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MÚSICA CLÁSICA

Programas de mano, esos objetos de coleccionista

Los prospectos en papel de los conciertos tienden a desaparecer de las salas. La culpa la tienen los recortes por la crisis y la omnipresencia de internet.

Temporada de Grandes Conciertos del Auditorio se regaló a los abonados un libro que recopilaba los programas.
Programas de mano, esos objetos de coleccionista

Con los recortes en papel, motivados en buena medida por la crisis, y el avance imparable de las redes sociales, los programas de mano de los conciertos de música clásica van camino de convertirse en preciados objetos de coleccionismo. Lo son ya para esos melómanos que los atesoran como testimonio o prueba perdurable de un acto efímero. Un repaso por algunos de los prospectos que han pasado por las manos de los miles de espectadores del Auditorio de Zaragoza durante sus ya dieciséis años de existencia permiten descubrir esos secretos que silencian sus hojas.

¿Desaparecerán estos folletos? "Siempre habrá un soporte en papel, pero cada vez menor. La tendencia es aportar la mayor información posible en internet, que se pueda consultar con antelación y descargar, y limitar el programa de mano a una página", contesta el director de Producción, José María Pons. Que nadie se eche las manos a la cabeza, todavía queda tiempo hasta que llegue.

Para algunos son motivo de añoranza aquellos folletos de mano de hasta 36 páginas, que con el paso del tiempo han ido reduciendo su tamaño hasta las 8 páginas de media actuales, y que en sus comentarios lucían firmas de críticos que casi han llegado a desaparecer por completo.

"De algún sitio hay que ahorrar -alega el propio gerente del Auditorio, Miguel Ángel Tapia-, y nos obsesiona no tirar papel y emplear siempre el justo". No es moco de pavo la cantidad que se imprimen: 2.100 para cada una de las actuaciones de las temporadas de otoño y primavera, 1.500 para los solistas del ciclo 'Pilar Bayona' y 450 para cada función del Grupo Enigma.

Un ahorro del 15%

El ahorro que supone la reducción de pliegos en los prospectos puede justificar para muchos la medida. José María Pons calcula que en los últimos períodos el tijeretazo en el papel ha supuesto una rebaja en la partida de difusión de hasta un 15% y se puede llegar a un 40% de ahorro.

Primero el color, y luego el cuidado y moderno diseño, han sustituido a aquellos antiguos libretos, que, además de abundante texto, sí podían presumir de un papel mate de mayor calidad que el actual de cuché y brillo, más barato a la par que elegante. Otros cambios han sido más ¿sutiles? José María Pons señala como paradigma que hasta hace unos años lo normal era que se respetara limpia la segunda página, ahora tomada por las presentaciones de las actuaciones o las biografías de los protagonistas La excepción son aquellos libretos que salen rentables por la publicidad que llevan, normalmente de las empresas patrocinadoras de las orquestas o intérpretes. A casi nadie le pasó desapercibido el programa de mano de ese virtuoso chino del piano Lang Lang de 27 años, un perfecto ejemplo de marca y márquetin personal.

Juana Bonafé, Antonio Lasierra, Francisco Javier Sayas, Francisco Javier Aguirre, Álvaro Zaldívar, entre otros, son nombres de críticos que seguro sonarán de sobra a los 'frikis' de la música culta. Algunas de sus peculiaridades calaron hondo entre los aficionados y lectores. Como la costumbre de Zaldívar -también colaborador de HERALDO-, de escribir haciendo acrósticos. Así, con las mayúsculas de cada párrafo mandaba mensajes y, principalmente, dedicatorias a amigos, a los que, recuerda el personal del Auditorio zaragozano, solía avisar de antemano. En el programa de la Royal Philarmonic Orchestra del 6 de noviembre de 2003 se podía leer, por ejemplo, "Desde Murcia", su lugar de residencia en aquellos momentos.

Los escritos personales se han sustituido en algunos casos en los últimos tiempos por comentarios cedidos gratuitamente por la 'Guía de la música sinfónica' dirigida por François-René-Tranchefort, considerada una de las mejor documentadas y fiables.

Hubo que falsificar prospectos

Si por algo están obsesionados los tres profesionales del departamento de Producción del Auditorio es por contrastar y corregir la información que se incluye. Por eso, los primeros en darle el visto bueno antes de que se envíe a imprenta son los propios artistas. Pero equivocarse es de humanos. José María Pons recuerda que en aquellos "atropellados" comienzos se les coló la foto de una "sinfónica al uso" en lugar de la joven orquesta en cuestión. Quizás por el tamaño reducido de la misma y su impresión en blanco y negro el cambiazo pasó desapercibido. Las traducciones también pueden jugar alguna mala pasada. En un comentario sobre el director Zubin Metha y las retransmisiones del concierto de Año Nuevo se hablaba de un billón (transcripción literal del inglés), cuando en español se refiere a mil millones. ¿Alguien notó el desacierto en cantidades tan ingentes?

La joya del anecdotario para Pons es aquella vez que se tuvo que falsificar uno. "Cuando en la imprenta se justificó la portada, el nombre del director aparecía más pequeño que el de la orquesta y su gente nos dijo que si lo veía era capaz de negarse a salir al escenario. La solución fue improvisar tres portadas con nuestra impresora, incorporarlas a los folletos y dejarlos en su camerino".

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