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ACTOR Y PAYASO

Pepe Viyuela: «El sexto sentido es el del humor»

El actor Pepe Viyuela considera que «el sexto sentido es el sentido del humor, el que nos permite sobrevivir».

Aunque siempre que pienso en usted sonrío, no sé si está demasiado bien esto de hacer una entrevista a las nueve de las mañana. Aquí me tiene, casi con legañas en los ojos, sin apenas desayunar. ¡Esto no son horas para un artista como usted, hombre!

Hay que comenzar el día con una sonrisa. Yo, por ejemplo, estoy en pie desde las 6.30.

¿A esa hora ya está preparando la función?

No, es el momento propicio para escribir teatro.

¡Ah, claro! El Viyuela escritor. Y el Viyuela actor. Y el Viyuela payaso.

Ante todo, me considero payaso. Por encima de todo, payaso. Me siento payaso y es lo que aspiro conseguir cuando sea mayor. Me da igual que nos tilden de los últimos considerados de la sociedad.

Veo que no le afecta demasiado lo que digan de usted?

Para nada. Incluso me enorgullece. Somos los bufones del siglo XXI, los que decimos las verdades que nadie se atreve a decir, los que nos la jugamos. Cuando uno busca el payaso que tiene dentro, alcanza una plenitud, una filosofía que nos acerca a los demás.

Oiga, esto de la risa debe ser algo muy serio, ¿no?

Y tanto. El sentido del humor es el sexto sentido, el que, independientemente de percibir lo que nos rodea, nos permite sobrevivir. No creo demasiado en el ser humano, habitualmente terrible, creador de un mundo desigual. Si algo puede salvarnos es el sentido del humor, que tanto tiene que ver con otro verbo maravilloso: amar.

O sea, que usted se ríe de todo.

No. Me considero una persona reservada. Incluso, tímida.

Señor Viyuela: usted se está riendo de mí, oiga.

La vida del payaso es así.

Viyuela, tímido. Eso está bien. De todas formas, no es tan sencillo el uso del humor. La ironía solo es compatible con la inteligencia.

Tenga usted en cuenta que esto del humor es algo muy serio.

Y con la crisis, con tantos problemas, ¿de verdad le entran ganas de sonreír?

Es necesario afrontar los problemas, pero siempre con optimismo. Con la obra que llevamos al Teatro Principal de Zaragoza, 'El Pisito', reflejamos determinados problemas de la sociedad actual, como el inmobiliario. Es la adaptación teatral del guión de Rafael Azcona. Lo dirige Pedro Olea. Pienso que le va a agradar a los espectadores.

¿Y no le dan ganas de llorar cuando contempla a la clase política que nos dirige? No me refiero exclusivamente a Zapatero, aunque tampoco lo excluyo.

No me gusta, incluso detesto, arremeter contra nadie. Denota poco estilo, poca clase. Además, no se consigue nada con esa actitud agresiva. Se puede obtener mucho más beneficio para todos colaborando, ayudando.

Usted ha sido el presidente de una organización que persigue construir desde el humor: Payasos sin Fronteras. ¿Por qué ha cesado en su cargo?

Porque Payasos Sin Fronteras es algo muy serio y en estos momentos no dispongo del tiempo necesario que requiere esa responsabilidad.

Me parece maravilloso el gesto de ponerse una nariz postiza en vez de armarse con un fusil.

Cuando un payaso se introduce en un escenario de guerra, el problema adquiere un cariz de absurdo absoluto. Lo podemos enlazar con la risa. Una sonrisa lo desmonta, lo desestabiliza todo. Es capaz de generar incertidumbre.

¿Qué me dice de los libros de estilo de los altos ejecutivos en los que parece subrayada la palabra seriedad?

La seriedad marca distancias, establece fronteras. Las personas que ejercen el poder se refugian en la seriedad. Igual es por que tienen pocas cosas que comunicar. Evidentemente, la sonrisa desbloquea, acerca, comunica, es el camino más corto entre dos personas.

Percibo una defensa apasionada del humor.

Por supuesto. Entre otras cosas, porque el humor es la cualidad humana que nos diferencia del resto de los animales.

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