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OBITUARIO

Su multitudinaria boda zaragozana

Más de 300.000 personas se agolparon a las puertas del Pilar el 23 de febrero de 1961 para intentar ver algo de la boda de la década. Se casaban en la basílica zaragozana la popular Carmen Sevilla y Augusto Algueró.

Carmen Sevilla y Augusto Algueró, tras contraer matrimonio.
Su multitudinaria boda zaragozana
LUIS MOMPEL

Lo decía Carmen Sevilla minutos antes de abandonar la capital aragonesa: "Si tuviéramos que volver a casarnos, lo haríamos en Zaragoza". Y es que la ciudad se volcó en el enlace matrimonial de Augusto Algueró y Carmen Sevilla en el Pilar. Bien es cierto que entonces, como es lógico, la estrella de verdad era Carmen Sevilla, no el compositor.

La ceremonia tuvo lugar el 23 de febrero de 1961. Estaba previsto que accedieran a la basílica todos los que quisieran, pero al final hubo que restringir la entrada. Fue una jornada llena de pinceladas aragonesas. La ceremonia, por ejemplo, arrancó a mediodía a los acordes de la marcha de bodas del maestro Azagra, que dirigía el coro; Carmen Sevilla llevaba un traje de Pertegaz; y el menú del banquete, celebrado en el Hostal del Ciervo, tenía trucha del río Ara y cordero de Bujaraloz...

Carmen Sevilla llevaba un vestido de novia de raso, con tres capas de tul, con una diadema de brillantes y zafiros. El enlace fue bendecido por Jesús Álvarez, coadjutor de la catedral de la Seo y director espiritual de la actriz. La plática corrió a cargo de Pascual Galindo, prelado doméstico del Papa y chantre del Cabildo, que dio lectura a un telegrama que envió Juan XXIII para los desposados. La misa de velaciones, celebrada tras la de boda, estuvo oficiada por el canónigo arcipreste del Pilar Agustín Jericó, y se hizo tras conseguir dispensa papal, ya que era Cuaresma.

Tras las ceremonias religiosas, los nuevos esposos pasaron a la capilla de la Virgen, donde rezaron. Los infanticos entonaron la Salve y, a continuación, los fieles cantaron el Himno a la Virgen del Pilar. Y los esposos se dirigieron entonces al altar mayor, para salir posteriormente al exterior. Fuera, el entusiasmo se desbordó, hasta el punto de que los cordones de policías que se habían establecido frente al templo se rompieron en varios puntos.

Los nuevos esposos saludaron a la multitud repetidamente. Más de 30.000 personas se congregaban allí esforzándose por ver y acercarse a la pareja.

A duras penas, el matrimonio llegó al coche y, escoltado por la Policía Armada, se dirigió de nuevo al Gran Hotel, donde se había alojado Carmen Sevilla la noche anterior, y desde ahí marcharon al Hostal del Ciervo, en los Monegros, donde tuvo lugar el banquete.

Las muestras de simpatía de los aragoneses continuaron a lo largo de todo el viaje, por la Puebla, Alfajarín, Nuez de Ebro, Villafranca, Osera... La comida, a la que estaban invitadas más de 300 personas, muchas de ellas del mundo del espectáculo, comenzó pasadas las cuatro y media de la tarde. Antes de entrar al salón, Carmen Sevilla arrojó su ramo de novia, realizado en Zaragoza con flores de azahar y orquídeas, a la multitud que se agolpaba en la puerta. Hubo, como era de esperar, jotas, a cargo de la rondalla de Pina, que dirigía entonces Pilarín García, y en la que cantaban José Beltrán, José Gabasa y Antonio Altabás.

Al término de la boda, Nati Mistral aseguraba: "Soy felicísima por haber asistido a la boda de Carmencita. La verdad es que esperaba algo así, pero no tanto. El pueblo aragonés se entrega o no se entrega, pero cuando lo hace, es que pone en ello el alma. El recibimiento que le han dedicado a Carmencita me ha emocionado. Pocas novias podrán presumir como ella en este aspecto. ¡Está guapísima! Vamos, lo que es".

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