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Ocio y Cultura

Plácido Domingo puso en pie a la sala Mozart en su reencuentro con el público zaragozano

Durante la gala se interpretaron varios temas que hicieron famoso al histórico tenor albalatino y cerró su actuación, salpicada de numerosas ovaciones, con una romanza de ‘Los de Aragón’.

Plácido Domingo, ayer, durante la interpretación de 'Quiero desterrar', romanza de la zarzuela 'La del soto del parral'.
Plácido Domingo puso en pie a la sala Mozart en su reencuentro con el público zaragozano
Guillermo Mestre

Se esperaba un gesto, una carantoña de Plácido Domingo al público zaragozano, después de 28 años sin cantar en la capital aragonesa, y no tuvo uno, sino varios. "¡Qué alegría encontrarme en la tierra de mis antepasados -dijo al iniciar los bises-, en Zaragoza, en Aragón, una tierra que adoro!". Y la sorpresa llegó al final. Se habían cumplido las dos horas y media de concierto, el tenor Airam Hernández había brillado especialmente con su interpretación de ‘La roca fría del Calvario’, de ‘La Dolorosa’, y la soprano Ana María Martínez había sorprendido al público con una romanza, bellísima y exigente, de la injustamente poco conocida zarzuela cubana ‘Cecilia Valdés’. Y en eso salió Plácido Domingo, que ya tenía el público en el bolsillo, tomó la palabra y dijo: "Voy a cantar un tema de mi infancia -el silencio se espesó súbitamente-. Voy a cantar una romanza de ‘Los de Aragón’". Y claro, aunque la letra de la romanza dice que "Los de Aragón no saben lo que es llorar", al público se le humedecieron los ojos y rompió a aplaudir con pasión para despedirle.

Se cerraba así un recital que se organizó en recuerdo y homenaje de Miguel Fleta, del que se cumplen ahora 80 años de su muerte. Era un broche magnífico porque esa romanza de la zarzuela de Serrano fue en su día uno de los grandes éxitos del tenor albalatino. Otros, como el famoso dúo de ‘El dúo de la africana’, o el ‘Te quiero, morena’, de ‘El trust de los tenorios’, también formaron parte del programa de la gala.

Un lleno total

El recital, organizado por la Asociación Ópera Aragón y la DGA, había despertado una expectación extraordinaria. Las casi 2.000 entradas de la sala Mozart salieron a la venta el pasado día 9, a las 11 de la mañana, y en menos de tres cuartos de hora ya estaba todo el aforo vendido. Los billetes se podían adquirir a través de la web de Ibercaja, en su red de cajeros y en las taquillas del Auditorio, con un máximo de cuatro por persona. Los precios oscilaban entre los 20 y los 70 euros.

Y buena prueba del interés que había despertado el concierto la daba el aspecto que presentaba la sala Mozart, llena a rebosar, y con algunos datos curiosos que raramente acontecen durante la temporada. Así, por ejemplo, se supo que en primera fila estaba una aficionada llegada de Hong Kong solo para asistir al concierto.

Domingo había cantado por última vez en Zaragoza el 23 de junio de 1990, en un recital muy parecido al de anoche, también basado en la zarzuela. Actuó junto a las sopranos Carmen González y Guadalupe Sánchez, con la Orquesta Sinfónica de Madrid dirigida por el maestro Collado. Y se le rindió homenaje a la madre del tenor, Pepita Embil.

Años antes, Domingo había participado en la famosa temporada conmemorativa del bimilenario de Zaragoza, en 1976, en la que actuaron Montserrat Caba-llé (‘Aida’), Alfredo Kraus (‘Lucía di Lammermoor’) y Bernabé Martí (‘Turandot’), entre otros.

Pero el caso es que llevaba casi 28 años sin cantar en Zaragoza y eso, unido a su popularidad, hizo que se agotaran las entradas. El Gobierno de Aragón, que como organizador tenía un cupo de localidades, anunció que todos los que asistieran con ellas las habían pagado previamente. Incluido el presidente, Javier Lambán, que en el descanso confesaba que era la primera vez que escuchaba en directo al tenor madrileño. "Hace muchos años tuve la suerte de asistir a un concierto de Kraus y ahora puedo escuchar a Plácido Domingo -aseguraba-. La verdad es que es fabuloso". La consejera, Mayte Pérez, destacaba por encima de todas las cosas "la entrega del público y la capacidad del tenor para emocionar con su voz".

Sergio Castillo, una de las cabezas visibles de la Asociación Ópera Aragón, hacía un balance claramente positivo de la gala. "Estamos contentísimos porque el concierto ha sido un éxito artístico total -señalaba-. Plácido Domingo ha vuelto a su casa y el Auditorio está lleno para aplaudirle".

Lleno estuvo, sí, y a la velada acudieron numerosos representantes de la vida social y cultural aragonesa. Pero, sin embargo, no asistieron, o al menos su presencia no fue evidente, representantes oficiales del Ayuntamiento de la ciudad, en un gesto que muchos asistentes no entendían.

Por lo demás, el concierto fue una fiesta. Tras más de 50 años de carrera profesional, Plácido Domingo no se sube al escenario con la pasión otoñal del que piensa que cada vez le quedan menos actuaciones ante el público. Lo hace, y ahí radica el secreto de su éxito, con el entusiasmo juvenil del que se sube a cantar por primera vez y quiere seducir al público, conquistarlo, para poder seguir aprendiendo cosas nuevas. En escena es pura energía, sabiduría, técnica... Y pasión por lo que hace.

Así está Plácido Domingo, que si se fía un poco -y perdón por la exageración-, pierde el avión a Viena, donde el sábado dará vida al papel de George Germont en una ‘La traviata’, dirigida por Jean-François Sivadier e interpretada, además, por Irina Lungo y Pavol Breslik.

Y es que, pasada la medianoche, ya estrenado el miércoles, estaba aún en la salida de artistas firmando autógrafos y posando para selfis de los aficionados y aficionadas que se lo solicitaban. Incombustible y cariñoso a la vez.

La soprano Olena Panasyuk, que no se había perdido nada desde la primera fila de la sala Mozart, sentenció: "Ojalá hubiera más eventos de este nivel en Zaragoza, sería muy bueno para la ciudad y se crearía afición".

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