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Crítica de música

Arbolé o el regalo de Silvia

El Teatro Arbolé, lleno hasta la bandera. Hubo que acomodar alguna silla para que cupiese todo el mundo. Por eso el concierto empezó con un cuarto de hora de retraso.

Antón Castro. Zaragoza Actualizada 03/02/2013 a las 09:02
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SIlvia Pérez Cruz

El Teatro Arbolé, lleno hasta la bandera. Hubo que acomodar alguna silla para que cupiese todo el mundo. Por eso el concierto empezó con un cuarto de hora de retraso. Apareció Silvia Pérez Cruz y cantó ‘Meu meniño’ a ‘capella’. Nada menos. (“Miña nai, miña naiciña, / como miña nai ningunha, / que me quentaba a cariña / co calorciño da súa”), un tema que le regaló su tío y que se enriqueció con un canto popular gallego.

A partir de ahí ofreció una lección de emotividad, de arreglos, de riesgo, de experimentación, de auténtica deconstrucción musical (hace lo que quiere con las canciones, con las versiones: la suaviza, les da energía, las exalta, las prolonga, las esconde), y contó con una banda de músicos maravillosos, que disfrutaron de lo lindo: Raúl Fernández ‘Refree’ (guitarra, banjo, ukelele y guitarrita; es el productor del disco ‘11 de noviembre’); Mario Mas (guitarra y laúd español, hijo de Javier Mas. Recibió una ovación especial); Miquel Ángel Cordero (contrabajo) y Joan Antoni Pich (Cello). Fue un concierto inolvidable, con fuerza, con belleza, con delicadeza, con variedad rítmica, un concierto inclasificable un tanto impredecible e indie, con un oficio y un talento increíbles.

Silvia Pérez Cruz es de la estirpe de Eleftheria Arvanitaki, Noa, María del Mar Bonet, Regina Spektor, Amalia Rodrigues, Marisa Monte o Mariza. Se siente cómoda en cualquier palo: en el flamenco, en la bossanova, en el jazz, en la canción popular, latina, el musical norteamericano o en las versiones. Y a la vez es una compositora e intérprete que busca un estilo, como había buscado por la tarde las calles más pintorescas de Zaragoza para encerrarlas en su cámara fotográfica. Ella toca la guitarra, pero su instrumento esencial, inmenso e inagotable, es la voz. Una voz diferente, refinada y cálida: la sostiene, la prolonga, puede ser desgarrada, honda, dulce, enigmática, una voz que envuelve y que posee una tesitura especial. Fue uno de esos conciertos especiales que además tienen humor, un punto de ironía, enorme sensualidad y comunión con el público.

Silvia Pérez Cruz tocó sus canciones e hizo varias versiones, ‘Currucucú paloma’, ‘Corrandes d’exili’ de Llach o un tema apropiado para la crisis de Chicho Sánchez Ferlosio: ‘Gallo rojo, gallo negro’. Es fácil entender la advertencia de Santiago Auserón: la suya, como la de las sirenas, es una voz de la que cuesta no enamorarse. Una voz peligrosa porque subyuga.

Silvia Pérez Cruz. Teatro Exilio. Presentación del disco ‘11 de noviembre’. Músicos: Raúl Fernández, Mario Mas, Miquel Ángel Cordero y Joan Antoni Pich. Teatro Arbolé, viernes, 1 de febrero. Lleno absoluto.





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