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Ocio y Cultura

PERSONAJES ILUSTRES

El monumento a Servet en Ginebra

Suizos y aragoneses proyectan dignificar el monolito dedicado al sabio de Villanueva de Sigena.

Un grabado que representa a Servet
El monumento a Servet en Ginebra

Como residente y paseante asiduo por Ginebra, pude ver hace ya tiempo, por primera vez, una lápida o monumento en piedra con inscripciones a dos caras dedicado a Miguel Servet.

Está situado en el mismo lugar donde se colocó la hoguera y fue quemado vivo en 1553, que hoy ha quedado urbanizado en un espacio desnivelado, con césped o más bien hierba y maleza, como podría ser en origen pasto para las cabras. Este emplazamiento es de difícil acceso para apreciar y poder leer con claridad la cara principal, con el nombre de ‘Michel Server’, desde un plano inferior, a unos 15 metros, en la Avenue de la Roseraie. Sin embargo la cara posterior de este monumento en piedra, donde se inscribe un texto expiatorio, se puede leer bien y muy cómodamente por dar o estar situada en una extensión, al efecto, de la acera de una empinada calle, hoy denominada Avenue de Beau-Seijour.

Era la conocida cuesta, como hoy se conserva, de Champel, barrio residencial de nivel social alto en el presente. Se podría decir que el nombre actual de esta calle, Avenida de la Buena Estancia, denotaría un gran sarcasmo, no creo que intencionado, en referencia a la vida del ilustre científico en este cantón ginebrino de experimentación calvinista.

Tanto en la cara principal del monolito, como en la cara posterior hay grabados dos textos. Al leer el primer texto con algunos caracteres de la época -se lee: “El 27 de octubre de 1553, murió en la hoguera, en Champel, Miguel Servet, de Villanueva de Aragón, nacido el 29 de septiembre de 1511”-, me sorprendió la denominación de procedencia, aún conociendo un poco la controversia que ha podido haber sobre la misma y que el propio Servet se hiciese llamar Miguel de Villanueva, entre otros apelativos, en aquel tiempo azaroso e infortunado en que vivió, acosado, perseguido y condenado por la Inquisición Católica de España e igualmente perseguido, detenido, condenado y ejecutado en su “refugio” por la inquisición reformadora de Calvino.

El segundo texto -dice: “Hijos respetuosos y agradecidos de Calvino, nuestro gran reformador, pero condenando un error, propio de su siglo, y firmemente vinculados a la libertad de conciencia conforme a los verdaderos principios de la Reforma y del Evangelio, hemos levantado este monumento expiatorio el 27 de octubre de 1903”-, de este monumento erigido, coincidente con el 350 aniversario de la muerte de Miguel Servet, podría interpretarse, tal vez, como un avance de los tiempos o mentalidades, con una sociedad civil de principio de siglo XX que empuja y cuenta, en está ya República y Cantón de Ginebra, con antecedentes en el reformatorio calvinista, que elabora y proyecta también todo un credo hacia el orden, esfuerzo y triunfo en la vida como señal de salvación; percibía el trabajo como virtud, y no como castigo divino, como era considerado y propagado por la aristocracia secular y eclesiástica de los estados absolutistas de Europa, vinculados al centro papal y en especial la del Imperio Español, erigido primera potencia mundial y centinela de la cristiandad universal.

Sin embargo, en el texto parece apreciarse un gran disimulo, muy genuino, hacia el perdón, por estos descendientes, hijos de Calvino…, de principios del XX, que postulan por la causa inicial, subliman con el error achacándolo a los tiempos y expían o se liberan de la mancha tan pesada en la contemporaneidad, como fue la acción hacia el ilustre polemista religioso, pero médico, inventor y hombre de ciencia, como fue Miguel Servet. Este último aspecto, queda reconocido en la actualidad, siempre de modo disimulado y escueto, si miramos el entorno donde está levantado este sencillo monumento. Está en las confluencias de las calles anteriormente mencionadas, con el gran Hospital Cantonal de Ginebra y enfrente una pequeña calle dedicada, “Rue Michel-Servet (1551-1553, Médecin espagnol)”.

Posteriormente a estas primeras apreciaciones, he visitado varias veces este monumento con aragoneses y españoles. Fue común el sentimiento de abandono en que se encontraba este monumento, entrando en ganas inmediatos, cual vehementes jardineros, de acción de limpieza de todo su entorno.

Recientemente, puesto en contacto con el alcalde de la Ciudad, Monsieur Rémy Pagany, podría afirmar que las perspectivas de mejora son esperanzadoras. Con toda la atención, sencillez y diligencia fui convocadoa una reunión en su despacho en una comisión en la que se implicaron también dos españoles más, Ana Allué, investigadora sobre la emigración española en Ginebra, y Paulino Casanova, técnico del Centro Cultural Saint Gervais de la Ville de Genève.

En el Procés-verbal o Acta levantada al efecto, por su ingeniero civil, Sylvain Haldi, se contempla la limpieza de las inscripciones –ya comenzada-, la adecuación del terreno en una superficie plana y con accesos, ajena a la invasión vegetal, la instalación junto al monolito de una estatua, por hacer, de Servet (réplica de la que existe en la villa francesa colindante de Annemasse o de cualquier molde que pudiera conseguirse de España) y también modificar lo que no se pudiera considerar exacto en la inscripción con los datos de Servet, es decir, el lugar de nacimiento, “Villanueva de Sijena”, aunque para esto haya que cerciorarse con la documentación que puedan aportar, fruto de documentación, las autoridades de esta Villa, con la que desearía, establecer la Ville de Genève un hermanamiento, según palabras del alcalde y texto del Acta levantada.

La comisión esta en activo, la autoridad municipal ginebrina dispuesta; sólo cabe avanzar en la comunicación y entendimiento con las autoridades de Villanueva de Sijena, Huesca y Aragón…. Sería una magnífica contribución, no sólo por hijos de Calvino, sino por ciudadanos y autoridades civiles y progresistas de Aragón y de Ginebra, para la honra y reconocimiento de este personaje, de renombre universal, como es Miguel Servet.

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