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ESCRITOR INCLASIFICABLE

Francisco Ferrer: "Es la noticia más importante de mi vida literaria. No me lo puedo creer"

Ayer ganó el Premio Nacional de la Crítica por su poemario 'Fámulo', un galardón prestigioso aunque sin dotación.

Francisco Ferrer Lerín, en su casa en Jaca.
Francisco Ferrer: "Es la noticia más importante de mi vida literaria. No me lo puedo creer"
RAFAEL GOBANTES

Francisco Ferrer Lerín (Barcelona, 1942; reside en Jaca desde 1968) es un escritor inclasificable: mezcla la lírica y la narrativa con su pasión por la ornitología y el lenguaje, la erudición y los libros raros. Ha aparecido como personaje en libros de Félix de Azún o de Enrique Vila-Matas, y es el autor de una novela de culto: 'Níquel' (Mira editores). Acababa de recibir la llamada de Ángel Basanta, presidente de la Asociación Española de Críticos Literarios, para decirle que su poemario 'Fámulo' (Tusquets, 2009) es el ganador del Premio Nacional de la Crítica en la modalidad de poesía.

¿Cómo ha recibido la noticia?

Jamás me habría podido imaginar que un escritor como yo podría recibir este premio. Soy un escritor secreto, marginal, se habla de mí con una cierta leyenda de jugador de póquer, pero poco más. Esta es la noticia más importante de mi vida literaria. No me lo puedo creer.

¿Por qué se titula su poemario 'Fámulo'?

Porque yo estudié en Barcelona en los Jesuitas, en compañía de fámulos, que eran realmente brillantes en los estudios. Cuando nos íbamos al comedor, ellos se cambiaban y nos servían la comida a los demás. Aquello siempre me impresionaba mucho. He querido rendirles un homenaje. Además, la palabra 'fámulo' es espectacular: me atrae su significante y su significado.

¿Si tuviéramos que definir los temas del libro?

Yo solo había escrito otro libro unitario en mi vida, 'Condiciones humanas'. Mis libros eran más bien un cajón de sastre, como una reunión de textos. Y 'Fámulo' es un libro concebido como un todo. Los poetas somos unos ladrones y unos mentirosos, somos como vampiros. Nos interesa todo lo que está ahí, en el aire, en los libros, y a mí me interesan los textos incluso de autores poco conocidos: no existe ningún escritor que no haya escrito algo, una frase al menos, que no alcance o no roce la excelencia.

Usted casi siempre dialoga en sus libros con otros textos, con otros escritores, con libros. ¿Es eso la intertextualidad?

También se puede llamar plagio. Soy un escritor experimental, que creo personajes, que converso con otros libros, y así sucede en 'Fámulo'; eso sí, todos los libros y los autores aparecen al final del volumen, incluso con su fecha de publicación. Soy un lector compulsivo. Leo siempre, a todas horas, prensa, libros. He hecho cursos de lectura rápida en algún momento de mi vida. A veces voy por la calle o en el coche y lo aprovecho todo: una palabra, los rótulos, todo me sirve.

¿Todo?

Claro. Soy un escritor intuitivo, pero mi poesía tiene un ritmo, una cadencia. Cuando yo era niño percibía un terrible ruido en la cabeza. Poco a poco lo fui llenando de nuevos sonidos. Pasé varias crisis, de identidad, espirituales, puramente físicas. Y siempre tenía ese ruido machacón, que acabó convirtiéndose en una especie de cantinela sacrílega. Todo eso explica mi sentido del ritmo. El lenguaje, para mí, es la vida misma.

Sus libros también tienen un componente de erudición, de citas, de detalles culturalistas. ¿No teme que distancien al lector?

Estoy profundamente arrepentido de ese modo de escribir. En mi próximo poemario, que está muy avanzado, ya rechazo toda esa retórica. En 'Fámulo' hay varios poemas que van en una nueva dirección: la de la máxima claridad.

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