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VIDAS LITERARIAS

La máscara de Patricia Highsmith

Circe publica la biografía de una escritora atormentada, desconfiada y enamoradiza.

Esta biografía de Patricia Highsmith no es para fans. Es sólo para adoradores de la escritora estadounidense, y con una fe indestructible. Para mí, que sólo he sido un lector más o menos atento a su trabajo, ha sido una tarea muy ardua avanzar por sus páginas: me parecía cada vez un personaje más desagradable. Y no encontraba en lo que le aconteció en su vida, que generalmente fue plácida, sin grandes tragedias, motivos para “empatizar” con ella.

Es cierto que su madre, en compañía del que fue su padrastro, la dejó cuando era niña al cuidado de su abuela... pero su abuela se desvivía por su nieta y su madre nunca tuvo la menor intención de abandonarla y regresó a por ella en cuanto logró ahorrar un dinero con su trabajo de dibujante publicitaria en Nueva York.

Pero sobre ese “abandono”, y sobre el hecho consiguiente de no aceptar a su padrastro y de mostrar hacia él, desde los 3 años, una hostilidad brutal, edificó buena parte de su personalidad. De ahí surgieron sus deseos homicidas reprimidos, a los que dio rienda suelta en sus novelas una y otra vez. No asumir que su madre tenía derecho a vivir una vida, hizo que Patricia Highsmith mostrara hacia ella unos recelos permanentes: hasta el punto de que cuando al final de su vida Mary Highsmith tuvo que ingresar en una clínica, Patricia, que ya tenía una buena fortuna, gracias a sus libros y a las adaptaciones cinematográficas, se resistía a contribuir al pago de la estancia y hablaba de ese malestar a quienes la frecuentaban.

Aunque su madre no era su única obsesión. También estaba molesta con los judíos, con la diferencia de que difícilmente podría decir de ellos que la habían “abandonado”: siempre hubo algunos, cerca de ella, dispuestos a ayudarla.

De hecho, su primer empleador fue el editor de una revista judía en la que Patricia Highsmith, después de salir de la universidad y de ser rechazada por las revistas más importantes, trabajó de redactora de pequeñas notas. Patricia Highsmith siempre “olvidó” ese primer empleo, y prefirió escribir que su carrera laboral había comenzado haciendo encuestas publicitarias a las puertas de un centro comercial.

También “olvidó” que durante siete años trabajó como guionista en la esplendorosa industria del cómic estadounidense. Y afortunadamente lo olvidó, porque así he podido disfrutar de las investigaciones de Joan Schenkar sobre el asunto. Investigaciones que, lamentablemente, no son tan interesantes como, quizá, podrán serlo en un futuro. Y no lo son porque Patricia Highsmith, como tantos en la época, firmaba sus colaboraciones con seudónimos... y se han perdido los rigurosos archivos de su editorial, en los que constaban los datos, y ella, que conservaba obsesivamente todo lo suyo, decidió que esos cientos de páginas no merecían conservarse.

Joan Schenkar, después de analizar algunos tebeos en los que se sabe que colaboró, llega a la conclusión de que el mundo superheroico (en la estela del éxito de Superman y sin engancharse a la creación de Spiderman, a la que habría podido asistir de haber congeniado con Stan Lee) influyó muchísimo en la composición de su obra literaria. ¿No son acaso Superman y Spiderman, como su famosísimo Ripley, personajes que esconden su verdadera personalidad tras un disfraz?

El amor de las mujeres

Tras unos años niuyorkinos de gran agitación social, y sexual, Patricia Highsmith sintió una enorme necesidad de marcharse de Estados Unidos. Según Joan Schenkar, tenía deseos de irse con su amante para inmediatamente después sentir deseos de abandonar a su amante. Tras tanteos en México y en Reino Unido, decidió instalarse en la periferia de París, donde redujo bastante su actividad social, concentrándose en la escritura de su obra y en su proyección: nunca descuidó sus asuntos editoriales y puede que durante muchos años de su vida fueran los únicos que realmente le obsesionaran, tras decidir que lo pasaba mejor con las mujeres de las fotografías que con las mujeres de carne y hueso.

Siempre le gustaron las mujeres, y se conocen sus enamoramientos desde el instituto femenino, aunque el contacto sexual no era, según los testimonios de algunas de sus amantes, lo que más le interesaba.

Buena parte de la información que Joan Schenkar maneja en su prolija biografía proceden de los diarios que Patricia Highsmith escribió sin descanso desde adolescente, y que se guardan en el archivo literario suizo. Sin embargo, los utiliza con mucha cautela, porque la autora de “Extraños en un tren” introducía también la ficción cuando escribía de su propia vida: su deseo es que todo encajara en su mundo, un tanto alterado por la desconfianza hacia casi todos los seres humanos.

Patricia Highsmith hizo psicoanálisis y terapia durante un tiempo para tratar de controlar sus desdichas. No lo consiguió. La biografía de Joan Schenkar es muy minuciosa y muy triste porque cuenta casi todas sus desgracias, con documentos.

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