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TENSIÓN EN LA FRONTERA

Melilla vuelve poco a poco a la normalidad

Tras el fin del bloqueo marroquí, los 'pasadores' con mercancía ilegal y las empleadas domésticas cruzaron la frontera.

Numerosas porteadoras se dirigen hacia la frontera de Melilla con Marruecos, en el llamado Barrio Chino, ayer por la mañana.
Melilla vuelve poco a poco a la normalidad
JORGE ZAPATA/EFE

Melilla recuperó ayer la normalidad tras el fin del bloqueo marroquí. La normalidad de una ciudad en la que no es extraño ver, como sucedió ayer, a una columna de carros de combate del Ejército de Tierra circulando por el centro de la urbe de vuelta de unas maniobras por el perímetro fronterizo. Regresó a la rutina en la que es habitual contemplar cómo centenares de conductores-contrabandistas retiran parte del motor de sus vehículos a la vista de todo el mundo para cargar el espacio con botes de zumos o sacos de azúcar a las puertas del paso fronterizo de Beni-Enzar.

Las aguas volvieron ayer a su cauce tras el acuerdo entre los comerciantes melillenses y los activistas marroquíes y cerca de 3.000 'pasadores' a la hora volvieron a atravesar los cuatro pasos fronterizos cargados de mercancías ilegales, "un ritmo habitual en un día previo a un viernes de Ramadán", según explicaron mandos de la Policía Nacional en la frontera de Beni-Enzar. Volvieron a verse escenas como las de la anciana que porta un bulto a la espalda del doble de su tamaño por el paso del Barrio Chino y como otras dos acarrean con un lavaplatos. Unas imágenes que en los últimos días brillaron por su ausencia. También las tres millares de empleadas domésticas marroquíes que cada día pasan a Melilla para trabajar acudieron ayer puntuales a su cita con las colas, los tornos y las jaulas que dan acceso a la ciudad española. Nadie las molestó.

Por ese paso fronterizo, en el que desde la tarde del miércoles ya no lucen las pancartas que acusaban a la policía española de "racista" y de malos tratos a ciudadanos del país vecino, entraron desde las 7.30 y hasta las 10.30 una treintena de camiones y furgonetas cargados de verduras, frutas, pescados y material de construcción. Los mismos vehículos a los que se les había impedido el paso en dos días anteriores por parte de los piquetes de los autodenominados Coordinadora Civil en el Norte de Marruecos y el Comité Nacional para la Liberación de Ceuta y Melilla.

Los piquetes ayer no se presentaron en la 'tierra de nadie'. La normalidad en la supuesta 'zona neutra' -reducida ya a un puñado de metros- también volvió y los policías marroquíes regresaron a su rutina de invadir sin disimulo la 'tierra de nadie' y a plantarse a menos de un metro de la valla azul que delimita el territorio español. Los agentes del país vecino regresaron a sus habituales toscos modales con la prensa española -a la que solo horas antes dejaban campar por la 'zona neutra'- ahora que ya no hay activistas marroquíes para denunciar el racismo del Cuerpo Nacional de Policía ni pancartas insultantes contra España que fotografiar.

Con la normalidad también llegaron de nuevo las interminables filas de vehículos para pasar a Marruecos. Una espera mínima de dos horas, según los responsables de la Policía Municipal en la zona, quienes denunciaron, una vez más, que la policía marroquí se niega a abrir los otros tres carriles que tiene el paso (rehabilitado con dinero español) para agilizar la espera de sus paisanos.

Lo de siempre

"Lo de siempre, lo habitual", resumía con resignación y guasa un agente del cuerpo local mientras intentaba mantener el orden entre los destartalados vehículos cargados de mantas, yogures, zumos, pañales... La imagen quizás más hermosa de esa normalidad melillense fue la del Mercado Central de García Cabrelles. Tras un día de desabastecimiento, el pescado fresco del Mediterráneo volvió a los puestos transportado por 13 furgonetas. Lo hizo algo más tarde de lo normal por un problema burocrático en la frontera por el sobrepeso de uno de los vehículos. Mientras, en el mismo edificio, desde horas antes, los estantes ya rebosaban de todo tipo de frutas y hortalizas llegadas en buena parte de Marruecos, aunque también de Almería o Murcia.

El andamio también retomó su actividad. Por la mañana se podían ver los viejos camiones franceses de matrícula marroquí descargando ladrillos y gravilla recién llegada de la región de Nador en las nuevas urbanizaciones en construcción cercanas al Río de Oro, que parte la plaza española en dos, una de las pocas zonas de esta ciudad enclaustrada en una triple valla de seguridad en la que aún queda algo de espacio libre.

Y en los bares y en las calles del centro de la Nueva Melilla se volvió a ver la imagen habitual de la ciudad que no se había perdido: decenas de uniformes de todos los colores (Policía Nacional, Municipal, Guardia Civil, Ejército, Marina, Policía Militar...) departiendo animados con marroquíes y españoles, cristianos o musulmanes y compartiendo un té verde o discutiendo sobre quién tiene la culpa de lo que ocurre en la frontera. "Lo normal, lo de siempre", resumió un oficial de la Legión.

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