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La fuga de dos concejales de Logroño, último episodio de la pérdida de cargos en Cs desde la moción de Murcia

Numerosos cargos nacionales, autonómicos y municipales se han alejado del partido naranja en los últimos meses.

Inés Arrimadas comparece tras una reunión del Comité Permanente de Ciudadanos, el miércoles en Madrid.
Inés Arrimadas comparece tras una reunión del Comité Permanente de Ciudadanos en Madrid, en una imagen de archivo. 
EP

La decisión de dos concejales de Ciudadanos en el Ayuntamiento de Logroño de abandonar esta semana el partido y salir del grupo municipal para pasar a ser ediles no adscritos se ha convertido en el último episodio de la pérdida de cargos que sufre la formación naranja desde la moción de censura fallida del pasado marzo contra el PP en Murcia, que agravó la crisis interna de Cs y aceleró las fugas.

Marisa Bermejo y Javier Garijo se marchan de Cs porque, a su juicio, ya no ven un compromiso con Logroño debido a que la dirección encabezada por Inés Arrimadas "prima las estrategias políticas que marcan la política nacional por encima de los verdaderos intereses de la ciudad". Su salida deja al partido con solo dos ediles en el Consistorio.

Las discrepancias con determinadas decisiones o con el rumbo marcado por el Comité Ejecutivo de Cs, en cuestiones tanto de ámbito nacional como territorial, han llevado a numerosos cargos nacionales, autonómicos y municipales a alejarse del partido. En unos casos se han dado de baja como militantes y en otros han sido expulsados por contravenir las normas del mismo.

El hecho de que haya una escalada de renuncias de representantes de Ciudadanos en las instituciones daña la imagen pública del partido, pero, al menos, en casos como los de Marta Martín, diputada en el Congreso, o Toni Cantó, portavoz en las Cortes Valencianas, que dejaron su escaño, estos puestos han podido ser ocupados por otras personas que iban en las listas electorales de Cs.

El problema para la formación liberal surge cuando los diputados y concejales deciden, como ha ocurrido en Logroño, mantener sus actas en vez de renunciar a ellas. Para Ciudadanos, esto significa que su representación institucional se ve mermada respecto a la que obtuvo en las elecciones porque ya no tiene control sobre esos cargos.

Un escaño menos en el Congreso y dos en el Senado

Esto ha ocurrido tanto en la Cámara baja como en la alta. En el Congreso, la decisión del diputado Pablo Cambronero de desvincularse de Cs reteniendo el escaño ha reducido de diez a nueve el número de diputados 'naranjas', mientras que en el Senado el partido solo mantiene tres senadores fieles a Arrimadas porque los otros dos, Ruth Goñi y Emilio Argüeso, salieron del partido en marzo.

Ciudadanos también ha sufrido bajas en distintos Parlamentos autonómicos. El caso más sonado es el de la Asamblea de Murcia, pues fue allí donde se originó el terremoto político que acabó con Cs fuera del Ejecutivo autonómico, tras su intento frustrado de aliarse con el PSOE para echar al PP, hasta entonces su socio de gobierno.

La vicepresidenta del Gobierno de coalición, Isabel Franco, y otros tres diputados de Cs favorecieron, con su voto en contra o con su abstención, que la moción de censura no prosperase, y por ello fueron expulsados del partido, que actualmente solo cuenta con dos representantes en la Asamblea de Murcia: Ana Martínez Vidal y Juan José Molina.

Lo ocurrido en Murcia fue la excusa que llevó a Isabel Díaz Ayuso a convocar unas elecciones anticipadas en la Comunidad de Madrid que se saldaron con cero escaños para Ciudadanos, aunque por el camino ya había varios diputados del partido naranja que habían anunciado su marcha.

Hay otros Parlamentos en los que Cs ha tenido fugas desde marzo y, como consecuencia de ello, tiene ahora menos diputados. En las Cortes Valencianas, por ejemplo, hay cinco diputados no adscritos que antes pertenecían a Cs y otros trece permanecen leales a la dirección del partido.

En el Parlamento de Canarias, la que fuera la portavoz de Ciudadanos, Vidina Espino, ha dejado el partido, que ha pasado de tener dos diputados a solo uno. En Baleares, la expulsión de Maxo Benalal ha reducido de cinco a cuatro el número de diputados de Cs y en Castilla y León se han quedado con un escaño menos (de doce a once) tras la salida de María Montero.

Un caso destacado en el ámbito autonómico es el de Melilla, donde Eduardo de Castro continúa al frente del Gobierno de la ciudad tras haber sido expulsado de la formación naranja, que no cuenta con más representantes en la Asamblea de Melilla. Aunque la expulsión no está relacionada con discrepancias de carácter político o estratégico, sino que se debe a que De Castro, según Cs, había ocultado su imputación en un caso de prevaricación.

Fuga de concejales

También son muchos los ayuntamientos en los que Ciudadanos ha perdido a parte de sus cargos. Una de las situaciones más sangrantes ha sido la de Granada, donde los desacuerdos con el PP provocaron la ruptura del equipo local de gobierno y la dimisión del que ha sido el alcalde durante los dos últimos años, Luis Salvador.

A causa de la crisis vivida en el Consistorio granadino, donde ahora la Alcaldía la ostenta el PSOE, Ciudadanos se ha quedado allí sin ningún edil. Tanto Salvador como los otros tres concejales que tenía Cs -Manuel Olivares, Lucía Garrido y José Antonio Huertas- no han acatado las decisiones de la dirección nacional y por ello ya no forman parte del partido, bien porque decidieron desvincularse o bien porque se les ha echado.

Asimismo, ha habido bajas importantes en el Ayuntamiento de Jaén, donde únicamente María Orozco se mantiene alineada con la dirección de Ciudadanos. Sus excompañeros María Cantos, Francisco Díaz y Miguel Castro están como concejales no adscritos tras ser expulsados del partido.

Y en los Ayuntamientos de Albacete, Palma de Mallorca, Castellón, Barcelona, Gerona y Lérida, Cs ha perdido un edil en cada uno de ellos. En estas dos últimas ciudades, esto le ha supuesto quedarse en la práctica con un solo representante, ya que en Gerona tenía dos antes de echar a Daniel Pamplona y en Lérida la expulsión de la portavoz, Ángeles Ribes, deja sola a María Burrel, pues el otro concejal, José María Córdoba, también se había rebelado contra el partido.

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