurensanz, ambientada en la Tudela del siglo XII.

¿Así que Sancho VII de Navarra no era tan ‘fuerte’ como nos lo presentaban hasta ahora?

No. Frente al Sancho mitificado, el de las Navas de Tolosa, he querido presentar otro con rasgos más humanos, mujeriego, jugador, atormentado por las enfermedades.

¿Verdaderamente era un tahúr, como dice el título de su libro?

Es una novela y, como tal, literaturiza algunas cosas. Pero tenemos referencias históricas de que, en una ciudad en plena ebullición, como la Tudela de su época, vio las posibilidades que ofrecía el juego para rendir réditos económicos, y primero impuso fuertes impuestos a las tafurerías; y, posteriormente, las puso bajo el control de la Corona.

Asegura en el libro que es el libro en el que se ha permitido más licencias...

Sí, pero dentro de un orden. En la trilogía ‘Banu Qasi’ estaba completamente obsesionado con el rigor histórico. En esta novela me he concedido más licencias, entre otras cosas porque en la historia real hay lagunas importantes, como una desaparición del rey durante un par de años, que, aunque se sospecha que en ese tiempo pudo haber viajado a África, he tenido que reconstruir con mi imaginación. Pero siempre de la manera más verosímil.

¿Cómo surgió esta novela?

Por el descubrimiento de un nuevo significado en dos dovelas de la Puerta del Juicio de la catedral de Tudela. Al principio se pensaba que lo que los personajes sostenían en sus manos eran ábacos de cambistas judíos. Pero un buen amigo que ha estudiado a fondo el monumento llegó a la conclusión de que en realidad eran los tableros de un juego de la época, y que las dovelas, en realidad, lo que representan es el castigo al afán por el juego, a la ludopatía.

En la novela desempeña un importante papel la catedral. Ahora sí que le hacen hijo predilecto de Tudela...

(risas) A ver qué pasa. Yo pensaba que me iban a expulsar de ‘reino’, por retratar al rey Sancho con sus defectos. Pero, sí, esta es la más tudelana de mis novelas, y la catedral es uno de los elementos importantes de la narración. Está en el tránsito entre el románico y el gótico.

¿Cuál es su fórmula mágica para una novela histórica?

La clave está en mantener el interés del lector. El rigor histórico es muy importante, por supuesto, pero nada lo es tanto como lograr desde la primera página que el lector no pueda abandonar el libro. Yo he sido y soy un gran lector de novela histórica. De hecho, escribo únicamente lo que me gustaría leer escrito por otros.

En esta novela se ha salido del marco cronológico que más ha frecuentado. ¿Ya no va a aprovechar más el trabajo hecho?

Abordar una época histórica nueva es un esfuerzo, un reto apasionante. Si le soy sincero, casi me divierto más documentándome y preparando una novela que escribiendola. ‘La puerta pintada’ la ambienté en la guerra civil y posguerra, y seguramente algún día regrese a ese periodo histórico.

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