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La catedrática Isabel Falcón dona su amplia colección de libros al Palacio de Larrinaga

La biblioteca medievalista se une mañana a las otras ocho colecciones que alberga el Centro de Documentación Ibercaja.

El Palacio de Larrinaga, lugar donde se encuentra el Centro de Documentación Ibercaja.
La catedrática Isabel Falcón dona su amplia colección de libros al Palacio de Larrinaga
CARLOS MONCíN

Isabel Falcón, profesora de la Universidad de Zaragoza especializada en Historia Medieval, donará mañana su extenso catálogo bibliográfico al Centro de Documentación Ibercaja. El acto protocolario de la entrega de libros tendrá lugar en la sede del centro, en el Palacio de Larrinaga, recinto que alberga un valioso archivo, en el que ya se ha acondicionado un hueco para la amplia colección de la catedrática. Falcón, que comunicó su decisión a la entidad a principios de año, regresará de Italia para el acto protocolario con el que se escenificará la cesión este viernes.

La colección de la docente se une así a las otras ocho que alberga el Palacio de Larrinaga. Todas las bibliotecas han sido propiedad de ilustres personalidades aragonesas como Antonio Ubieto, cuyo grueso de libros trata sobre temas de ámbito medieval de interés excepcional. Algunos de sus volúmenes mencionan pueblos de la Corona de Aragón que no existen en la actualidad y que son imprescindibles para entender algunos documentos históricos.

El Fondo Goyesco de Luis Pérez Serrano es otra de las bibliotecas del centro y reúne rarezas como una edición alemana de 'La Tauromaquia', una publicación con grabados originales del pintor. Las ocho colecciones bibliográficas que conserva el centro de documentación están guardadas en cámaras especiales, que conservan los libros en un ambiente de humedad y temperatura ideal. Sus fondos pueden consultarse en la página web de Ibercaja.

El palacio también acoge en sus instalaciones más de 750.000 documentos digitalizados del Archivo de la Corona de Aragón de Barcelona y del Archivo Histórico Nacional de Madrid. Para su consulta es necesario desplazarse al Palacio de Larrinaga, situado en el número 123 de la calle Miguel Servet. La idea es que ningún investigador o persona interesada en la historia de la Corona de Aragón se vea obligada a desplazarse a la ciudad catalana o a la capital del Estado para consultar los documentos históricos. El archivo ya digitalizado guarda desde registros de cancillerías hasta documentos sobre los tribunales de la inquisición en Canarias. Se guardan incluso escritos del siglo IX, antes de que Aragón fuera un reino, así como pergaminos, bulas pontificias y cartas reales.

Casi 500 personas están registradas para consultar el archivo histórico del Palacio de Larrinaga. Investigadores, becarios de universidad y estudiantes de poligrafía son las personas que más acuden a la mansión, aunque también asisten personas mayores interesadas en la historia local de sus pueblos. La consulta de libros solo puede hacerse en el palacio y no está permitido el préstamo a domicilio. Los trabajadores del centro son los que acuden a buscar los ejemplares solicitados por los visitantes, que se encuentran en los sótanos del palacio, y está terminantemente prohibido sacarlos del centro.

Pausa en la digitalización

La digitalización de los documentos históricos, que llevaba en marcha desde 1996, se frenó hace unos meses por dificultades en su financiación, aunque este no es el único problema. El desfase entre el número de escritos digitalizados y los clasificados es el argumento que José Luis Lasala, jefe de actividades culturales de Ibercaja, expuso para explicar esta detención temporal. "Esta pausa fue comunicada al Gobierno de Aragón, que es quien tutela el proyecto", indicó Lasala, que añadió que no tiene sentido seguir digitalizando archivos sin antes esperar a que el número de escritos clasificados sea mayor. Solo una tercera parte de los más de 750.000 documentos ha sido descrito e indizado.

Para esta labor, una máquina instalada en Madrid y otra en Barcelona hacen una copia de los escritos sin necesidad de flashes ni luces que los deteriore. Una vez en Zaragoza, el Centro de Documentación Ibercaja utiliza un programa de ordenador que limpia las manchas y los desperfectos de los escritos y pergaminos. Se descarta un porcentaje de grises concreto para que solo permanezca lo escrito originalmente, sin borrón alguno. Tres personas, entre ellas dos paliógrafas, llevan a cabo la costosa labor de descifrar los documentos, explicar qué materias tratan y clasificarlos en la base de datos. Muchos textos están escritos en latín y tienen una caligrafía casi imposible.

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