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MÚSICA

Zaragoza roza el aprobado en un final de año que arregla el páramo de conciertos

Bilbao o Santiago atesoran más referencias de primera división.El FIZ es el oasis de un panorama que sigue bajo de intensidad.

Enrique Bunbury.
Zaragoza roza el aprobado en un final de año que arregla el páramo de conciertos
HERALDO

Zaragoza afronta su segundo año de carestía en conciertos de relumbrón. Lo hace con cierta gallardía, como un ciclista que ya no puede ganar el Tour, ni siquiera la clásica Flecha-Valona (que no es poco), pero que aún tiene arrestos para esprintar en las metas volantes y escaparse para que las cámaras se queden con la copla del patrocinador que pone al equipo a correr. Para los amantes del pop en español, llega septiembre con Chayanne y Alejandro Sanz, octubre con el panorama pilarista y los artistas que empiezan con la letra B (Bosé, El Barrio, Bisbal, Bebe), el sorpresón de Sabina en Interpeñas, los geniales Calle 13 y la llegada del más popular de los DJ, David Guetta; a su larga trayectoria a los platos suma desde hace tres años colaboraciones con vocalistas estelares, aunque a Zaragoza vendrá solo. Axl y sus Guns'n'Roses en versión 2010 llegan el 22 de octubre y el 3 de diciembre, uno de los nuestros se adueñará del pabellón Príncipe Felipe: Bunbury.

Está el FIZ, claro: un cartel de rechupete para celebrar su décimo cumpleaños con Massive Attack a la cabeza, Tim Robbins en el toque 'arty', Pete Doherty en rigurosa exclusiva, lo más granado del 'indie' nacional... dos días en octubre para soñar con tiempos pasados mucho mejores, o utópica superabundancia futura.

¿Quejarse de vicio?

La respuesta es fácil: no. La palabra clave de la reflexión también llega pronto: Bilbao. Además de tener unos festivales veraniegos alucinantes, de aquí a final de año visitan el Botxo Interpol (rock sedoso y oscuro de factura impecable), Elton John (no hace falta mucha alharaca para describir al hombre del piano), Joe Satriani (uno de los mejores guitarristas del planeta), Shakira (en su año mágico de popularidad), Sting (hay ganas de volver a verle aquí) y Motörhead (este año no hubo festival metalero: no, lo de Ranillas a mediados de julio no puede llamarse tal cosa). De todo y para todos. La pelea no puede ser jamás con Madrid y Barcelona, por mucho que en su día se soñara con tal cosa al calor de la Expo. Zaragoza, por mil y una razones, debería andar a la par con la ciudad del Nervión... pero es que a Santiago van Interpol y Muse: el Año Jacobeo tampoco vale como excusa.

Lo que ocurre es que aquí sigue alto y claro el mensaje de 'no hay parné', seguido de 'recortemos gastos suprimiendo cosas'. No es de esperar que la cosa mejore en 2011, a tenor de lo escuchado últimamente por los mentideros municipales. Aunque Zaragoza Cultural se ha involucrado con la iniciativa privada (ver FIZ, por ejemplo, o el Monsters of Rock junto a Metalway en ejercicios pasados) no hay mucha posibilidad de alegrías promotoras por aquellos pagos.

El dedo en dos llagas

Es necesario poner el dedo en dos llagas al respecto de todas estas consideraciones. La recuperación del Anfiteatro Ranillas este verano fue una buena idea que no ha calado por la pereza de los zaragozanos para ir 'allí lejos'; en la zona no hay alternativas adicionales de ocio en número suficiente, y las frecuencias de los autobuses son de espanto. El caso es que sigue sin haber un lugar ideal para meter a 1.500 o 2.000 personas. El otro asunto es que también faltan apoyos directos para que las nuevas bandas toquen más: no se hace cantera. Y los zaragozanos siguen eligiendo la tapa y el vinico frente al concierto. Quizá la queja no esté justificada. ¿Tenemos lo que nos merecemos?

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