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TERRORISMO

El asesinato de Giménez Abad, aún por resolver

La Guardia Civil investiga si Carrera Sarobe, que integraba un comando que actuaba en Aragón y Navarra cuando mataron al político aragonés, tuvo alguna relación con el crimen.

La captura de cualquier etarra que desarrollara su criminal actividad en los años 2000 y 2001 en Navarra y Aragón siempre ha llevado inevitablemente a barajar la posibilidad de que pudiera estar detrás del asesinato del presidente del Partido Popular Manuel Giménez Abad, cometido el 6 de mayo de 2001.

Así vuelve a ocurrir ahora con el arresto del jefe de la banda Mikel Kabikoitz Carrera Sarobe, quien en aquellos años formaba parte de un comando legal de ETA que actuaba en Aragón y en la comunidad foral. Por eso, la Guardia Civil investiga su relación con el atentado que costó la vida al político aragonés. Su asesinato, junto con el del cabo de la Guardia Civil Juan Carlos Beiro, cometido en septiembre de 2002 en Leiza, y el de los policías nacionales Bonifacio Martín y Julián Embid, este último nacido en la localidad zaragozana de Saviñán, perpetrados en Sangüesa (Navarra) en 2003, son los únicos que quedan por resolver.

De momento, salvo que en las fechas en las que se perpetró el atentado Carrera Sarobe se movía por Aragón y Navarra, junto a Oihan Barandalla, ningún otro indicio apunta hacia él. Afirmar ahora su implicación en el asesinato del político aragonés es prematuro y entra en el terreno de la especulación, según fuentes consultadas.

No obstante, habrá que esperar a que avance la investigación de la Guardia Civil y de la Gendarmería francesa para conocer qué pruebas se han encontrado en la casa de Ursugne. Hallar la pistola con la que dispararon a Manuel Giménez, una Hellier and Bellot, de fabricación checa, sería una prueba.

Desde que mataron al político aragonés, varios han sido los etarras a los que se ha atribuido su muerte, pero luego no se pudo probar. Por citar a los más relevantes, Nerea Garaizar (arrestada en diciembre de 2001 y que integró el comando Zaragoza junto a David Pla), Ismael Berasategui (detenido en junio de 2002) u Ohian Barandalla (detenido en 2007 en la localidad francesa de Cahors).

El más desconcertante de todos ellos fue Ibón Urrestarazu, apresado en noviembre de 2004. Este individuo se adjudicó todos los asesinatos de ETA que en esos momentos quedaban por resolver, como el de Giménez Abad, el del concejal de UPN en Leiza (Navarra), José Javier Múgica, y el del jefe de la Policía Local de Andoain (Guipúzcoa), Joseba Pagazaurtundua. Pero además, acusó a Xabier Balerdi y Andoni Cobos de haber participado en esos tres asesinatos y en los de los policías Bonifacio Martín y Julián Embid.

Sin embargo, Urrestarazu se retractaría poco después y reconocería que había mentido. La Policía tuvo que liberar a Balerdi y Cobos y el juez Garzón acusó al etarra de denuncia falsa. Desde entonces y a pesar de que se ha detenido a más de 200 etarras, nada se ha averiguado del atentado que costó la vida al dirigente popular.

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