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Mucho prestigio, bastante dinero y algunos lectores

Sergio Ramírez recibe mañana el premio Cervantes, el más importante de las letras hispanas, que encumbra, por lo general, a autores ya consagrados.

El premio Cervantes Sergio Ramírez, el pasado jueves en la Biblioteca Nacional.
El premio Cervantes Sergio Ramírez, el pasado jueves en la Biblioteca Nacional.
Juan Carlos Hidalgo/efe

Ganar el Cervantes aporta prestigio –mucho–, dinero –bastante– y lectores –algunos–. El premio mayor de las letras hispanas encumbra a autores ya consagrados, con una obra relevante y una larga trayectoria. Nunca, o casi nunca, sus ganadores son desconocidos del gran público, por más que la regla no escrita que alterna el galardón entre las dos orillas del idioma ‘redescubra’ a autores de allá menos conocidos acá, y viceversa. Sorpresa fue el premio para la cubana Dulce María Loynaz, una de sus únicas cuatro ganadoras, o que lo aceptara Juan Goytosolo tras ponerlo a caldo. El Cervantes puede ser antesala del Nobel, como en los casos de Vargas Llosa y Octavio Paz, o ir a rueda de la academia sueca, como ocurrió con Cela que lo aceptó con orgullo tras haber dicho que estaba "cubierto de mierda".

Sergio Ramírez, quien recoge el galardón mañana de manos del Rey, estaba bien publicado en España por Alfaguara. "Pero el mismo día del fallo se inició la reedición de su obra y su última novela, ‘Ya nadie llora por mi’, va por su tercera reimpresión", explican sus editores. No son cifras de escándalo "pero supone triplicar tiradas", todo un éxito cuando una edición inicial no supera los 5.000 ejemplares, o los 2.000 en el caso de un poeta. "Las librerías dan de nuevo espacio al ganador y reclaman sus obras anteriores", confirman desde el departamento de promoción de Alfaguara. "En la semana del Cervantes las ventas pueden aumentar un 200 y hasta un 300%", señalan.

Pilar Reyes, editora de Alfaguara, sello con varios Cervantes en su catálogo, confirma que el "consagratorio" premio otorga "mucho prestigio, bastante dinero y unos cuántos lectores" y da "una nueva vida a la obra del ganador". "Sergio Ramírez es un autor prestigioso, con muchos lectores en Centroamérica y México y acaso menos conocido en España, donde el premio le otorgará lectores", dice. "Es una excusa para relanzar los grandes libros de sus comienzos, como ‘Castigo divino’ y ‘Adiós muchachos’, o ‘Margarita, está linda la mar’ que se publicó hace ahora 20 años y tendrá nueva trayectoria", dice la editora colombiana.

"Ganar el Cervantes afecta de manera diversa, según la trayectoria de cada autor, pero seguro que para Dulce María Loynaz, tuvo una importancia capital dada las circunstancias en las que vivía y el poco reconocimiento que tenía su obra", dice Darío Villanueva, director de la Real Academia Española. "El Cervantes otorga estatus. Sí aquí genera atención y valoración crítica a los autores de allá, en América pasa lo mismo con los de acá", confirma Pilar Reyes. Recuerda el caso Elena Poniatowska –una de las únicas cuatro ganadoras junto a María Zambrano, Dulce María Loynaz, y Ana María Matute–, o de los mexicanos Fernando del Paso y José Emilio Pacheco.

En un cuestionado ejercicio de corrección política, el Cervantes se alterna entre las dos orillas del español, una norma no escrita que no agrada a Reyes. "No entiendo que se quiera imponer una paridad artificial entre España y veintitantos países de América Latina", dice la editora. "Se debería pensar la lengua como el universo común y que el autor que sea, del espacio que sea en el año que sea, merezca  la atención de los jurados por su mérito literario y no por su procedencia". "No creo que haya una razón que justifique esa al alternancia", dice.

La alternancia se cumple

"La alternancia se cumple en la práctica, pero no es nada obligatorio y en cualquier momento se puede modificar, aunque los hechos sean muy expresivos", admite Darío Villanueva, miembro del jurado de un galadón instituido fallado por primera vez en 1976.

En su primera convocatoria la dotación del Cervantes fue de cinco millones de pesetas. El dinero es relevante aunque el actual ‘cheque’ del premio, 125.000 euros, esté muy lejos de los 601.000 que se embolsa el ganador del Planeta, premio que obtuvieron Cervantes como Vargas Llosa, Cela o Eduardo Mendoza. Es pareja a los 125.000 euros del RBA de novela negra pero está también por debajo del Alfaguara, que con vocación hispanoamericana paga a su ganador 175.000 dólares, unos 165.000 euros, y que Sergio Ramírez ganó en 1998.

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