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ETA

ETA incorpora a su arsenal una nueva bomba lapa prácticamente indetectable

La Policía alerta sobre estos artefactos, que buscan quemar vivas a las víctimas dentro del vehículo pero no son infalibles

madrid. La última aberración ideada por ETA para asesinar sin apenas riesgos ya tiene nombre policial: sistema de bomba lapa multipropósito. Uno de estos artefactos, casi indetectables en una revisión apresurada, fue el que el pasado 19 de junio mató al policía Eduardo Puelles en la localidad vizcaína de Arrigorriaga. Los expertos de las Fuerzas de Seguridad ya trabajan para neutralizar este nuevo ingenio criminal, que busca quemar vivas a las víctimas dentro de sus coches pero no es, ni mucho menos, infalible, y del que se puede escapar sabiendo cómo reaccionar.

La denominación 'multipropósito' responde a que las nuevas lapas no pretenden, como antes, matar o mutilar al conductor con la onda expansiva y la metralla, sino que tienen como objetivo provocar un incendio, deformar el vehículo para evitar que se puedan abrir las puertas y convertir así la cabina en una ratonera en la que la víctima muera calcinada.

Esta aberración ha sido ideada hace poco más de dos años en los laboratorios de explosivos de la banda en Francia y es un artefacto 'made in ETA' al 100%, ya que no se conocen antecedentes de ingenios similares en bandas terroristas internacionales.

La nueva bomba, explican los informes policiales sobre el tema, nace con el propósito de ser mucho más difícil de detectar que la tradicional lapa que los etarras colocaban en el paso de la rueda delantera izquierda, y que era bastante visible durante una somera inspección. La lapa multipropósito también se activa por un sistema detector de movimiento (péndulo o mercurio), pero se oculta bajo los bastidores, entre el depósito de gasolina y el hueco de la rueda de repuesto, donde no puede ser detectada a simple vista; solo pude ser descubierta metiéndose bajo el coche, con un espejo de brazo largo o en un foso de taller.

Aun así, los expertos del Ministerio del Interior ya han encontrado fórmulas para detectarlas y en los últimos días han repartido instrucciones de autoprotección. Lo más elemental, además de no tener siempre el depósito lleno de gasolina, es usar coches diesel, que no arde con facilidad.

Otras recomendaciones pasan por no ponerse el cinturón antes de iniciar la marcha, no cerrar las puertas antes de encender el coche porque con la explosión se deforma la carrocería del automóvil y abrir las ventanillas para garantizarse una vía de escape y facilitar la salida de la onda expansiva.

El escolta zaragozano Gabriel Ginés fue, probablemente, la primera víctima de una lapa multipropósito en octubre de 2007, en el barrio bilbaíno de La Peña. El artefacto estalló, pero Ginés logró escapar por su propio pie del coche solo con algunas quemaduras.

Repulsa por el último atentado

Por otro lado, el lendakari Patxi López afirmó ayer tras el atentado de ETA contra la sede del PSE en Durango que la banda, a pesar de las bombas, "no tendrá más espacio que el de la cárcel". El jefe del Ejecutivo mostró su "cariño" a los vecinos afectados y subrayó que su Gabinete usará "toda la fuerza del Estado de derecho y todos los recursos de la ley para acabar con los etarras".

En idéntica línea, el consejero del Interior, Rodolfo Ares, aseguró que el "único camino" que le queda a ETA es "dejar definitivamente la violencia". Por su parte, el líder del PNV, Íñigo Urkullu, también mostró su "repulsa" por el atentado y mostró su "apoyo y ánimo" al PSE y a los vecinos "afectados por esta agresión". Desde el PP vasco, Leopoldo Barreda señaló que es necesario "reafirmar la unidad y la voluntad de los demócratas de derrotar a ETA". Y Aralar exigió a ETA que "no hable en nombre de las personas de izquierdas e independentistas de este país".

Según Ares, el atentado fue perpetrado al menos por dos etarras. Uno depositó el artefacto mientras que otro le esperaba al volante de un coche. La bomba, de tres kilos de cloratita, estaba camuflada en una caja de cartón envuelta en una bolsa negra de plástico.

La fortuna hizo que un vecino viese a un encapuchado depositar un paquete sospechoso junto a la Casa del Pueblo del PSE y llamase a la Policía Local.

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