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PROYECTO

El Museo Pablo Serrano del XXI

Apertura del Instituto Aragonés del Arte y la Cultura Contemporánea (IAACC).

José M. Pérez Latorre documenta el proceso del edificio.
El Museo Pablo Serrano del XXI
J. MIGUEL MARCO

Después de una andadura larga, a veces complicada y turbulenta, ha abierto sus puertas el Pablo Serrano. Primero se concibió como museo monográfico pero tras años y cambios de concepto se ha llegado a abrir como Instituto Aragonés del Arte y la Cultura Contemporáneos. Y podemos decir que los dos conceptos han tenido su edificio, su continente, aunque al final, superpuestos. Un largo periodo que arranca en los años 70, que se materializa por primera vez en 1994 y que crece y se amplía en el 2011. El nuevo Pablo Serrano ha abierto su puertas, sus espacios, sus airosas escaleras, sus volúmenes, sus formas, sus colores negro y turquesa y sus vistas asentando en Zaragoza las bases de una nueva y dinámica manera de entender el arte, la cultura y también la vida.

El edificio es contundente y de una personalidad inconfundible. José Manuel Pérez Latorre ha resuelto varias cuestiones para llegar a buen puerto. El respeto al edificio anterior que, a su vez, se asentaba sobre las naves de los antiguos talleres del Pignatelli, donde Pablo Serrano quiso que se construyera su fundación museo. Para dar cabida a las nuevas necesidades derivadas del concepto que desarrollaran la difusión del legado de pablo Serrano, la potenciación de los artistas jóvenes y la difusión y debate de las nuevas manifestaciones creativas, había que crecer en altura.

Sin duda que la construcción de cuatro grandes pilares ha solucionado la creación de grandes salas de exposiciones diáfanas de alrededor de 700 metros cuadrados y alturas de 6 metros. Unas salas concebidas para albergar muestras de gran formato, concebidas con todos los últimos adelantos de climatización, iluminación y ambiente. El espacio interior, los diversos espacios son espléndidos, con un sentido metafórico de altura, de verticalidad y de ritmo que sitúa al IAACC Pablo Serrano en la trama urbana de Zaragoza de una manera destacada, como se observa desde la terraza del museo. Pero un centro de estas características destaca también por los espacios menos espectaculares. Citaremos el muelle de descarga de obras, los montacargas, los lugares de preparación de las exposiciones, los talleres, los espacios administrativos, el salón de actos, las zonas de merchandising, las de pasos perdidos. Quisiera destacar las zonas de almacenamiento de obras de los sótanos, diferenciados para escultura, papel y pintura, con unos peines de última generación para que las pinturas se conserven en condiciones óptimas. También destacan los sistemas de climatización y humedad.

Se trata de un edificio que se incardina en la ciudad de Zaragoza, en su trama urbana y que se añade como uno más de los hitos destacados. El edificio se deja notar, con sus formas, sus angulosidades, sus líneas depuradas y, sobre todo, por esas chapas lacadas fabricadas en Japón, que se expanden entre el elegante negro de fuerte poder de reflejo y el turquesa como contrapeso. Como ha dicho el arquitecto: «En Zaragoza lo que no se nota mucho es como si no existiese».

En cuanto a la filosofía por la que se ha de guiar el centro hay que decir no difiere mucho de la que conduce a los centros que se han ido poniendo en marcha en los últimos tiempos en España y en otros lugares del mundo. Se trata de centros con propuestas artísticas y culturales de la actualidad; no son museos guardianes de un pasado. El mismo Pablo Serrano ya tenía la idea de un museo vivo, abierto a los jóvenes y a las creaciones más innovadoras. Y el IAACC responde a todas esas novedades creativas, a la fotografía, al video, al art-net y a todo lo nuevo. Se dice que la programación responde a tres líneas de trabajo:

La programación por el arte y la cultura contemporánea en Aragón, con exposiciones monográficas y temáticas que, contextualizadas, permitan profundizar en el conocimiento y difusión de las colecciones del centro; la presentación de proyectos nacionales e internacionales, con especial atención a la escultura y, por último, la puesta en marcha de observatorios para abordar desde las diversas disciplinas los temas de actualidad.

Estamos en el comienzo de una nueva etapa, realmente esperanzadora. Tres exposiciones vemos en estos momentos. En la planta baja la historia de Museo Pablo Serrano en sus dos etapas y la historia de la construcción, con dibujos, maquetas y todo lo que ayuda a comprender el edificio y museo al que hemos llegado. En la planta noble en dos salas, hay una visión diferente de la obra de Pablo Serrano. Una visión de Fernando Sinaga en la que aborda la etapa de 1956 a 1963, una mirada ‘antropológica’ con los hierros encontrados, los ritmos en el espacio, la quema del objeto y las bóvedas para el hombre, una de las etapas más creativas del artista de Crivillén. En las dos últimas plantas encontramos ‘Noreste’, donde se muestran obras de los aragoneses de mayor proyección nacional e internacional de la actualidad.

En esta muestra no se pretende una exposición colectiva sino un encuentro que permita construir la «cartografía de un espacio abierto al exterior». Los artistas seleccionados han sido: Jesús Bondía/Javier Almalé, Pedro Bericat, Lara Almárcegui, Javier Codesal, Enrique Larroy, Javier Peñafiel, Fernando Sinaga, Begoña Morea, José Noguero, Enrique Radigales y Gonzalo Tena.

Los edificios no funcionan solos. Ahora hace falta que la batuta de la dirección del IAACC Pablo Serrano sea eficaz, decidida, valiente, sinfónica, no monocorde, abierta a las nuevas tendencias, a debates y siempre plural. Los aragoneses sabemos y queremos estar a la altura de las circunstancias.

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