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EXPOSICIONES

"Venecia nos exige seguir trabajando"

La zaragozana María Langarita y el madrileño Víctor Navarro participan desde hoy en el Pabellón de España de la Bienal de Arquitectura de la ciudad italiana. Tres de los proyectos de su estudio se cimentan en Aragón y el cuarto, en la milla de oro del arte de Madrid.

A la sombra de Pabellón de Aragón en la Expo, la primera pregunta en una entrevista a dos jóvenes arquitectos parece obligada. ¿Qué opinan de la arquitectura de Ranillas? María Langarita (Zaragoza, 1979) y Víctor Navarro (Madrid, 1979) se miran. Ella se muerde el labio, él levanta las cejas. Responden con cautela. "La arquitectura no la hacen solo los arquitectos, sino toda la sociedad. También forman parte de la Expo todas las implicaciones que la han hecho viable. Su legado se podrá evaluar dentro de unos años, aunque tiene algo de oportunidad perdida, por las prisas. Además del poder de convocatoria que tiene -miran a los turistas que abarrotan las mesas a su alrededor- su impacto se podrá valorar en la medida en que sea capaz de adaptarse y situar a la ciudad en el mundo".

La prudente respuesta deja traslucir las intenciones de esta pareja de creadores que, desde hoy, presentan sus proyectos en el Pabellón de España de la Bienal de Arquitectura de Venecia, junto a los trabajos de otros 50 arquitectos . La conexión de Langarita, natural de Calatorao, con Aragón, es la responsable de que tres de los cuatro proyectos que presentarán en Venecia tengan sus cimientos en la comunidad autónoma.

Llevan en activo como estudio desde 2006. "Antes trabajábamos en otros estudios y, por las noches, elaborábamos nuestros propios proyectos. Pero vimos que no era posible". Ganar el segundo premio en el concurso para rehabilitar una de las naves del Matadero de Madrid les dio alas para establecese por su cuenta. Que su primer proyecto se ubique en la provincia de Zaragoza fue una casualidad. "Estaba en una cafetería y escuché una conversación. Una pareja quería construir una casa en un pueblo y no daba con el arquitecto adecuado. Me presenté y finalmente les gustó nuestra propuesta". Así, en las afueras de Salinas de Aragón, un municipio de unos 350 habitantes, Langarita y Navarro han plantado su Casa FX, una "casa que se dobla y tiene gafas". "Está cubierta por un material negro de fibra con celulosa y sus espacios se articulan en torno a un patio. La casa se pliega sobre sí misma para protegerlo del viento. Aparece cubierta por una pérgola que sirve de transición hacia el exterior y que da a los habitantes una sensación de intimidad", describen. El proyectó llamó mucho la atención de los habitantes de Salillas, que nunca habían visto materiales tan modernos o cubiertas vegetales como la que corona esta casa. Tanto, que "algunos vecinos colocaron unos bancos delante del solar durante toda la fase de ejecución", explica divertida Langarita.

Edificios para vivir

Los contactos y el boca a boca les llevaron a su siguiente proyecto, la Casa entre olivos de Almonacid de la Sierra, en construcción. Aquí se plantearon trabajar con un espacio intermedio entre el interior y el exterior de la vivienda que fuera también un espacio habitable. Tiene una terraza que es como una "bolsa plegada de madera", explica gesticulando Navarro, y "que funciona como una casa de verano". Todas las habitaciones importantes de la casa, como la cocina o el baño, dan hacia esta terraza. En invierno, la vida se vuelve hacia el interior de la misma. "Queremos que la gente viva nuestras construcciones y las transforme con su vivir allí", dice Navarro. Por eso, en su proyecto para Venecia no van a presentar fotos estáticas, sino vídeos de las construcciones. "Nuestros edificios no se entienden hasta que están acabados, en acción. Nos gusta ver lo inesperado, lo que no hemos podido proyectar sobre el plano".

Su proyecto aragonés más ambicioso es el complejo Almunia Park, proyectado para la entrada de la A-2 en la Almunia de Doña Godina. Es un reto porque reúne en un mismo espacio muchos elementos: un restaurante de carretera, un parquin vigilado de camiones, un recinto para celebraciones y congresos y un hotel. Todos estos elementos están unidos por zonas verdes, y el primer paso que han dado los arquitectos es hacer las trazas para que el parque vaya cogiendo forma. "Nos pareció un programa bonito e interesante, porque une situaciones que normalmente no coinciden en el espacio. El reto era crear continuidad a través de la topografía y la vegetación. Está en una antigua chopera, así que hemos respetado algunos árboles y vaciado los huecos en los que irán los edificios. Se va a construir por partes, concebidas como entes autónomos que irán financiando las demás partes del proyecto", detallan.

Además, el complejo refleja una de las claves de la filosofía del estudio Navarro-Langarita. La imaginación y el humor al poder. "Para crear la gasolinera, pensamos qué le ocurriría a una lámina de hormigón calentada bajo los 40 grados del verano aragonés. La imaginamos burbujeando, levantándose. Así nació la forma de esta estación de servicio". Además, los arquitectos querían que "el descanso en ese lugar que es solo de paso aporte algo al viajero. Para cada situación, tratamos de revelar algunos fenómenos". Para ello, se nutren de otras disciplinas -por ejemplo, trabajan con un biólogo- que les ayuden a ver bajo otros puntos de vista cómo está organizado el mundo.

Se consideran afortunados por poder combinar dos facetas: la de los proyectos concretos, en los que hay que pensar hasta el último detalle, y la de los concursos, donde se pueden dar más a la investigación. "Nos gusta tener los pies en dos terrenos, ya que es un trasvase continuo de información". La participación en estos concursos les ha llevado a la que es, hasta la fecha, su proyecto más grande: El Intermediae Prado, un centro de arte contemporáneo municipal en Madrid, situado entre el Caixa Forum y el Museo Reina Sofía. Se trata de la rehabilitación de una antigua serrería de principios de siglo XX. Este edificio industrial se ha quedado "encerrado" en el trazado urbano de las calles anexas al paseo del Prado. "Hemos concebido Intermediae como un elemento vivo -lo llaman, cariñosamente, "La Cosa"-. Era un edificio sin vida, y queríamos trasplantarle un corazón. La serrería conservaba íntegros sus espacios, pero le faltaban elementos como accesibilidad, servicios, climatización. Necesitaba una pieza de diálogo entre lo antiguo y lo nuevo".

Una generación "bisagra"

Langarita y Navarro se presentan en la bienal con la exposición "Arquitectura sin papel", un nombre que intenta transmitir la idea de que los arquitectos actuales tienen la posibilidad y la necesidad de utilizar otras herramientas y de encuadrarse dentro de una cultura en red. "Somos como una bisagra entre las antiguas generaciones y las nuevas. Nosotros empezamos la carrera con el papel, y la hemos acabado con la madurez de Internet", opinan. El título se refiere también a que la mayoría de sus proyectos aún no se han materializado. Pero estos dos factores, que comparten con muchos jóvenes arquitectos españoles, no les hacen pertenecer a una generación. "Los canales de difusión se han abierto mucho. Podemos ver todo el mundo, y verlo muy rápido. En otros momentos de la historia se podría hablar de generaciones o escuelas, pero ahora ya no, y si se hace, es algo que fuerza la propia crítica".

La participación en Venecia ha sido "una sorpresa y una alegría". "Es la bienal más antigua e importante, una gran oportunidad de dar a conocer tus trabajos. Nos exige ser rigurosos y continuar el camino hacia los objetivos que nos hemos marcado como estudio. Hay que seguir trabajando".

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