Miguel Carcasona: "Se escribe como se es"

El poeta y narrador explica las claves de este libro, donde recoge algunos cuentos premiados. Fue premio Isabel de Portugal de cuento y poesía.

Miguel Carcasona: "Se escribe como se es"
Miguel Carcasona: "Se escribe como se es"
R.Gobantes

¿Cuál es el espíritu del libro 'Un ojo siempre parpadea' (Tropo)?

El espíritu último del libro sería el mismo que anima toda mi obra, y que puede condensarse en una cita de Pablo Neruda: “el poeta debe ser un cronista parcial de su época”. El cronista del hombre común, añadiría. No me interesa demasiado la figura del triunfador ni la del perdedor. Las considero las dos caras de una misma moneda, y a mí me gusta más el tintineo de esa otra moneda, la del protagonista de lo cotidiano, una costra que, si se rasca, es más rica en matices.

¿Cabría decir que es un libro unitario o son cuentos que se agrupan, más bien dispersos?

Dentro de la variedad, en el libro existe una unidad, digamos, subterránea. El título hace referencia al distinto enfoque de la realidad que sucede tras cada parpadeo. Algo así como las diferentes secuencias de una película. El concepto de realidad (como antes el del hombre común y su cotidianidad) se toma en sentido amplio.

¿De qué modo?

No se trata sólo de la realidad tangible, perceptible a los sentidos, sino que también incluye la interior (la emocional) e incluso la fantasía que anida en la mente de cada cuál. Esa realidad poliédrica se refleja en el abanico de edades de los personajes (desde el momento de la concepción hasta la vejez) y en las emociones que sienten y transmiten (el desencanto, la pasión, la venganza, etc.)

¿Cuál es su idea del cuento?

Para mí, un cuento es una creación que, como la novela, debe funcionar con unos elementos que encajen entre sí de forma cerrada (aunque su final sea abierto), pero sin permitirse, como en aquella, digresiones y desarrollos de personajes o situaciones que dispersen la intensidad narrativa. Porque esta intensidad, incluso el peso específico de cada frase o palabra, le acercan al poema. En ese aspecto lo encuadro a medio camino entre ambos, poesía y novela, pero con una personalidad propia. Un equivalente sería la canción, frente a la sinfonía o el romance de ciego.

Una idea original, sin duda.

De hecho, aunque no soy dado a autoanalizarme como escritor, siempre tengo la sensación de que muchos relatos tienen un fondo musical (y no sólo por las canciones que en ellos aparecen), que poseen estructura de canciones.

Hay un clima de sensualidad y de épocas distintas de la vida: períodos de aventura, de educación sentimental y de madurez.

¿Qué características tienen sus piezas?

La intensidad y el cuidado de la expresión son fundamentales para mí. No en vano, sigo considerando mi maestro al mejor Juan Rulfo de 'El llano en llamas'. Trasladar esa literatura desollada a otros ámbitos y épocas me sigue pareciendo un reto.

¿Cómo compagina humor, lirismo e invención en un libro tan lleno de detalles y de situaciones?

Se escribe como se es, aunque no se haga autobiografía. Y, al menos, así me siento por dentro, con esas tres características que defines. No sé si quienes me conocen un poco coincidirían en la opinión, y menos todavía quienes me conocen mucho. Agradezco la referencia al humor, que me parece una de las cosas más difíciles de conseguir en literatura y, me temo, en este libro sale en pinceladas demasiado pequeñas. El lirismo quizás sea herencia de la poesía. Generalmente, quienes llegamos a la prosa desde ella ponemos especial cuidado en la expresión, como he dicho antes.

También hay varios homenajes, García Márquez, a Vargas Llosa, al cine. ¿Cómo los ha integrado?

Lo de los homenajes tal vez tenga que ver con otro de los pilares básicos que me animan, el amor por la historia. Una historia en sentido amplio, como la realidad, personal y colectiva. Los homenajes (o simples guiños) son una parte de culturalismo engarzado en los relatos, no como adornos sino como algo imprescindible para comprender a los personajes o, al menos, como metáfora de sus vivencias. Desde la casualidad que adquieres tintes de causalidad, en el Ámsterdam de la canción de Jacques Brel, hasta el cine, intrínseco a los nacidos en el siglo XX, en un relato que tanto se parece a la película 'Cinema Paradiso' de Tornatore y en el que se cuela, como una premonición, la imagen final de 'El séptimo sello', de Ingmar Bergman, tan tremenda.