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Ocio y Cultura

Gaizka Urresti: "La perseverancia aragonesa es muy buena para el cine"

Gaizka Urresti Fernández de Valderrama (Bilbao, 1967) es director de cine. Ganador del Goya en 2014, el próximo día 4 estrena su nuevo film.

Luisa Gavasa y Jorge Usón protagonizarán 'Alcohol de quemar', de Gaizka Urresti
Gaizka Urresti y su mirada atenta.
Toni Galán

Hace unos días, el director zaragozano Gaizka Urresti armó el taco en el Festival de Cine de Nantes con el pase de ‘Arizmendiarrieta, el hombre cooperativo’. Esta semana, el próximo día 4, lo estrena en España.

Bilbao, Madrid, Zaragoza... Todo el mundo le quiere hacer suyo, a usted y al Premio Goya que ganó.

Somos el resultado de todos los momentos de nuestras vidas. Tengo mucho de Bilbao, donde nací y me crié; bastante de Madrid, donde llegué con 22 años y me hice; y mucho de Zaragoza, donde llevo 15 años, he formado una familia y trabajo. Por tanto, no anda mal encaminado en esa percepción.

Su obra alza el telón en España el próximo viernes, el mismo día en que cae el telón de la película de terror de ETA.

Eso parece… Arizmendiarrieta construyó y ETA destruyó, esa es la diferencia.

ETA: estupidez y barbarie…

Y para nada. Yo, de chaval, en los 80 en Portugalete, pensaba que nunca iba a acabar. Quemaron una Casa del Pueblo a apenas 20 metros de mi casa. Hubo dos muertos. Lo causaron unos chavales que conocía. Fue una sinrazón.

¿Cómo pudo ocurrir eso en una de las sociedades más avanzadas de España e incluso de Europa, como la vasca? También hubo indiferencia cómplice…

También, también… Había un alto nivel de vida, y si no te afectaba directamente el terrorismo...

Indiferencia cómplice, decía…

Afortunadamente, ya acabó.

Usted es un vasco viajado…

Con 22 años me fui a Madrid. Había estudiado Periodismo, pero lo mío era el cine. Monté una productora y comencé a trabajar para Telemadrid.

Ahora tendría trabajo allí: barullo tras barullo…

¿Con lo de Cifuentes?

Por ejemplo.

Madrid era y es el centro de todo o de casi todo en España. Fueron unos años muy fértiles allí.

Hasta que conoció a su mujer.

Así es. Conocí a Elisa Múgica, que es psicóloga. Nuestro hijo Jon es zaragozano y ya tiene seis años.

Quizá ha rebobinado hasta sus orígenes con este film sobre Arizmendiarrieta.

El séptimo arte, como todos los demás, refleja las pasiones que nos mueven. Arizmendiarrieta constituye un extraordinario retrato ejemplificador. No solo de su persona, sino de la capacidad emprendedora. Él sí plasma el espíritu vasco, no ETA.

¿Cómo forjó la idea?

Conocía que detrás del Grupo Mondragón había un humilde cura de parroquia. Leí la biografía que escribió Fernando Molina y me encontré con un personaje fascinante. José María Arizmendiarrieta era el primogénito de unos agricultores, el llamado a quedarse en el caserío.

¿Y cómo pasó del caserío a la empresa?

En plena posguerra, junto a sus jóvenes alumnos, constituyó el germen del mayor grupo empresarial del País Vasco, y del mayor grupo cooperativo del mundo, con 75.000 trabajadores en todos los sectores y presencia en los cinco continentes.

Vaya con el mosén...

Después de los maitines en la parroquia de San Juan Bautista de Mondragón, iba a la cooperativa y a la escuela que creó. Su vida se sintetiza en un gesto: cuando murió, en 1976, solo tenía en su cuenta 2.000 pesetas. Su vida la entregó a los demás.

¡Tengo ganas de ver la película!

Se estrena el viernes en el Teatro Amaya de Mondragón. Apenas caben 800 personas. Asistirán cinco consejeros del Gobierno vasco. El día 7, en Bilbao. También estará Kepa Junkera, que se ha encargado de la música. En junio estrenaremos en Aragón.

Y todo ideado en Zaragoza…

Así es. De Zaragoza es la productora, el director… (sonríe). Aragón es acogedor, tolerante, buen sitio para pensar. Mire en cine, con genios universales como Buñuel… Además, como le dijo Bigas Luna a Luis Alegre, hacer cine es muy laborioso. Hay que ser muy persistente: la perseverancia aragonesa es muy buena para el cine.

¿Piensa hacer alguna película sobre la cuestión catalana?

No, porque me cansa, me aburre. Y la sensación de aburrimiento es lo peor para una película.

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