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Un Sánchez debilitado salva gracias a Bildu su plan anticrisis

Los aliados del Gobierno avisan de que el 'caso Pegasus' sigue proyectando negras sombras sobre la legislatura. El presidente respalda a la ministra Robles, situada en el punto de mira de Podemos, Esquerra y la Generalitat.

Pedro Sánchez, a su salida del Congreso
Pedro Sánchez, a su salida del Congreso
Reuters

Pedro Sánchez evitó finalmente el desastre mayúsculo con la convalidación, por parte del Congreso, del plan diseñado para amortiguar el impacto de la guerra de Ucrania en la economía doméstica, pero el logro no oculta la cuestión de fondo: la delicadísima situación que atraviesa su mandato. Los socialistas tuvieron que encajar que fuera EH Bildu, el partido liderado por Arnaldo Otegi, el que le sacara las castañas del fuego, en un pleno marcado por el 'caso Pegasus' y en el que todos sus aliados aprovecharon para dejar clara la escasa confianza que les merece ya el Gobierno.

Sobre el papel, la victoria del Ejecutivo fue holgada. Consiguió una mayoría absoluta de 176 síes, frente a 172 noes y una abstención, cuando una mayoría simple habría bastado para convalidar el real decreto ley que, entre otras cosas, ha permitido que desde hace ya un mes los ciudadanos se beneficien de una bonificación de 20 céntimos de euro por cada litro de carburante que reposte. Sin embargo, el propio llamamiento desesperado del ministro de Presidencia, Félix Bolaños, desde la tribuna y al defender la iniciativa dio la pauta de la fragilidad de esos apoyos.

El Gobierno llegó al inicio del pleno con 170 votos amarrados -en muchos casos, como el del PNV, el PDeCAT o Más País y Compromís a regañadientes- y al albur de lo que pudieran hacer tres formaciones: sus socios habituales de ERC, que se encuentran entre los principales agraviados por el supuesto espionaje del Estado al independentismo con el 'software' israelí Pegasus; EH Bildu; y el PP. Cualquiera de ellos podía tener la llave para impedir que el paquete de medidas contra la elevada inflación aprobado por el Consejo de Ministros el pasado 29 de marzo decayeran sin más.

"La votación de hoy no va del Gobierno", dijo el ministro en un último llamamiento 'in extremis', después de 24 horas frenéticas de contactos y llamadas a los grupos que el miércoles no habían definido aún su posición. "Va de ayudar a los ciudadanos que les votaron a ustedes para que les ayuden y les faciliten su vida; de eso va la votación de hoy".

La incógnita se despejó pronto. La sesión empezó a las 9.00 y a las 9.30 la portavoz de Bildu, Mertxe Aizpurua, ya dio la noticia. "Una vez más, actuaremos con la responsabilidad que le debemos a la ciudadanía y aprobaremos este decreto, porque la gente no puede ni debe ser quien pague las consecuencias de los graves errores de ese Gobierno", dijo. Su posición convertía ya en irrelevante, en términos numéricos, tanto la de los republicanos como la del PP. Ambos, por razones bien distintas, acabaron votando no.

El PP aduce que es el Gobierno quien ha elegido socio, que hasta el último momento ofrecieron su apoyo si se aceptaba alguna de sus principales propuestas (la rebaja de impuestos a las rentas medias y bajas, una reducción del IVA para la electricidad o la disminución del gasto "burocrático") y que, en lugar de atender sus demandas, Sánchez prefirió "romper un consenso básico" y modificar la norma para intentar mitigar el enfado de los independentistas -"los que quieren fragmentar España", subrayó Alberto Núñez Feijóo-, metiéndoles en la comisión de secretos oficiales del Congreso.

Diputada de ERC, Montserrat Bassa.
Diputada de ERC, Montserrat Bassa.
Europa Press

Los socialistas replican que el Ejecutivo ofreció el miércoles tramitar el real decreto como proyecto de ley para que el resto de formaciones pudieran enmendarlo y que se mostraron dispuestos a "estudiar" sus medidas. En realidad, tramitar un real decreto ley como proyecto no es una gracia que concede el Gobierno, es algo que la Cámara vota y, en este caso, el número de grupos que lo habían demandado era tal que podrían haber forzado la decisión. Pero, además, si de algo se quejan todos los partidos es de que ese tipo de tramitación nunca es garantía de que sus propuestas sean atendidas porque el Gobierno habitualmente acaba maniobrando para que los textos duerman el sueño de los justos, alargando 'ad eternum' los plazos de enmiendas.

Negociación incómoda

Para Sánchez un apoyo negociado de los populares era muy incómodo porque habría terminado de indisponerle con sus socios en un momento que ya es de máxima tensión. El portavoz parlamentario de Unidas Podemos, Pablo Echenique -que en los últimos días ha pedido que "rueden cabezas" por el espionaje al independentismo, señalando a la ministra de Defensa, Margarita Robles-, aprovechó, de hecho, su intervención en el pleno para remarcarlo. "Así es como se combate a la ultraderecha, tomando medidas valientes -dijo en relación a las medidas más sociales del decreto-. Como, desde luego, no se combate a la ultraderecha es tendiendo la mano al PP, que pacta gobiernos con Vox".

Terminado el pleno, Sánchez se mostró "muy satisfecho". "Ha ganado la política sana, que es la que piensa en el bien común, frente a la insana del cuanto peor mejor", adujo. Sus problemas, sin embargo, no han acabado. Las relaciones con la Generalitat de Cataluña y con ERC están seriamente dañadas y ayer lanzó el mensaje de que no les entregará la cabeza de Robles. Bildu no le garantiza apoyo en otras leyes clave de la legislatura y, aunque lo hiciera, en unas semanas se inicia la campaña electoral de Andalucía a la que su partido llega muy debilitado y en la que el rescate de los secesionistas vascos no ayuda a sumar puntos.

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