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CULTURA

Las salas de conciertos de Aragón unen fuerzas para defender la música en vivo

Los últimos cierres y multas a diversos establecimientos, que no vienen motivados por ruido, han acelerado la acción conjunta. Se pide una normativa única y consensuada entre el Gobierno y los ayuntamientos

"En Huesca tienen el Jai Alai. Habrá que irse allí. En Zaragoza nos estamos quedando sin salas de buen tamaño". Chema Fernández, responsable de programación de La Casa del Loco en Zaragoza y el -por el momento- cerrado Oasis, lanzaba ayer esta reflexión en la reunión constitutiva de la asociación cultural Aragón en Vivo, que reúne ahora a 20 salas de Zaragoza y Huesca. La comisión previa, convocada a finales del pasado mes de noviembre, marcó los estatutos y sondeó a los posibles miembros. Ahora, la motivación principal que esgrime esta asamblea de nuevo cuño es solicitar a la Consejería de Urbanismo del Ayuntamiento de Zaragoza, y a su titular, Carlos Pérez Anadón, que aclare la situación legal de las salas en el aspecto puramente operativo. Al Gobierno de Aragón se le pide que haga valer la legislación vigente, para que no choque con las ordenanzas municipales al respecto.

Ese espíritu reunió ayer en La Campana de los Perdidos de la calle Prudencio a José Ángel Rodicio, dueño de este local; Chema Fernández; Joaquín Domínguez, de ZZ Producciones; Juan Luis Trasobares, de la sala Morrissey, y Carlos García, de la sala Edén de Huesca. Los representantes de la asociación aludían a la ley autonómica 11/2005, que regula los espectáculos públicos, actividades recreativas y establecimientos públicos de la Comunidad Autónoma de Aragón. La ley establece criterios amplios para la celebración de conciertos en locales que dispongan del equipo y espacio adecuado, siempre y cuando no incumplan las cifras máximas de decibelios que marca la ordenanza municipal contra ruido y vibraciones de 2001: 27 decibelios en la vivienda más cercana a la sala. También rige la ordenanza municipal de 2006, relativa a las distancias mínimas entre locales.

Los 450 espectadores que caben en La Casa del Loco, que programa Fernández a través de Antípodas Producciones, son, ahora mismo, el tope en la Comunidad en lo que se refiere a aforo en salas privadas con programación regular de música en directo. La Bass Space cerró en verano por el ahogo de las multas, la Oasis está sellada por defectos de estructura y la Devizio ha anunciado que no programará conciertos, ante el rosario de multas sufrido.

Domínguez apunta un ejemplo. "Ojos de Brujo venía el 27 de marzo a presentar su nuevo disco en la Oasis. Eso, de momento, no va a ocurrir. Es un ejemplo más". Fernández apunta otros. "Llevar a Calexico a la Multiusos fue una medida de urgencia, una producción mucho más costosa de lo que hubiera sido en la Oasis. Wilco, que vino el año pasado, ha subido caché, y en las actuales circunstancias, sería un suicidio traerlos".

Carlos García, por su parte, reflexionaba sobre las distintas premisas que marcan la explotación de una sala en Huesca. "Nosotros empezamos más tarde los conciertos, después de la medianoche, y tenemos buena respuesta. Sin embargo, allí no se cobra entrada". Trasobares, que mantiene una buena frecuencia de actividad en la Morrissey, matizaba, sin embargo, que "yo me voy más por el teatro, los monólogos de comedia y el jazz. Menos gente, menos problemas... y, personalmente, me gusta más".

La crisis de las salas, por otra parte, no es exclusiva de Zaragoza. En Madrid, el ayuntamiento cerró Moma, La Riviera, Macumba y But, y el Café Antzokia, la sala privada más importante de Bilbao, también está temporalmente fuera de servicio... aunque parece que reabrirá en abril.

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