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ARCO y la deriva de los continentes

Electrocardiograma del arte aragonés en la feria madrileña en estos primeros 30 años.

Lara Almárcegui, que reside en Rotterdam, es la artista aragonesa mejor situada en las listas
ARCO y la deriva de los continentes
HERALDO

En términos geológicos treinta años no son nada, y los continentes siguen en su sitio. Pero en términos artísticos, tres décadas son significativas, y esto no es algo nuevo, derivado del frenesí contemporáneo. Desde el Renacimiento, e incluso antes, el Arte es un sin vivir. Más o menos treinta años son los que median entre ‘La Primavera’ de Botticelli y la Capilla Sixtina. Un salto de otros treinta hacer crecer el cuello de las madonas del Parmigianino. No nos extrañe pues sentir un cierto vértigo al encontrar por tercera vez un cero en el cardinal de ARCO, la Feria de Arte Contemporáneo de Madrid, cuya primera edición se inauguró el 10 de febrero de 1982.

Pero hablar de una feria puede ser mejor excusa para hablar del negocio del Arte que del Arte en sí. La evolución, en este sentido, ha estado ligada a la evolución de la Geopolítica y a la Globalización. Había dicho que los continentes están donde estaban, pero su peso económico no es el que fue. En el mercado del arte, las cosas han cambiado de forma semejante, y tanto Asia como Latinoamérica están creciendo. En estos países se han desarrollado, además, núcleos de producción muy importantes, no sé si a posteriori, a remolque de las infraestructuras, o a priori, demandándolas. Lo más razonable es pensar en una evolución paralela.

ARCO es también un foro de ideas. En los años ochenta, invitaban a Achille Bonito Oliva, para que hablara de la Transvanguardia. El crítico italiano también hizo sus apuestas españolas, optando por quienes se habían sacudido el pelo de la dehesa antifranquista. Recuerdo que eligió a Sicilia, a García Sevilla, Barceló y Broto, y que desestimó a Gordillo. Este año 2011, viene a dar una charla el famoso Han Ulrich Obrist. Pero el interés en ver al supercomisario en carne mortal es hoy menor, pues siempre tenemos Youtube, donde podemos verle y escucharle cuando nos convenga. Esta revolución tecnológica es otro de los cambios que ha vivido el mundo del arte, poniendo en circulación volúmenes de datos inimaginables treinta años atrás.

En este contexto, hay una herramienta curiosa, el Artist Ranking Tool, disponible en www.artfacts.net, y que pone a cada artista en su sitio, ordenándolos. Nos dicen que no manejan precios, sino la atención del sistema arte, cotizando el interés de galeristas, comisarios y museos. Según este índice, el artista vivo número uno es Bruce Nauman. Cosa que muestra un cierto conservadurismo del sistema, pues este norteamericano ya contaba entre los 40 principales de una lista parecida, pero publicada en 1971.

El morbo invita a teclear en Artfacts los nombres de los artistas aragoneses. Si no me equivoco, la primera de la lista es Lara Almarcegui: puesto 1.333 del ranking. Carrera meteórica, pues ha ascendido mil puestos en cinco años, dejando atrás a la mayor parte de sus colegas españoles. Tras ella, y pararé en el sexto nombre, están José Manuel Broto, puesto 3.648, Javier Peñafiel, 7.225, Fernando Sinaga, 7.316, Teo González –pintor afincado en Norteamérica–, puesto 8.511, y Ricardo Calero, con 8.674 nombres por delante.

Todos estos artistas suelen repetirse en los catálogos de ARCO. Algunos de ellos, aparecían ya en las primeras ediciones, por ejemplo Broto, protagonista en el 85 de un «one man show» en Miguel Marcos. O Calero, cuyo estreno en la feria tuvo como compañeros a otros dos escultores aragoneses, Alejandro Molina y Pedro Bericat. Esos años ochenta, la pintura de Paco Simón era una apuesta de la galería Gaspar, de Barcelona, y también lo eran, en diversos stands, Sergio Abraín, Galanda, la Hermandad Pictórica o el fotógrafo Rafael Navarro, que ha repetido en varias ocasiones. No faltaba Antonio Saura, representado en Antonio Machón y en otras galerías. Víctor Mira llegó a ser elegido mejor artista de ARCO año 2003 por la Asociación de Críticos. En los últimos años se ha visto en la feria a bastantes otros creadores aragoneses: Enrique Larroy, Pepe Cerdá, Mario de Ayguavives, Fernando Martín Godoy, José Noguero...

La presencia continuada de artistas aragoneses no tiene su equivalente en las galerías. Aquí debe hablarse de desaparición. En la segunda entrega de ARCO, año 83, se incorporaba ya una galería aragonesa, la de Miguel Marcos, que se mantiene en la feria desde entonces y hasta ahora, siendo toda una referencia, pero como su sede en Zaragoza se cerró hará unos años, cuenta ahora como galería barcelonesa.

El caso es que llegaron a admitirse en su día hasta seis galerías zaragozanas: Miguel Marcos, Spectrum, Antonia Puyó, Zaragoza Gráfica, Fernando Latorre y CAZ. Bien es verdad que los criterios de selección se han hecho más restrictivos, que la crisis aprieta y que el mercado tiene a centralizarse en Madrid, pero este electrocardiograma plano es significativo. Este año, afortunadamente, Antonia Puyó se presenta, renovada, en la feria paralela y emergente Just Madrid. Lleva a la nicaragüense Jessica Lagunas y a los aragoneses Enrique Radigales y David Latorre. Esperemos que funcione la descarga eléctrica.

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