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Aventuras de verano

"Definitivamente, el arte también es para el verano"

Concha Lomba Serrano es Catedrática de Historia del arte, Vicerrectora de Proyección Cultural y Social de la Universidad de Zaragoza y comisaria de exposiciones.

Concha Lomba Serrano, catedrática de Historia del Arte
"Definitivamente, el arte también es para el verano"
OLIVER DUCH

Concha Lomba Serrano es Catedrática de Historia del arte, Vicerrectora de Proyección Cultural y Social de la Universidad de Zaragoza y comisaria de exposiciones. Su especialidad es el arte contemporáneo y ha publicado estudios e investigaciones desde Goya hasta nuestros días: Miguel Viladrich, Ramón Acín, Rafael Barradas o el 'Grupo Pórtico', entre otros asuntos.

1. ¿Qué hace una vicerrectora e investigadora de arte en verano?

Disfrutar del tiempo sin límites con mi pareja, con mi familia, con los amigos. Conocer lugares nuevos o volverlos a ver con otros ojos. Disponer de todo el tiempo del mundo para leer, pasear, reflexionar con una mirada distinta: la que produce el sosiego veraniego.

2. ¿Dónde descansa?

Los largos viajes a lugares y países nunca vistos van dando paso, en estos tres últimos años, a la intensidad del mar; de mares diferentes, aunque debo reconocer que el Mediterráneo, que la Costa Brava, sigue siendo uno de mis predilectos.

3. ¿Cuáles han sido el viaje y la ciudad de verano de su vida?

Tras esos largos veranos infantiles, la Toscana, con Siena como epicentro, en la que compatibilizaba estudios y diversión. Años más tarde: Sri Lanka, con los elefantes paseando por las calles de Kandy, las Maldivas, Sicilia, con toda la carga de la cultura clásica antigua, Tailandia, cuando había que llegar a Chang Rai en una camioneta no apta para turistas.

4. No está nada mal...

Y muy especialmente, Tanzania, en la que, por primera vez en mi vida, la naturaleza en estado puro acaparó toda mi atención, sin apenas tiempo ni deseo para sumergirme en manifestaciones artísticas que no fueran la arquitectura y la música de Zanzíbar.

5. El verano está asociado a la infancia y a la adolescencia. ¿Cuáles serían sus mejores recuerdos?

La libertad que me producía pasar un largo mes con mis abuelos en Blesa hasta que mis padres me recogían para llevarme a la playa; y después los veranos de Peñíscola con esa sensación de descubrimiento perpetuo que produce la adolescencia.

6. ¿Cuáles han sido los artistas y las exposiciones de sus veranos inolvidables? Como las bicicletas, ¿sería el arte para el verano?

Disfrutar de Paul Klee mientras contemplaba por una ventana la torre de la Signoria en Florencia es una imagen inolvidable; tanto como entrar en la Villa Emo en el Véneto y dejarte atrapar por sus frescos… Y con el tiempo, redescubrir el Monasterio de San Pedro de Roda, sentir la intensidad de Wifredo Lam en La Habana o sorprenderte con una mezquita escondida en el diminuto Almonaster. Definitivamente, el arte también es para el verano, pero, en mi caso y en estos últimos años, en dosis más comedidas.

7. Si tuviera que decir cuál es su canción y su concierto del verano, ¿qué diría?

Creo que la música pop de mi adolescencia y los conciertos de música clásica que escuchaba en Siena.

8. Participas en una monografía sobre el gusto que publica la Institución Fernando el Católico. ¿En qué consiste? ¿Perdemos o ganamos el gusto en verano?

En esa monografía se plantea una revisión de cómo el gusto ha determinado diferentes lenguajes artísticos a lo largo del tiempo, aunque yo me ocupo del que afecta a la segunda mitad del siglo XX, a las confluencias gestuales que se produjeron al tiempo en Europa y Norteamérica propiciadas por una rabiosa vanguardia y su deseo por recomponer un universo nuevo (¿le suena a algo?), tras la Segunda Guerra Mundial. Una tendencia artística dura y nueva que, aunque suene a frivolidad, creo que se acomoda mejor con el otoño o con el invierno. En verano, el gusto casa mejor con el despertar de los sentidos, con imágenes más placenteras; al menos en mi caso y en estos momentos.

9. ¿Cuál sería el menú de un día perfecto?

Las ensaladas, las almejas, los frutos de mar de sabor azul intenso y luminoso.

10. ¿Cuál ha sido el gran personaje, real o de ficción, de sus vacaciones?

Ha habido miles…

11. ¿Cómo fue su primera vez?

Ha habido muchas primeras veces, por fortuna, y todas ellas enormemente excitantes y placenteras. No creo que se deba perder nunca el descubrimiento iniciático.

12. ¿Cómo se ve la vida desde la Universidad? ¿Qué piensas cuando oyes eso de que la Universidad pinta menos en la vida cotidiana que Pichorras en Pastriz?

Se percibe con una enorme intensidad y, demasiadas veces, con un enorme desasosiego e incertidumbre, pero con un deseo, en ocasiones exasperante, por construir un futuro mejor. Y lo de que no pinta nada, no se lo cree ni la persona más lerda, porque la Universidad no es un ente abstracto, constituimos un importantísimo porcentaje de la población que impregna la sociedad entera y de ella depende, en buena medida, su futuro; el futuro que queramos construir.

13. ¿Cuál es la mejor o la más extraña anécdota veraniega vinculada a tu profesión?

Una de las más divertidas bien podría ser cuando descubrimos que en la mítica Biblioteca de Alejandría, que atesora millones de libros, no había ni uno solo de los que yo había escrito; tampoco de muchos otros investigadores conocidos, más sabios que yo. Tan solo custodiaban alguno del profesor Joaquín Lomba.

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