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Casado llega a su gran convención lastrado por el choque con Ayuso

El dirigente popular da este lunes el pistoletazo de salida a un maratón de actos y mesas redondas diseñado durante meses para reforzar su liderazgo.

Isabel Díaz Ayuso y Pablo Casado en el balcón de la sede del PP en la calle Génova
Isabel Díaz Ayuso y Pablo Casado en el balcón de la sede del PP en la calle Génova
Mariscal/EFE

Fue la contundente victoria electoral de Isabel Díaz Ayuso en la Comunidad de Madrid, el 4 de mayo, la que permitió a Pablo Casado proclamar al PP como única alternativa al Gobierno y sacudirse el mal sabor de boca que apenas tres meses antes habían dejado los comicios catalanes, en los que los populares fueron superados ampliamente por Vox e incluso por un Cs en declive. También ha sido la tensión evidenciada entre Génova y la presidenta madrileña en las últimas semanas, sin embargo, lo que probablemente más ha lastrado los esfuerzos del líder del PP por convertir la convención nacional que este lunes comienza en Santiago de Compostela en su rampa de lanzamiento político.

El cónclave, que tendrá carácter itinerante, recorrerá desde este lunes todas las comunidades en las que los populares gobiernan y se clausurará el fin de semana en Valencia, con una exhibición de fuerza en la plaza de toros ante unos 8.000 militantes, según la dirección. En cada parada -en Santiago, Valladolid, Madrid, Sevilla y Cartagena- Casado estará acompañado por el gobernante autonómico de turno; en todas, menos en Madrid. Ayuso se encuentra en Estados Unidos y ha decidido acortar el viaje para estar como el resto de barones el fin de semana en Valencia, pero eso es todo.

El asunto casi sería anecdótico si no viniera precedido del choque a cuenta del órdago lanzado hace unas semanas por la dirigente madrileña para adelantar el congreso del PP regional, en manos de una gestora desde la destitución de Cristina Cifuentes en 2018, a este otoño y postularse a la presidencia. Casado no solo rechazó modificar el calendario previsto sino que se refirió como candidato alternativo al alcalde de Madrid, José Luis Martínez Almeida. Pocos en el PP comprenden su reacción. La mayoría cree, de hecho, que solo consiguió airear una pugna en la que tiene todas las de perder, dada la enorme popularidad de Ayuso entre los militantes .

El secretario general de los populares, Teodoro García-Egea, ha tratado en los últimos días de neutralizar este gol en propia puerta. Este domingo, en una entrevista a este diario, minimizó el alcance de las «discrepancias» con la presienta de Madrid y aseguró que «ahora que el PP es opción de Gobierno puede dejar de centrarse en lo interno». Se suponía que ese era, en buena medida, el objetivo de la convención, anunciada precisamente en febrero de este año, tras la derrota catalana, como una operación de «ensanche» ideológico para volver a hacer del PP la casa común de la derecha y el centro derecha, pero capaz de atraer incluso a socialdemócratas distanciados del actual Gobierno.

La dirección del PP asegura que en los últimos meses ha celebrado medio centenar de seminarios con 400 invitados de distintos ámbitos y disciplinas, y, durante esta semana, tendrán lugar 25 mesas redondas sobre asuntos como «concordia, Constitución y patriotismo» , «sostenibilidad y crecimiento», «feminismo liberal», «la independencia judicial» o «pensiones y dependencia». De esos trabajos, debería surgir el embrión del futuro programa electoral.

En el entorno del propio Casado se han lamentado más de una vez de guiarse aún por trabajos realizados por la Faes «hace más de 20 años». La prometida renovación de ideas y su «ensanchamiento» está por ver. Pero si la pauta la marcan los invitados a la convención, parece que el líder popular se ha quedado corto en la proyección hacia el espacio situado a su izquierda.

En Génova se habían marcado objetivos más elevados que exhibir el apoyo de Alejo Vidal Quadras, exdirigente popular y fugaz presidente de un incipiente Vox, o Juan Carlos Girauta, antiguo rostro de Cs, partido cuya fagocitación dan por descontada eltras la fallida moción de censura en Murcia. Pero ninguno de los grandes intelectuales de la política norteamericana -Steven Pinker, Anne Applebaun, Mark Lilla o Miichael Ignatieff- a cuyas puertas se llamó, según se anunció desde la dirección este verano, han atendido sus requerimientos. Algunos eran representantes del liberalismo clásico; otros de lo que en Europa se consdieraría socialdemocracia.

Casado tampoco podrá presumir tanto como deseaba de su reconocimiento por parte de la familia popular europea. Sí habrá en el cónclave rostros reconocibles como los de Donald Tusk, José Manuel Durao Barroso o Nicolas Sarkozy -condenado por corrupción el pasado marzo- pero apenas participarán mandatarios en activo, salvo el canciller austriaco, Sebastian Kurtz y el vicepresidente de la Comisión Europea y comisario, Margaritis Schinás.

La dirección nacional del PP sostiene, en todo caso, que la cita permitirá ofrecer una imagen de fortaleza y unidad en torno al liderazgo de su presidente. Los expresidentes Mariano Rajoy y José María Aznar forman también parte de esa ecuación. Ambos arroparán a Casado, aunque lo harán, eso sí, en actos separados.

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