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Ocio y Cultura

Agua quieta/Lo breve | Cristina Grande

Grande: la vida en pequeño

Cristina Grande recopila sus columnas de 'Heraldo'.

La escritora y columnista Cristina Grande
Grande: la vida en pequeño

PERIODISMOAgua quieta /Lo breve

Cristina Grande. Traspiés (col. Vagamundos), 2010. Ilustraciones de Esperanza Campos. 62 pp. Lo breve. Zaragoza. Tropo. 2010. 99 pp.

Cristina Grande ha reunido en dos nuevos títulos algunos de los artículos que entrega asiduamente a HERALDO desde 2002, textos que fueron incluidos primero en la edición de Huesca y más tarde en la general. Lo cierto es que no son artículos de opinión al uso, sino más bien divagaciones, pequeños ensayos, historias en germen, pinceladas, en definitiva, de su mundo, que enseguida se hace nuestro porque la autora cuenta con una habilidad notable para contagiar estados de ánimo, sugerir emociones o incitar a la reflexión con pocos trazos. Sin duda, la capacidad de síntesis, tan sustancial en el ejercicio periodístico, es uno de los rasgos que mejor definen la prosa de Cristina Grande.

Más inclinada, según ella misma confiesa, a dar cuenta de lo cercano lo cierto es que habita como autora un mundo amplio, donde su familia, su infancia, los amigos conviven en perfecta armonía con los viajes, el cine, la literatura, el apunte por donde asoma el compromiso, el embeleso ante lugares y paisajes próximos o lejanos, la emoción, en definitiva, ante la vida en sus múltiples manifestaciones.

Los dos libros constituyen algo así como un atlas detallado de su geografía afectiva, donde lo cotidiano y lo trascendente van siempre al unísono. La escritora sabe que lo importante de la vida se resuelve cada día, en el rostro familiar de una mujer rubia que va enfrente de nosotros en el autobús y en el que se percibe una extraña solidaridad de fondo, en un paisaje del valle del Jiloca entre Luco y Báguena, “uno de los más hermosos del Planeta Tierra”, según escribe, en el compañero de autobús que duerme de principio a fin como un niño, en las conversaciones familiares, en las expresiones y modos de hacer que han quedado como legado impagable en su casa... Ahí encuentra el material de sus textos.

Y también ahí se adivinan las grandes pasiones del alma humana, los eternos asuntos de la literatura: el amor, el paso del tiempo y la inevitable melancolía que provoca, la emoción ante lo bello, la ternura, los recuerdos, la desazón ante la enfermedad y la muerte de los seres queridos, la inquietud permanente que supone en definitiva vivir… todo, absolutamente todo, está en los escritos de Cristina Grande, pero volcado en la “intrahistoria”, si podemos servirnos del término que acuñó Miguel de Unamuno para expresar precisamente la idea de que la vida humana se decide, se salva y se agota en los pequeños momentos, no en los grandes acontecimientos que recogen los libros de Historia.

Desde sus inicios la literatura de Cristina Grande mira de frente a la vida, sobre todo a la suya, que es la mejor manera de hablar también de la de los demás. Y ese es uno de sus grandes aciertos.

La literatura sirve para explicar la vida, en su fugacidad sobre todo, en esa condición de fluir incesante que reflejan ya los títulos de los libros que comentamos. La autora titula siempre con acierto, sabe acudir a sintagmas llenos de evocación. Su primer libro de relatos se llama ‘La novia parapente’ (2002), el segundo, ‘Dirección noche’ (2006), su primera y celebrada novela, ‘Naturaleza infiel’ (2008). Y ahora, ‘Agua quieta’, y ‘Lo breve’. Los dos últimos enunciados parecen aludir en primera instancia a las características de los textos reunidos, escritos periodísticos que tratan de salvaguardar pequeñas parcelas del aluvión de los días. ‘

Agua quieta’, en particular, evoca en cierto modo lo imposible, parafrasea el “todo fluye” de Heráclito, aquello de que jamás podremos bañarnos dos veces en el mismo río. De cualquier modo en uno y otro libro la autora sabe sugerir más que decir, apuntar más que concluir, ya desde el propio título, así, la palabra resulta inseparable del silencio.

La autora nos traslada una visión en general complaciente del mundo, donde hay melancolía, pero no amargura, donde ser revela la conciencia plena del paso de los días, pero se evita la queja sistemática, donde hay, en definitiva, celebración de lo que sucede. Son obras que refrescan y que se agradecen, como se agradece la inteligencia o el humor. Porque Cristina Grande ha heredado una visión familiar del mundo donde las ganas de vivir rebosan por todos los poros.

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