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remodelación en el gobierno

Revolución en el pleno

La designación de Iglesias como número tres del PSOE centró la sesión de ayer. Llegó como una estrella, pletórico y se dio su particular baño de masas.

Como si se tratara de un estreno de cine. Los pasillos de las Cortes se convirtieron ayer en un 'photocall' improvisado. Con el correspondiente y proporcionado despliegue de medios apostado a las puertas. Primero, llegó la consejera de Ciencia, Tecnología y Universidad, Pilar Ventura, una de las protagonistas del día. Madrugadora y consciente de que los medios no estaban esperándola solo para comentar la designación de Zaragoza como campus de la excelencia, avisó de que había asuntos de los que no iba a hablar.

Pero no pudo evitarlo. Su nombre sonaba desde hace días como descarte del gobierno en el movimiento de fichas para encajar a Eva Almunia en Presidencia. Y como corresponde en estos casos, respondió con diplomacia: "Hasta que el presidente tome las decisiones, estoy a su disposición y voy a trabajar hasta el último día como el primero". Tras algunas conversaciones con miembros del PSOE, salió del Parlamento horas más tarde con un semblante más serio. Quizá ya le habían comunicado el cambio.

El presidente de Aragón y recién nombrado secretario de Organización del PSOE, Marcelino Iglesias, en cambio, estaba radiante. Pletórico. Por primera vez un aragonés lograba un puesto de esta relevancia en Madrid y eso se notaba en el ambiente. Llegó como una estrella de cine, en medio de un tumulto de cámaras, que hizo chocarse a la candidata a la alcaldía de Teruel, Mayte Pérez, con un periodista. Ella y el consejero de Presidencia, Javier Velasco, le escoltaban. Detrás, su fiel escudero, el portavoz del PSOE, Jesús Miguel Franco, siempre atento al presidente.

Le sesión empezó tarde

Y en su camino al salón de plenos, muchas felicitaciones y muestras de cariño que continuaron en el interior. Allí, la bancada del PP le recibió con una irónica exclamación (ohohoh...!). Pero Iglesias pareció no escucharla y se dio su particular baño de masas. Incluso el presidente de las Cortes, Francisco Pina, cómplice de su compañero de partido, demoró el inicio del pleno. Debió pensar que la ocasión lo merecía.

Entonces, comenzó la película. Cuatro comparecencias solicitadas al presidente de Aragón, que delegó -como siempre- en sus consejeros sobre tradicionales asuntos como las obras hidráulicas o las comunicaciones transfronterizas y otros más actuales, como el informe del Tribunal de Cuentas o la gestión en el Ayuntamiento de Escucha.

Pero Iglesias permanecía ajeno. Unas veces ensimismado dando vueltas a sus gafas, otras mirando al infinito y otras enganchado al móvil (el día de su nombramiento recibió cientos de llamadas de felicitación, entre ellas una de la Casa Real). De vez en cuando, algún consejero o diputado le hacía volver a la realidad con un apretón de manos o una felicitación. Y a las 11.10 se marchó. A cumplir con sus obligaciones de presidente de Aragón. Por la tarde, le tocaba ejercer de número 3 del PSOE en Madrid.

Mientras en la Cámara, continuaba otra película: la de los cambios en el Gobierno de Aragón y las especulaciones. Y Velasco adquirió entonces el protagonismo. Agricultura o Ciencia, Tecnología y Universidad. Siempre la misma respuesta: "El jefe aún no me ha comunicado nada. Yo no pregunto".

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