Despliega el menú
Ocio y Cultura
Suscríbete

LA RECOMENDACIÓN

Lo más urgente, vivir

Coinciden en la cartelera zaragozana dos películas que abordan la enfermedad y la felicidad: ?Principiantes? y ?La prima cosa bella?, el cine norteamericano independiente y el cine italiano de factura clásica.

Micaela Ramazotti, la madre liberal de los años 70 en La prima cosa bella
Cuando lo más urgente es vivir

Son muchas las películas que han abordado la enfermedad en el cine. Y sería imposible hacer aquí un inventario: quizá una de las más delicadas e intimistas sea ‘Tierras de penumbra’ (1993), de Richard Attenborough, basada en la historia de amor del narrador de C. S. Lewis y de la poeta norteamericana Helen Joy Gresham. Ahora coinciden las carteleras dos películas que abordan la inmediata llegada del fin: ‘Principiantes’ de Mike Mills y ‘La prima cosa bella’ de Paolo Virzì. Son dos películas muy distintas, de tradiciones diferentes, pero con magia dentro. Con magia, con exaltación de la vida, con peleas y desencuentros, y con esos secretos que siempre existen en las familias. Secretos, recovecos, rencores ocultos, historias de amor, malentendidos, celos y reconciliaciones.

En ‘Principiantes’, tras la muerte de su mujer, Hal, el padre (Christopher Plummer) ya puede salir del armario, y no solo esto: establece una relación con un hombre más joven, tan joven o más que su hijo Oliver, encarnado aquí por un Ewan McGregor, a quien siempre le sobra un punto de inclinación hacia la melancolía, la tristeza y una cierta enfermedad del alma. En ‘La prima cosa bella’ hay muchos asuntos soterrados: en realidad, casi todos tienen secretos. Bruno y su hermana Valeria, su madre y protagonista (de joven, Micaella Ramazzoti; de mayor, Stefania Sandrelli), su padre Mario, etc., pero es una película vitalista, de excesos, desmesurada, de odios africanos que a veces no se entienden. Y de un romanticismo tan elemental como preñado de aventuras.

Y ahí irrumpe -junto a la carnal Anna, en su juventud, que emula un poco a la Sofía Loren de ‘Dos mujeres’ o a la Anna Magnani de ‘Bellisima’-, una gran actriz: Stefania Sandrelli, que ha pasado de ser ‘sex simbol’ a una intérprete estupenda, capaz de montar en moto o de marcarse un baile agarrado con su hijo que nunca pudo soportar que ella fuese elegida «la mamá más bella del verano» de 1971 en Livorno y que excitase la líbido de uno de esos caballeros babosos que frecuentan los concursos de belleza.

‘Principiantes’ cuenta muchas más cosas, claro. Y está basada en hechos reales que afectan al propio director y guionista Mike Mills. El joven Oliver no ha sabido retener a las mujeres a su lado, y un día aparece una, Anna (Melanie Laurent), que se hace pasar por muda y luego alega una dolencia de garganta. La idea resulta graciosa. La relación deriva hacia uno de esos amores extraños, que no cuajan del todo, o que sí cuajan, de esos amores un tanto raros y misteriosos, que portan la llama de la imposibilidad dentro y que podrían haber sido filmados por Julio Medem, Sophia Coppola o Isabel Coixet. Esta película tiene muchas cosas: en espléndidos flash back analiza la relación del hijo, de pequeño, con su madre, que habría sido un personaje espléndido (y ya lo es en gran medida; aún podría haber sido mejor, mucho mejor), viaja a través del tiempo en una especie de almanaque de imágenes muy curiosa y posee una excelente música. Es una de esas películas no perfectas, de espíritu independiente, que se dejan ver con gusto y que huyen de lo lacrimógeno y de la gravedad del drama. Christopher Plummer está inmenso; con su cáncer y todo, con sus amores compartidos, está deliciosamente gamberro. Y desafiante: la vida se lo merece todo. Lo urgente es vivir.

Si la banda sonora de ‘Principiantes’ es buena, la de ‘La prima cosa bella’ aún es mejor. Nos recuerda donde estamos, nos recuerda aquella música italiana evocadora y pegadiza que parecía proclamar la felicidad y el desenfado. Hay drama. Hay varios dramas. Algunos muertos incluso. Hay pensiones cutres, huidas, aventuras en la noche y hay, muy especialmente, un análisis de los cambios generacionales del país. Pero lo que hay sobre todo es esa cuidada factura del cine italiano heredado de Dino Risi, de Ettore Scola, de Francesco Rossi, de Vittorio de Sica, del propio Fellini: cine de historias, de personajes, de estados de ánimo, cine en el que siempre suceden cosas con ese espíritu indomable, entre furioso y patético, entre cándido y loco, de los italianos.

Beginners / Principiantes. Director: Mike Mill. Puede verse en las salas Palafox.

La prima cosa bella. Director: Paolo Virzì. Puede verse en las salas Renoir.

Etiquetas