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ANIVERSARIO

Galileo y Darwin, dos genios unidos por el año 2009

En 2009 se cumplen 200 años del nacimiento de Darwin y es el Año de la Astronomía en homenaje a Galileo. El académico Boya repasa sus coincidencias

Darwin (izda.) y Galileo
Galileo y Darwin, dos genios unidos por el año 2009
HERALDO

Se ha designado 2009 como Año de la Astronomía, en honor de Galileo, pero el año también coincide con el bicentenario del nacimiento de Charles Darwin y el sesquicentenario de su gran obra 'El Origen de las Especies' (1859). Hay suficientes coincidencias entre los dos para llevar a cabo una presentación conjunta.

Galileo Galilei vivió en la Italia post-renacentista (Pisa, 1564; Florencia, 1642); se encaminó pronto hacia las matemáticas, pero al descubrir, aún estudiante, la isocronía del péndulo (es decir, que la frecuencia no depende de la amplitud) orientó su actividad hacia la Mecánica, ciencia que prácticamente inició. Siguió a Arquímedes, rechazando enseguida a Aristóteles; descubrió la cicloide (curva descrita por un punto en el borde de una rueda que avanza), el movimiento parabólico de los proyectiles, y trabajó en diversas cuestiones de hidráulica. En 1609 supo de un comerciante de lentes holandés que había construido un telescopio, él mismo reprodujo el invento y lo mejoró mucho. Tras diversos intentos (construyó más de 600 aparatos, logrando varias decenas de aumentos) se puso a observar. Los resultados fueron asombrosos: descubrió las montañas de la Luna, las fases de Venus (lo que refuerza el heliocentrismo), los satélites de Júpiter, los anillos de Saturno (no bien identificados; en 1660 Huygens los explicará), las manchas solares, etc. Descubrió algo crucial: el "cielo" no era la perfección que se presumía, y constaba de objetos mudables e irregulares, como la misma Tierra, que formaba el "mundo sublunar", imperfecto; y eso en contra del pensamiento tradicional desde Aristóteles, bendecido por la Iglesia, de la perfección e inmutabilidad del "firmamento". Confirmó la idea de Copérnico de ser el Sol y no la Tierra el centro del sistema, lo que se convirtió en la afirmación central de la nueva astronomía.

Galileo es una figura crucial y bien puede considerarse el padre de la ciencia moderna (Einstein), por dos logros fundamentales: puso en marcha el método científico basado en la observación, la experimentación y el enunciado de leyes empíricas, y determinó que las leyes de la naturaleza debían ser descritas por las Matemáticas. Desde Aristóteles se pensaba, por ejemplo, que la fuerza producía la velocidad, pero en los experimentos con el plano inclinado Galileo determinó que era la aceleración, no la velocidad, el efecto de la fuerza (de la gravedad): el principio de inercia se debe también a Galileo. El cambio de punto de vista es esencial: la autoridad (la Biblia; Aristóteles, coronado por los escolásticos, Santo Tomás sobre todo) se sustituye por la observación, la experimentación y el análisis matemático. El nuevo paradigma se aprecia en la siguiente broma: "La Biblia dice que hay solo cinco planetas en el cielo. Pero eso es contrario a los hechos. Pues tanto peor para los hechos". Las leyes de la Mecánica de Galileo y Newton persisten como la verdad revelada en la Física hasta la teoría de la relatividad (Einstein, 1905).

Charles Darwin vivió en la preponderante Inglaterra del siglo XIX: de 1809 (Shrewsbury) a 1882 (Kent); "descubrió" la Teoría de la Evolución en el viaje en el Beagle alrededor del mundo (1831-1836); en las islas Galápagos (oeste del Ecuador) se dio cuenta de que cada isla tenía unas especies de pinzones característicos, y lo atribuyó naturalmente al aislamiento geográfico. Notó que había una selección natural, que produciría, a largo plazo, modificación en las especies por la presión de la limitación de alimentos (Malthus), dependiente también de la distribución geográfica; inventó el término "supervivencia del más adaptado", que sigue siendo, estimamos, el principal motor de la evolución. El Origen de las Especies, publicado en 1859 (24 de Noviembre) se agotó el mismo día en que se puso a la venta. Darwin tuvo relación con geólogos de su tiempo (Charles Lyell) y así comenzaron a estudiarse las primeras pruebas paleontológicas de la evolución.

Darwin es inmortal por haber abordado los tres problemas cardinales de la biología: el origen de la vida, el origen (y evolución) de las especies, y el origen del hombre. Habló, por ejemplo (en una carta a un amigo) de una "charca" primitiva, que con adecuados nutrientes hubiese servido para alumbrar las primeras formas de vida. Su obra principal describe la evolución de las especies por selección natural. Y escribió otro libro sobre el origen del hombre, (The Descent of Man) que desató una gran polémica religiosa.

La importancia de la evolución la resume esta frase de T. Dobzhansky (1973): "Nada tiene sentido en Biología si no se estudia bajo la perspectiva de la evolución".

Es característico de la transición de una sociedad teocrática, dominada por la religión, a otra democrática el que haya colisiones entre el saber tradicional y el nuevo, y desde luego nuestros dos grandes pioneros chocaran con la Iglesia; el caso de Galileo es bien flagrante y conocido. Es curioso que los primeros enemigos de Darwin fueron sus colegas geólogos, aunque hay un episodio muy aireado entre J. Huxley, el bulldog de Darwin, y el obispo Samuel Wilberfoe en 1861 ("¿descendéis del mono por parte paterna o materna?"); y las colisiones entre evolucionistas e integristas son sobradamente conocidas.

La Iglesia romana (y también la anglicana) han dado últimamente síntomas de sensatez; ya desde Pío XII flotaba la cuestión de Galileo, y finalmente Juan Pablo II presentó oficialmente disculpas. Hoy día la Iglesia católica ha descafeinado el Infierno, ha mandado el Limbo al ídem, ha pedido perdón por el asunto Galileo, y ha aceptado, en términos generales, la evolución; de hecho, la principal oposición "ideológica" a la evolución no viene ya del catolicismo, sino de ciertos fundamentalistas protestantes americanos.

En todo caso queda aún un largo camino por recorrer. No estamos en el final de la ciencia, como algún ingenuo (J. Horgan) proclama, mucho menos en Astronomía, que se ha enriquecido últimamente de modo notable, ni en Biología, donde aún no entendemos, por ejemplo, la relación entre la secuencia de bases de un genoma con su expresión en un determinado ambiente.

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