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Ocio y Cultura

ARTE EN LA EXPO

La muestra retrospectiva más íntima del aragonés Víctor Mira, en la Expo

El Pabellón de las Artes inaugura el próximo viernes una antológica con una veintena de piezas de gran formato.

La obra más íntima y a la vez monumental de Víctor Mira llega la semana que viene a la Expo, de la mano de una muestra que se va a alzar como una de las retrospectivas más ambiciosas realizadas nunca en torno a la obra del pintor aragonés. Si hasta ahora el punto de referencia era la exposición "Apología del éxtasis", celebrada en abril de 2002 en el museo Pablo Serrano, con 17 pinturas y 13 esculturas fechadas entre 1977 y 2001, la actual "Víctor Mira. Retrospectiva" va a situarse casi al mismo nivel. Tiene menos piezas (20 pinturas y 5 esculturas) y en 2002, además, la muestra del Serrano coincidió con otra, "Imágenes insomnes", en la galería Miguel Marcos. Pero la exposición que se va a inaugurar en el Pabellón de las Artes de Telefónica en la Expo abarca un par de años más de la producción del artista (1977-2003); incluye una de las últimas obras que pintó antes de morir, "Moods"; destaca por los grandes formatos que presenta; y buena parte de las obras que incluye nunca se han expuesto anteriormente y pertenecen a la colección personal del creador.

"Queríamos hacer una gran exposición de Víctor Mira durante la celebración de la Exposición Internacional, y la verdad es que no podíamos haber encontrado un mejor espacio -señala Pepe Navarro, galerista de Zaragoza Gráfica y representante del legado del pintor-. Muy pocos museos del mundo pueden ofrecer a un artista un espacio de 900 metros cuadrados de superficie, 7 u 8 metros de altura y sin columnas que estorben la contemplación de las obras. Víctor Mira era un artista que quería trabajar en lienzos grandes, y ahora se ha encontrado el mejor sitio para que se puedan contemplar".

Por las exposiciones que se están realizando en el Pabellón de las Artes -en la actualidad está una de objetos africanos de la aragonesa colección Bescós- están pasando unas 10.000 o 12.000 personas, cifra que se espera superar ahora con la obra de Víctor Mira. Galeristas de Suiza y Alemania han mostrado ya su intención de viajar a Zaragoza para contemplar la muestra, que se podrá visitar hasta el 15 de agosto.

En su estudio personal

El recorrido que propone la exposición arranca a finales de los años 70, con piezas tan emblemáticas como "Atake al triturador", en la que Víctor Mira incluyó su autorretrato, y concluye pocos meses antes de su muerte, con "Moods", lienzo en el que el artista se pintó durmiendo en la cama junto a su compañera. En medio, algunos de los dípticos más monumentales, de hasta cuatro metros de longitud, y cinco esculturas que muestran cómo concebía este arte el creador aragonés.

"Son piezas que, en su mayor parte, fueron rescatadas de su estudio en Alemania tras su muerte, o que se habían prestado a diferentes galerías internacionales y ahora las hemos podido recuperar -sostiene Pepe Navarro-. Por eso muchas de ellas no se han visto nunca en España. En realidad, algunas no se han mostrado nunca al público, han permanecido siempre en la colección personal de Víctor Mira. Creíamos que ya lo habíamos visto todo de él y no es así. Hay muchas piezas que, cuando las vimos por vez primera, nos sorprendieron mucho". Se incluyen, por razones obvias, algunas de las más emblemáticas, como "La pasión según San Mira" o "Montserrat", y, dadas las dimensiones de la sala, no se ha querido mostrar ni obra gráfica ni dibujos. "Están representadas todas sus grandes series", concluye Navarro.

La próxima cita con Víctor Mira en Aragón será en octubre, cuando Zaragoza Gráfica presente una muestra basada en las "Bachcantatas", serie que está en proceso de catalogación. Mientras, la Expo ofrece una nueva oportunidad de contemplar la obra de un creador del que Calvo Serraller destaca: "La pasional pugna de Mira por sobrevivir en medio de la agonía es inconcebible sin la armadura de un artista, que busca la salvación por entre el peligro (...). Víctor Mira, obstinadamente arrojado en medio del camino y dispuesto a recorrerlo, aunque sea con la cruz a cuestas en dirección al calvario. Es por eso por lo que la obra de Víctor Mira te deja sin palabras. Es demasiado intensa y no tiene, por tanto, fórmula ni solución. Sigue ahí, sin embargo, reclamando que le demos alcance".

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