Ocio y Cultura

DIRECTOR DE LA SINFÓNICA ALCALÁ DE HENARES

Vicente Ariño: "Dirigir es una lucha por aunar esfuerzos de músicos muy diferentes"

Nacido en Zaragoza en 1969, compagina el piano con la ópera, espectáculos poéticos y la dirección de la Sinfónica de Alcalá de Henares.

Vicente Ariño: "Dirigir es una lucha por aunar esfuerzos de músicos muy diferentes"
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Aragón cuenta con valiosos pianistas: Pilar Bayona, Eduardo del Pueyo, Luis Galve, entre los clásicos; Rubén Lorenzo, Pedro Carboné, Miguel Baselga, Consuelo Roy, los Moreno Gistaín o Adela Martín, en las nuevas generaciones. Junto a ellos también debería colocarse otra figura que viaja alrededor del mundo como intérprete de piano y como 'batuta' de la Orquesta de Alcalá de Henares y de la Sociedad Lírica Complutense: Vicente Ariño Pellicer (Zaragoza, 1969). "Mi formación musical arranca de mi padre -dice-. Era músico profesional de la banda de la Diputación de Zaragoza, y desde muy pequeño me atrajeron los sonidos de los conciertos que se celebraban en el quiosco del Parque Grande. Él a su vez es hijo de músico, mi abuelo, que ejerció en Valencia a principios del pasado siglo XX".

 

¿Cuál fue su formación?

Me licencié en las especialidades de música de cámara, dirección de orquesta y piano, con Mención de Honor, en los Conservatorios Superior de Madrid y de Valencia. Actualmente soy profesor de música de cámara en el Conservatorio de Alcalá de Henares. El profesor que más hondo me ha calado, y trabajé con él solo un par de años, fue Mario Monreal, era el pianista, de entre los que yo he conocido, que lo tocaba todo. Acaba de fallecer. Me dejó una profunda impronta. Cuando me conoció y supo que mi abuelo procedía de Sagunto, me refirió que tanto su padre como mi abuelo habían sido compañeros, amigos y colegas. Fue muy emocionante.

 

Ahora usted suele tocar las 'Danzas españolas' de Enrique Granados porque un día oyó sus propias grabaciones al piano, ¿no?

Es cierto. Es un proyecto antiguo que data de cuando estudié en Oporto con Elena Moreira de Sá. Ella y su padre se habían codeado con el mismísimo Falla y con Ernesto Halffter. Profesora del Mozarteum, tenía en su casa una colección antiquísima de discos de principios del siglo pasado, y de algunos pude hacer una grabación casera. Uno de esos discos era del propio Enrique Granados tocando su música. Había varias danzas españolas, interpretadas de forma diferente de lo que se escuchan en las grabaciones posteriores.

 

Creo que usted visitó a Luis Galve para una audición?

Fue ella, Elena Moreira, quien me puso tras la pista de Luis Galve, a quien fui a visitar a su casa de la calle San Jorge. Fue una inolvidable tarde de sábado. Galve fue tremendamente amable: me contó muchas anécdotas, y me ofreció opiniones, consejos y palabras de estímulo.

 

¿Cómo fue su evolución?

Lo más impactante fue el Concurso Internacional de Juventudes Musicales en Lisboa, donde obtuve una Mención de Honor. También toqué en Braga para la Fundación Gulbenkian y pronto ofrecería mi primer recital al otro lado del Atlántico, en Santiago de Chile. Hice una gira por el cono sur, donde conocí a muchos aragoneses de la diáspora. Una de las cosas más bonitas de aquel viaje fue que me nombraron socio de honor del Círculo Aragonés de Buenos Aires.

 

Desde entonces no ha parado, ¿no?

Di conciertos en China, Japón, Corea del Sur, Canadá o Estados Unidos; en Los Ángeles, en Filadelfia, y fui uno de los 'españoles del momento' en el otoño de 2000 junto a Ainhoa Arteta y la película 'Solos' de Benito Zambrano.

 

Y de golpe dio el paso a la dirección?

Fue decisivo obtener la beca del Ministerio de Cultura para estudiar un año en Italia con el maestro Gilberto Serembe. Yo había terminado los estudios superiores de Orquesta en Madrid. Italia me proporcionó una bagaje que luego, sobre todo en el terreno de la ópera, me permitió llevar a escena la extraordinaria ópera 'El retablo de Maese Pedro', de Falla, o el 'Orfeo y Eurídice', de Gluck.

 

¿Qué otros momentos especiales ha vivido ya con la Orquesta Sinfónica de Alcalá de Henares?

Hemos participado en los actos conmemorativos del IV centenario de la publicación del 'Quijote' en el Auditorio Nacional y en los del bicentenario del 'Dos de mayo', y hemos realizado giras y actuaciones.

 

¿En qué repertorios se siente más cómodo?

Como pianista me siento muy a gusto con la música española, el impresionismo, y los autores de la primera mitad del siglo XX. Como músico de cámara, me inclino hacia el clasicismo.

 

¿Cómo se definirías como intérprete?

Quiero ser fiel a mí mismo sin alejarme del guión marcado por el compositor. Intento transmitir la emoción de un momento único, la capacidad de aprehender y asimilar algo tan intangible y mágico como es el sonido. No soy nada mitómano, pero si tuviera que elegir, además de Mario Monreal, me quedo con la pureza de Claudio Arrau, con la elegancia de Arthur Rubinstein, con la escuela de Alfred Cortot y con la fuerza expresiva de Emil Gilens.

 

¿Cómo entiende su actividad de director?

Básicamente es educativa y formativa, se aprende mucho del contacto tan directo con los músicos. Se trata de percibir sensibilidades y puntos de vista, y se trata de convencer tratando de no imponer. Dirigir es una constante lucha por aunar esfuerzos y voluntades dispersas de músicos muy diferentes. Creo que es muy importante que un director sea también intérprete de su instrumento y que aquello que solicita de los músicos esté en condiciones de pedírselo a él mismo.

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