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Ocio y Cultura

BAILARÍN

Rubén Martín: "Sueño con dirigir un ballet aragonés y mostrar todo el talento de esta tierra'

Este zaragozano lleva diez años en el Ballet de San Francisco, los últimos como primera figura, pero este año las lesiones han frenado su temporada.

Rubén Martín en el estudio de María de Ávila, donde ha estado ensayando los últimos días.
Rubén Martín: "Sueño con dirigir un ballet aragonés y mostrar todo el talento de esta tierra'
LAURA URANGA

Aunque vive en San Francisco desde hace diez años, Zaragoza es para Rubén Martín, de 33 años, el descanso del guerrero, el lugar donde uno de los primeros bailarines del Ballet de San Francisco siempre vuelve para recuperar fuerzas y reencontrarse con su familia y amigos. Esta semana ha estado en la ciudad y ha vuelto a subirse a las barras de la escuela de María de Ávila, su maestra y "fuente de inspiración".

Su visita a la escuela es un ritual que repite siempre que viene a la ciudad.

Más que un ritual es un auténtico placer. Siempre que vuelvo a Zaragoza y tengo que seguir poniéndome en forma acudo al estudio porque me siento como en mi casa. Estos días he estado ensayando con los alumnos, mientras preparan el festival que ofrecerán el próximo día 29, en la sala Mozart.

¿Participará en esta cita?

Ahora mismo me estoy debatiendo entre bailar o no, porque estoy saliendo de una lesión muy dura. Pero creo que estoy preparado y que no hay nada mejor que volver a bailar y hacerlo en este escenario, en mi casa, rodeado de mi familia.

Una lesión que le ha impedido debutar con la obra 'La sirenita', de John Neumeier, uno de los coreógrafos más admirados de Europa.

La lesión ha sido muy importante. Los problemas comenzaron en enero y los doctores me diagnosticaron una hernia de disco en la zona lumbar y el sacro. Fue necesario cortar la temporada y enfocar todos los esfuerzos a recuperarme. Pero, afortunadamente, tuve la suerte de trabajar con Neumeier los meses previos al estreno. Me aprendí el papel y me quedé con la miel en los labios, pero habrá otra oportunidades.

Fue un descanso forzado después de un 2009 repleto de actividad.

El año pasado disfruté de una temporada buenísima. Además de bailar con mi compañía en San Francisco, actué como artista invitado en Toronto, bailamos en Alemania y, en verano, hice una serie de galas con Carlos Acosta. Este año probablemente haya pagado las consecuencias de no haber dejado descansar al cuerpo todo lo necesario para no caer en las lesiones.

¿Y su cuerpo dijo basta?

Así es. El desgaste físico en la danza es brutal, sobre todo en la clásica, porque el nivel de esfuerzo es máximo. El repertorio es muy variado y al cuerpo le cuesta adaptarse a los cambios.

¿Está preparado para la nueva temporada?

En julio empiezan los ensayos y una gira por Dinamarca. Confío en estar recuperado al cien por cien. Después, volveré a San Francisco, para ensayar el nuevo repertorio y levantar el telón en diciembre, con el 'Cascanueces'.

Lleva diez años en el Ballet de San Francisco, los últimos como bailarín principal. Pero usted 'empezó de culo'.

(Ríe). Es cierto. Mi hermano Moisés bailaba allí, y yo estaba en Londres. Cuando vinieron a la ciudad solicité una audición para tomar clases y con los nervios y el cansancio, entre salto y salto, me fui al suelo y caí delante del director.

Cuando el cuerpo ya no aguante más, ¿qué le gustaría hacer?

Pienso en el futuro y lo veo encaminado hacia la formación. He trabajado en compañías de Londres y San Francisco y he absorbido toda la información que podido para, en un futuro, poder aplicarla en la docencia. No me veo echando por la borda 14 años de formación y trabajo, sino transmitiendo mis conocimientos a otras generaciones.

¿Se ve como profesor o como director?

Me inclino más por la dirección, porque creo que tengo visión artística y, además, en esa faceta también se enseña. Pero, no descarto otras salidas profesionales.

¿Dirigiendo un ballet aragonés?

Sueño con dirigir un ballet aragonés y mostrar todo el talento de esta tierra. En las escuelas de baile hay mucha calidad y, aunque ahora, por la crisis, no es el momento, seguro que hay luz al final del túnel.

Mientras tanto seguirá bailando.

Si las lesiones me respetan puedo estar en activo hasta los 39 o 40 años. Confío en no perder la ilusión de bailar y las ganas de seguir descubriendo cosas.

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