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PARTIDO SOCIALISTA

El PSOE disimula el mazazo de las primarias

La dirección federal quiere ahora que Gómez haga un esfuerzo de integración e incorpore a sus antiguos rivales a las listas electorales. Blanco recibe críticas internas por una operación que ha debilitado al partido.

Jiménez y Gómez, el domingo tras conocerse los resultados.
El PSOE disimula el mazazo de las primarias
E. N./EFE

Estaba en el guión y la dirección socialista lo cumplió. El día después de que el liderazgo de José Luis Rodríguez Zapatero sufriera uno de sus más sonados varapalos en diez años, el PSOE corrió un tupido velo y ofreció una imagen de unidad férrea. Ni el jefe del Ejecutivo ni el principal muñidor de la fallida 'operación Trini', el vicesecretario general José Blanco, explicaron lo ocurrido. Como si la victoria del secretario general del PSM, Tomás Gómez, en las primarias de Madrid no significara nada, todo se redujo a la habitual comparecencia de la secretaria de Organización, Leire Pajín, tras la reunión de la comisión permanente.

La portavoz socialista hizo de frontón para preservar la imagen de un jefe de filas que, como ella misma reconoció, ya sufre un fuerte desgaste por su gestión de la crisis económica. Pajín alegó que sería injusto interpretar que Zapatero haya perdido nada cuando fue él quien, junto a Gómez, decidió poner en marcha el proceso de "democracia interna". "El propio secretario general del PSM que ha reiterado su apoyo sin fisuras al presidente y su deseo de contar con todo el partido", dijo.

Lo que obvió Pajín es que lo que dio a la batalla de Madrid una dimensión trascendente fue que Zapatero no era imparcial y que tomó partido, claramente, por la ministra de Sanidad, a la que empujó a competir después de que Blanco lo persuadiera de que el resultado electoral en la Comunidad de Madrid iba a ser desastroso. Y obvió también que la idea inicial de Blanco, Alfredo Pérez Rubalcaba y el propio secretario general no era acudir a unas primarias, sino imponer su alternativa. Hasta que toparon con un obstinado Tomás Gómez.

Eso, sumado al hecho de que el líder del PSM canalizó el descontento interno con el aparato federal y la decepción con el propio Zapatero, es lo que hace difícil creer que, una vez se disipe la densa cortina de humo desplegada en la sede socialista de la calle de Ferraz, todo volverá a estar en su sitio.

"Tándem ganador"

En la dirección nacional pretenden que Gómez haga ahora un esfuerzo de integración y que a la hora de elaborar las listas no margine a quienes durante los dos últimos meses fueron sus enemigos. Pajín dio cuerpo a esa idea al afirmar que el secretario regional y Trinidad Jiménez son "un gran tándem ganador", aunque luego matizara que tendrán que ser ellos quienes decidan en qué grado se implica la ministra, miembro de la ejecutiva madrileña, en la campaña. Fuentes cercanas al líder del PSM descartan, sin embargo, dar un paso en ese sentido.

Lo paradójico es que, en los días previos a la votación, los impulsores de la candidatura de Jiménez hablaban de que el día después habría que forzar la dimisión de Gómez y laminar sus apoyos en la dirección nacional. Está por ver qué hace, pese a sus buenas palabras, el ya candidato del PSOE a la Comunidad de Madrid. Ayer dijo que, aunque es pronto para hablar de ello, está dispuesto a ofrecer un puesto en sus listas a su antigua rival. Pero es casi un brindis al sol, porque en privado los suyos hacen una observación significativa: "El número dos -remarcan- lo elige el número uno"; es decir, Ferraz ya no tiene nada que decir.

Por su parte, la ministra de Sanidad dejó en el aire cuál va a ser su papel a partir de ahora y no desveló si ha recibido alguna invitación para incorporarse a la candidatura de Gómez. Eso sí, ofreció "esfuerzo, trabajo e ilusión" para trabajar por su candidatura.

Es una muestra más de que bajo la pátina de normalidad se esconden aguas turbulentas. No son pocos los socialistas que insisten en que Blanco impulsó a Zapatero a una aventura inútil y "disparatada". Y muchos desearían que ahora asumiera algún tipo de responsabilidad por el daño que, dicen, ha causado al partido y a la propia Jiménez, a la que consideran chivo expiatorio, mero instrumento en manos de dos "aprendices de brujo" que serían el ministro de Fomento y el del Interior.

No parece que vaya a ser así en el corto plazo y la dimensión de la herida causada en el seno del PSOE quizá no pueda apreciarse hasta pasadas unas semanas. Pero las crisis en los partidos se labran en cocciones lentas. Y lo que preocupa a muchos socialistas es que apenas tienen tiempo para recomponerse tras cada revés y aún cabe esperar varios: las elecciones catalanas, en las que todo apunta a una derrota del PSC, o las municipales, que según las encuestas se saldarán con la pérdida de todas las capitales de provincia.

En lo personal, los hombres de Gómez creen que siempre lucharon en desigualdad de condiciones; que si hubieran perdido lo habrían perdido todo, pero ganando se quedan casi como estaban. Por si acaso, Blanco, que nunca ocultó su desprecio por Gómez, descolgó el teléfono para felicitarlo y asegurarle, según el PSM, que ahora sí le ve hechuras de candidato.

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