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Ocio y Cultura

TEATRO

Una jirafa entre bambalinas

Nada hace presagiar lo que está sucediendo dentro de una pequeña nave situada en la carretera de Madrid, entre un almacén de leche Pascual y una vieja fábrica de prendas de vestir. "Dentro de unos instantes vendrán por la calle / dos salivas de la mano / conduciendo un colegio de niños sordomudos. / ¿Sería descortés si yo les vomitara un piano / desde mi balcón?", recita un aspirante a discípulo de Buñuel.

Por fuera, el edificio solo se diferencia del resto de fábricas que lo rodean en la etiqueta del buzón: "Producciones Che y Moche". En el interior, en vez de máquinas y operarios, hay un gran escenario y 12 artistas que aspiran a hacerse un hueco en 'Una jirafa'. Esta producción, basada en la desconocida obra literaria de Luis Buñuel, gira en torno a un poema central, titulado igual que la obra, en el que el cineasta aragonés describe a este animal. De cada una de las 20 manchas de la jirafa surgen nuevas historias. "Nos apetecía dar a conocer la parte poética y surrealista de Buñuel", comenta Miguel Ángel Ortiz Albero, el encargado de transformar estos poemas en una obra de teatro, junto a la directora Marian Pueo.

Aunque Marian y Miguel Ángel comenzaron a preparar la obra hace nueve meses, el proyecto surgió en el ámbito universitario hace ya una década. "Teníamos mucho trabajo hecho de aquella época, pero había que contar con que esta vez se trataba de un proyecto profesional y que nosotros también habíamos cambiado".

Y para un proyecto profesional, actores profesionales. Más de 60 personas enviaron su currículum a la compañía, de los cuales 35 pasaron a la prueba individual. Fragmentos de sus actuaciones anteriores, poemas de Buñuel, más poemas de Buñuel... y cada vez menos elegidos. Al final, 12. Una docena de artistas para solo dos puestos.

"Quiero intentéis pasarlo bien, que no os toméis esto como una tortura". Algunas risas nerviosas siguen a las palabras de Marian, que presenta a los cuatro artistas que ya habían sido seleccionados de antemano, y con los que los aspirantes van a tener que trabajar durante toda la prueba. Primero, un ejercicio de improvisación. Empieza Ingrid, una de los cuatro que ya forman parte del espectáculo, y dibuja su nombre con el cuerpo. Después de ella, los demás. Unos intentan acortar el sufrimiento amputándolo, como Mari, y otros se recrean convirtiendo las 'oes' en volteretas.

Tras esta particular presentación, comienza el trabajo en grupo. "El objetivo es encontrar dos personas que congenien con las cuatro que tenemos", dice Marian tras mandarles que integren un poema de Buñuel con una escenografía. Después de tres horas de castin la nave se ha convertido en un invernadero y los artistas ya se han transformado en insectos, muelles, cirios y pergaminos. Marian empieza a tenerlo claro, pero todavía duda entre 4 ó 5. Interroga a Miguel Ángel con la mirada, pero él también mueve la cabeza, dubitativo. "Hay muy buen nivel y han venido todos con una actitud excepcional", se justifica el autor de la dramaturgia.

Para distraerse, divaga sobre el 'Hamlet' de Buñuel, que, según cuenta, en nada se parece al original. "Es su única obra de teatro, y la escribió como un juego para los amigotes", afirma. Mientras, los actores siguen a lo suyo: "¿Me esperabas? / Naturalmente... / Apuesto a que te llamas Perpetua. / Pierdes. Solo me llamo Cadena".

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