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SAN VALERO

Unas reliquias repartidas entre Roda y Zaragoza

Hoy los zaragozanos podrán besar un hueso de San Valero que, con el cráneo, fue traído por Alfonso II en el siglo XII desde Roda de Isábena, a cambio de unas tierras en Berbegal. En la catedral ribagorzana se conserva el resto

Al contrario que su compañero de andanzas, San Vicente, que tuvo peor suerte y acabó en el martirio, San Valero tiene una advocación, la de los tartamudos, pues este santo, cuyos restos se reparten entre Roda de Isábena y Zaragoza, no era precisamente un dechado de erudición. Por eso, colectivos con dificultades para expresarse y logopedas han pedido a la Iglesia que sea su patrón.

Sin embargo, no se conocen representaciones iconográficas que relacionen esta deficiencia en las obras de arte que se reparten por Aragón. De nuevo, La Seo es objeto de nuestra curiosidad. Confiemos que hoy esté abierta todo el día y no padezcamos las habituales restricciones horarias. De paso, que la catedral de San Salvador sea pronto un espacio más abierto, con una gestión compartida y con un plan cultural y de divulgación, y un centro de interpretación desde donde se programen visitas guiadas. En este lugar, repleto de leyendas, religión, historia, arte y misterio, es obligado acercarse, otra vez, a la pedrela del retablo mayor de alabastro policromado. El cráneo de San Valero aparece esculpido en la representación relativa a la traída de su calavera a Zaragoza desde Roda de Isábena, en el año 1170. Resulta estremecedor cómo de una mujer sale un energúmeno, gracias al poder de exorcizar del santo. El espanto de los presentes al observar cómo la endemoniada vomita al terrible Lucifer alado es más que evidente en los rostros cincelados por Pere Joan (s. XV). El cabildo guarda celosamente dos reliquias del santo: el cráneo situado en la capilla barroca y un hueso del brazo, que los feligreses podrán besar hoy.

Resulta curioso el trajín de los huesos de este hombre, que según la leyenda fue enterrado en Estada, después de que en vida fuera desterrado de Valencia. Una vez hallados los restos -o los que tomaron como tales-, tras la invasión musulmana, las reliquias fueron trasladadas a Roda de Isábena en el siglo XI, donde se guardan junto a San Ramón. Pero, la Seo necesitaba de un icono en el lugar que hasta la reconquista fue una extraordinaria mezquita. Y que mejor que un obispo y santo. Así que, según cuenta Manuel Benito, a cambio de unas tierras de Mondarruego, cerca de Berbegal, la cabeza se llevó a Zaragoza. En la capital aragonesa hay otras representaciones. La más reciente, la de un Valero ventoso, obra de Pablo Serrano, que se muestra altivo junto al Ángel custodio protegiendo al puerta principal del Ayuntamiento. Y hay mas rastros, como la escultura en el sepulcro del Abad Lope Marco, en Veruela.

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