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Borràs, acorralada por "los 'trapis'"

La apertura de juicio oral debería apartar de su cargo a la presidenta del Parlamento de Cataluña, como está recogido en el reglamento de la Cámara.

La presidenta del Parlament, Laura Borràs, comparece en rueda de prensa en la sede Junts per Catalunya este jueves.
La presidenta del Parlament, Laura Borràs, en una imagen de archivo.
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Las malas compañías se pagan. Es el caso de Laura Borràs. La presidenta del Parlament, acusada de prevaricación y fraude y que se enfrenta a una pena de seis años de cárcel y 21 de inhabilitación, se presenta como una víctima de la "represión" del Estado y de un montaje policial para atacar al independentismo.

Pero lo cierto es que su investigación se inició de rebote. Casi de casualidad. No la puso en marcha la Guardia Civil ni la Fiscalía. Fue la Policía catalana. Los Mossos investigaban al informático Isaías Herrero por tráfico de drogas y falsificación de moneda. Herrero, que está imputado en la causa de la presidenta de Junts como el presunto beneficiario del fraccionamiento de contratos, tenía el teléfono pinchado. Era informático y realizaba tareas para el Institut de les Lletres Catalanes (ILC), que dirigía Laura Borràs. En una ocasión, hablando con un amigo, le soltó que tenía unos 'trapis' con la ahora presidenta del Parlament. "Facturo unos 'trapis' para ella", fue la frase a partir de la cual los Mossos abrieron una investigación contra la dirigente nacionalista.

Era el año 2018 y un juzgado se hizo cargo del caso. En junio de ese año, el entonces presidente de la Generalitat Quim Torra la nombró consejera de Cultura. Dejó la dirección del Institut de les Lletres Catalanes y asumió la cartera de Cultura. A pesar de la imputación, inició una carrera política meteórica, que la llevó a diputada y jefa de filas de Junts en el Congreso y más tarde a encabezar las listas de Junts en las catalanas y ser elegida presidenta del Parlament.

Se declara 'hija del 1-O'. Afirma que entró en política tras el referéndum ilegal, si bien para entonces ya hacía tiempo que estaba en la administración catalana. La fichó Artur Mas para dirigir el ILC en 2013. Y en abril de 2017, Carles Puigdemont la eligió, entre los cientos de altos cargos del Govern, para leer el discurso, desde el patio de los naranjos del Palau de la Generalitat, con el que el Gobierno catalán en su conjunto se comprometió formalmente y se hizo "responsable" de "organizar, convocar y celebrar un referéndum".

Del teléfono pinchado de Herrero, en 2018, con el que Borràs tenía relación al menos desde 2006, arranca la investigación contra la hoy presidenta de Junts. En paralelo, siguió el proceso contra Herrero, que fue condenado a cinco años de cárcel por tráfico de drogas.

Se conocían del mundo académico y literario. En noviembre de 2018, los Mossos registraron el CTTI, el ILC, la UB y el domicilio de Herrero. Unos correos intervenidos a este la comprometen. Ella afirma que han sido manipulados por la policía, pero en ellos hablan de fraccionar contratos y cómo hacerlo para no llamar la atención. Herrero explica que tiene que hacer tres contratos: uno bueno y dos malos, presentados por conocidos para que no salgan ganadores. Por aquel entonces, puso en un aprieto al consejero del Interior, Miquel Buch, pues aseguró que éste le dijo que los Mossos no la investigaban, cuando el caso estaba bajo secreto de sumario. No era verdad y además el consejero no podía trasladarle ese tipo de información. La consecuencia fue que la jueza retiró a los Mossos del caso y se lo encargó a la Guardia Civil. El grueso de las diligencias, en cualquier caso, lo hizo la Policía autonómica.

Patata caliente

Y no es verdad lo que apunta el entorno de Borràs de que la jueza encargó el caso a la Guardia Civil porque los agentes de los Mossos no encontraban nada. En 2021 fue investida presidenta del Parlament y ya entonces los grupos que facilitaron su elección, ERC, Junts y la CUP, eran conscientes de que a lo largo de la legislatura se encontrarían con esta patata caliente.

Ese momento ya ha llegado. La Fiscalía ha presentado el escrito de acusación y solo falta el auto de apertura de juicio oral. En cuanto ocurra, debería apartarse como presidenta, en aplicación del reglamento de la Cámara catalana.

Hija y mujer de médicos, forma parte del sector más radical de Junts. Como filóloga, Borràs, que se autodefine de izquierdas, tiene una plaza de catedrática en la universidad, donde enseñaba literatura. Todos sus discursos tienen referencias literarias. Quien más apostó por ella como candidata a la presidencia de la Generalitat, frente a la opinión de Carles Puigdemont, fue Quim Torra. Tras la salida de Puigdemont, se postuló como su sustituta. Asumió la presidencia que dejó el huido de Waterloo, pero en cambio el control del partido lo están concentrando los herederos de Convergència, con Jordi Turull, el secretario general, a la cabeza. Siempre con una sonrisa, se le está empezando a congelar, más aún tras las malas formas de su más estrecho colaborador, Francesc de Dalmases, acusado de intimidar a una periodista de TV3. Esquerra y la CUP le avisan casi a diario que si es procesada, tendrá que apartarse.

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