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Discapacidad

José María Civeira: "El discapacitado intelectual solo quiere ser como los demás"

José María Civeira es psiquiatra y patrono de la Fundación tutelar aragonesa Luis de Azúa, que trabaja con discapacitados intelectuales.

09/03/2018 a las 05:00
El psiquiatra José María Civeira.Oliver Duch

Como patrono de la Fundación tutelar aragonesa Luis de Azúa está involucrado en la protección y futuro de las personas con discapacidad intelectual. ¿Existe aún un reparo hacia este colectivo?

Creo que es desconocimiento, porque la discapacidad intelectual afecta a más del 1% de la población y nos rodea a todos.

Suele meterse en el mismo saco a todos los discapacitados.

Son problemas del neurodesarrollo intelectual, y en algunos ciclos de la vida los rendimientos son muy distintos. Hay discapacitados que son buenísimos trabajadores aunque no hayan sido buenos estudiantes; y estudiantes limitados que en el mundo laboral no van a tener problemas. Y otros que en la vida no van a tener suerte y no van a hacer las cosas bien.

¿Hay más concienciación social?

El Consejo de Europa y la ONU plantean la discapacidad intelectual como un tema de derechos humanos, de calidad de vida y por tanto de integración. El problema es que la integración no es solo ser uno más, sino ser escuchado y tomar iniciativas. Tienen derecho al trabajo, a su casa y a su sexualidad.

¿Es necesario tutelarlos o realmente pueden ser autónomos?

La tutela es una decisión judicial individual. Dentro de la filosofía de la Fundación europea de asociaciones tutelares, toda persona tiene derecho a un plan individual de autonomía y las decisiones que toma se tienen que respetar al máximo. En Europa hay casos de personas con discapacidad cuyos padres, por ejemplo, han fallecido, pero que mantienen su casa y comparten alguna habitación, con una tutela muy pequeña. Conservan un trabajo en empresas normales y toman iniciativas. Pues bien, está demostrado que sufren menos enfermedades, gozan de una mayor calidad de vida y contribuyen mucho más al grupo social al que pertenecen.

¿Y en España?

La legislación es buenísima. Históricamente, cuando a una persona se la tutelaba, en la mayoría de los casos se la privaba de sus derechos civiles. Hoy en día se está planteando que no solo hagan vida independiente, sino que la supervisión que su limitación les exige sea perfectamente compatible con una autonomía.

¿Qué dicen ellos?

Quieren ser escuchados. Su opinión es valiosa. Quieren ser como los demás, tener su trabajo, su dinero, su independencia...

¿Se tiende a sobreprotegerlos?

Hay familias optimistas que tienen niños muy independientes y adultos que, con sus limitaciones, viven muy bien.

Pero las pesimistas...

Esas personas establecen una hiperproteción en la que la persona con discapacidad tiene muy poquitas iniciativas, en la ropa que se pone, en los sitios a los que va, en el manejo del dinero... y como todo se lo dan hecho, nunca aprende a hacer nada. Tenemos un programa en el hospital Miguel Servet con niños que con 14 o 15 años nunca habían salido solos a la calle, y el 90% se mueven ahora por Zaragoza perfectamente y quedan con sus amigos. ¿Cuándo es el momento, a los 12, a los 14, a los 16 años? Cada niño es un mundo, pero es evidente que hay que ir hacia la autonomía personal.

¿Hay que inculcar la integración del colectivo desde la infancia?

Los niños que conviven con personas distintas tienen una riqueza tremenda, y eso lo vemos en los colegios. En Aragón todavía tendemos a los colegios de educación especial, pero hay países en los que toda la enseñanza es inclusiva. Un niño dirá: ‘Fulanito no lee bien, pero es mi amigo’.

Y las empresas, ¿responden?

En España, el movimiento asociativo es muy fuerte, pero centrado en centros ocupacionales, talleres especiales de empleo y unidades de producción monográficas. Y eso es fantástico, pero en el resto de Europa se tiende a que las personas tengan derecho a trabajar en empresas normales. Son trabajadores fantásticos, pero aquí todavía hay miedo a que no vayan a hacer las cosas bien. Es una asignatura que aún hay que aprobar.





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