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Ocio y Cultura

Zaragoza se viste de arte, ritmo y agitación con las actividades de la Noche en Blanco

El programa llenó calles y museos e incluyó la cena sorpresa en el barrio de Las Delicias.

La cena-sorpresa fue al lado de la Estación de Delicias:reinó el blanco y el buen ambiente.
La cena-sorpresa fue al lado de la Estación de Delicias:reinó el blanco y el buen ambiente.
Toni Galán

Zaragoza se vistió de arte, de ritmo y de agitación en la Noche en Blanco. Zaragoza salió a la calle. Hubo de todo y para todos los públicos. Había tanto tanto que ver y oír, tantos recintos donde moverse, tantos espectáculos callejeros o sesiones de cine, teatro y poesía que lo difícil, casi, era saber dónde ir.

El trayecto podría iniciarse en la plaza de España: allí los integrantes de Museo del Origami ayudaban a los niños a hacer, con cartulinas de colores, pajaritas o aviones de vuelo espectacular. Enfrente, en solidaridad con Belén Gimeno, un amplio grupo reivindicaba con naturalidad los derechos de las madres. En la plaza de San Felipe, las componentes del grupo Laqtspera ensayaban sus bailes, al son de diversas músicas. El Museo Pablo Gargallo iba llenándose por instantes. Alguien decía: "Hacía años que no venía por aquí". Dos muchachas se detuvieron ante ‘El profeta’. Una de ellas dijo: "Esta pieza tiene mucha fuerza. Me emociona".

La siguiente parada era la calle Santiago. Allí se desarrollaba ‘Un pequeño punto azul’: el colectivo All One Project, con Paloma Sanz a la cabeza, invitaba a pintar a partir de una idea que mezcla a Carl Sagan con el creador de arte colaborativo Jonathan Horowitz. En la plaza de las catedrales, ya cerca de las Murallas Romanas, sonaban un canto y una palabra que percutía contra el sol y la sombra: "Libertad, libertad". El cantante anunció que eran una ONG del Cuerpo de Cristo.

Gozarte había dispuesto a sus narradores y actores por toda la ciudad. Ante el Ayuntamiento, una joven explicaba la historia de Alfonso ‘el Batallador’ y la de Ramiro ‘el Monje’. Detrás de La Seo, un grupo con Yolanda Blanco –de ‘Oregón Televisión’– escenificaba la historia de santo Dominguito de Val. La Lonja parecía un guateque: había mucha gente y en las fotos de Juana Biarnés, que se dedicó "a la fotografía para ayudar a mi padre", se ve a Rocío Dúrcal, a Marisol, a Romy Schneider y Luis Miguel Domínguez en amena seducción, a Los Beatles y a una lozana Rocío Jurado. El matador El Viti se apoya en la pared de su finca. Una señora mira y resume: "Esa foto parece que tenga 500 años".

El Archivo Histórico Provincial también se vistió de largo con las proyecciones ‘Ciudadano Coyne’, grabaciones de entre los años 40 y 60. Un instante después, ya en el Museo de Zaragoza, Sergio Castillo, coordinador de la Noche en Blanco del Gobierno de Aragón, dirá: "En esas filmaciones están todos los popes de la Zaragoza de entonces". En el Museo Goya de Ibercaja, una joven de recepción confiesa: "Hacía tiempo que no veía esta multitud por aquí". La gente se movía a sus anchas. En el Museo de Zaragoza, en su patio central, hubo teatro, con entremeses, música barroca, canciones de Monteverdi o de la conquista de Granada, y un especial y envolvente sonido de tiorba.

En el Paraninfo había colas para visitarlo, sobre todo la primera planta, pero también el Museo de Ciencias Naturales. En el patio central, ya entrada la noche, la gente parecía muy feliz. El viento despeinaba la atmósfera de calor, igual que en la terraza del Museo Pablo Serrano.

En la antigua Estación de Delicias se celebraba la cena sorpresa: alrededor de 700 comensales ocuparon mesas de cuatro y de hasta 20 asientos, decoradas con centros florales y candelabros. Había un ambiente espléndido y corría la brisa. Se inició el manjar con la tradicional agitación de servilletas. La Noche en Blanco, la jornada de estos soñadores, acabaría con champán y lo que se terciase en el Parque de Palomar.

Al fin y al cabo, todos estaban dispuestos a vivir un desvelo de caballería y de cine, de amistad y de emoción. Zaragoza volvió ayer a ser la ciudad de la alegría.

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