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Ocio y Cultura

MAGIA

El truco vuelve a estar entre las cartas y el chiste

David Copperfield utiliza decenas de camiones y cientos de personas para mover el equipo necesario para sus trucos. Ni el artista más famoso requiere tantos técnicos como él en sus presentaciones. A Jesús Paniagua, en cambio, le basta una baraja para hacer magia. La tecnología permite hacer números impresionantes, pero a costa de grandes inversiones que pocos artistas se pueden permitir.

Antes, una linterna mágica era suficiente para sorprender al público. Ahora, hay tantos avances que todo parece ser posible. “Para la mayoría no es rentable, ni pueden recaudar el dinero que cuesta el equipo”, dice Francisco Duaso Val, que durante doce años presidió la Asociación Mágica Aragonesa (AMA).

Aragón tiene una larga historia en este arte._Aquí nacieron personalidades como Javier Antón, que en los ochenta ganó el campeonato mundial de magia. AMA, además, es la asociación más antigua de las de su tipo en España. Su presidente actual es, precisamente, Jesús Paniagua.

Como Duaso, Paniagua también piensa que los grandes espectáculos de magia son escasos. En su opinión, para la mayoría de magos (de Aragón y del mundo) el arte se ha mudado a escenarios más informales, algo que ha acarreado un cambio importante en el sector.

“Lo que se busca hoy es crear un buen envoltorio. Personas que no solo hagan los trucos, sino que _sean divertidos, con chispa y que interactúen con el público”, afirma. De hecho, su truco favorito tiene mucho que ver con eso: “Le paso una baraja a la gente que está a mi alrededor, cada uno la mezcla, y cuando llega a mí, está en perfecto orden”.

Francisco Duaso Val también cree que los simples ‘juegos’ han dejado de ser lo más importante. “En Internet cualquiera puede averiguar cómo se hacen”, dice. Por eso, también piensa que los buenos magos deben crear una “historia” y cuidar sus gestos y movimientos para no ser “pillados”. Él, por ejemplo, puede hacer que una carta aparezca dentro del cigarrillo de cualquier espectador.

Los grandes no vienen

“Los magos más famosos utilizan luces, sonidos, pantallas... como en el resto de profesiones, aquí también se trata de aprovechar todos los avances posibles”, cuenta Paniagua. En Aragón, sin embargo, los espectáculos de este tipo prácticamente no existen.

“Uno de los más famosos en España es Pedro III, que aunque no es aragonés es uno de nuestros miembros. Sin embargo, la mayoría de los magos aragoneses se dedican a trabajar en bodas, fiestas de los pueblos y bares. En la asociación somos unos cuarenta, pero solo tres viven de esto”, asegura Paniagua. Él, por ejemplo, es ingeniero en telecomunicaciones. Francisco Duaso es comerciante.

Sin embargo, en Zaragoza existen un par de tiendas especializadas en magia y una de ellas, ‘La llave mágica’, distribuye equipo para efectos de magia electrónicos, aunque no tienen un local fijo. La mayoría de sus clientes es gente que les conoce del sector, muchos de fuera de Aragón. Y entre magos deben saber cómo contactar con los administradores de este negocio. En la web apenas se consigue un número de móvil, casi siempre atendido por un contestador.

Duaso admite que ellos no utilizan esos instrumentos, pero no por eso dejan de ser magos. “En mi tiempo tuve un carné que me avalaba.

 

Somos profesionales, pero la magia no es nuestra profesión”, afirma el ex presidente de la asociación. Hace 45 años, cuando él comenzaba en ese mundillo, “sí venían los mejores artistas a la comunidad:_no traían tanto equipo y el precio no era tan elevado. Ahora los trucos más impresionantes los tenemos que ver en la tele, aunque casi siempre sabemos cómo los hacen”.


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