Ocio y Cultura

FESTIVAL DE CINE DE SAN SEBASTIÁN

Películas que no despegan

Si algo tienen en común los dos filmes presentados hoy a concurso, el estadounidense 'Get Low' y el francés 'Hadewijch', es que ninguno de los dos consigue despegar. O sea, que no ofrecen lo que te están prometiendo. Desde San Sebastián, Carmen Puyó

Robert Duvall, en San Sebastián
Películas que no despegan
RAFA RIVAS/AFP

De las quince películas que este año concursan en San Sebastián, ya hemos visto nueve. Quedan seis y, a la espera de lo que las próximas puedan depararnos, de momento lo que está claro es que la lista de las favoritas, y con diferencia, la encabeza la espléndida 'El secreto de sus ojos', del argentino Juan José Campanella, seguida a distancia por la china 'City of Life and Death'. Las dos que se exhibieron en la jornada de hoy prometían bastante, incluso en el caso de 'Get Low' había una cierta expectación, pero no hubo manera de que saliéramos satisfechos del cine ni con la una ni con la otra.

'Get Low' es la única producción de Estados Unidos que compite en esta edición del certamen en la sección oficial. Película independiente que ha dirigido Aaron Schneider, está basada en una historia más o menos real, la de un tipo que en los años 30, en Tennessee, organizó su propio funeral en vida. Siguiendo la trayectoria de este personaje, 'Get Low' cuenta las peripecias de una especie de ermitaño al que todos lo que le han conocido temen. Se cuentan de él numerosas hazañas, se habla de su carácter violento, pero en realidad nadie sabe quién es. Hasta que acude con un fajo de billetes a una funeraria para que le organicen una gran fiesta.

 

El interés que había por ver este filme estaba justificado por su reparto, encabezado por Robert Duvall y, también, con Bill Murray y Sissy Spacek, y porque se da la circunstancia, además, de que ha sido dirigido por un joven realizador, Aaron Schneider, que cuenta con un Óscar al mejor cortometraje por 'Two soldiers'. Pero no han sido garantía suficiente. 'Get Low' es de esas historias que te mantienen permanentemente con la miel en los labios, esperando que algo realmente sorprendente suceda. Pero nada de eso pasa. Cuando todo termina, lo que queda es un cierto vacío, un aquí no ha pasado nada.

En el caso de la francesa 'Hadewijch', lo que queda no es vacío sino un montón de interrogantes, de incógnitas sin despejar. Tercera película gala que compite este año en la sección oficial –los franceses se están poniendo aquí las botas, aunque no sea su mejor cine el que nos está llegando-, 'Hadewijch' es una obra sobre el fanatismo religioso, sobre gente que busca lo absoluto y no lo encuentra. En realidad, sobre gente que anda perdida y puede acabar siendo víctima de tipos más desquiciados aún.

 

Dirigida por Bruno Dumont, ganador en dos ocasiones del Gran Premio del Jurado del Festival de Cannes por sus obras 'L’humanité' y 'Flandes', se cuenta en 'Hadewijch' la historia de una joven, hija de un ministro francés, que se recluye en un convento para encontrarse allí con Cristo. Fanática extrema, enfermiza, debido a su comportamiento extremo, la superiora le recomienda que abandone su reclusión y vuelva al mundo. Su búsqueda desesperada de Dios, o eso es lo que ella piensa, la llevará a encontrarse con dos jóvenes de origen musulmán.

 

Dumont construye una historia que tampoco despega. Demasiados personajes sobre los que nada sabemos, idas y venidas de la protagonista que parecen forzadas, minutos musicales –el filme incluye la actuación de dos grupos no sabemos a cuento de qué- y preguntas que quedan sin respuesta. Vamos, que se queda a medias.

Haneke y 'La cinta blanca'

Todo lo dicho nada tiene que ver con la grandeza de 'La cinta blanca' y la maestría del cineasta austríaco Michael Haneke. Ganadora este año de la Palma de Oro del Festival de Cannes, 'La cinta blanca' se ha proyectado en San Sebastián con motivo de recibir el gran premio de la Fipresci como mejor película del año, y su visión nos ha proporcionado otra muestra de gran cine, del verdaderamente bueno. El autor de 'La pianista' indaga ahora sobre la maldad y sobre cómo un niño interioriza los valores que se le inculcan. Filmando siempre en blanco y negro, y situando la historia en los momentos previos al comienzo de la primera guerra mundial, Haneke narra los extraños y violentos sucesos que se producen en un pequeño pueblo alemán. Una película perturbadora, grande, impresionante.


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