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Nacional

POLÍTICA

Iglesias ahonda su desconexión de Podemos

El triunfo en las primarias de Madrid de un candidato de fuera del aparato evidencia la separación entre la cúpula y las bases.

El vicepresidente segundo del Gobierno, Pablo Iglesias, en su despacho.
El vicepresidente segundo del Gobierno, Pablo Iglesias, en su despacho.
Jorge Paris/20Minutos

Las negociaciones de los Presupuestos de 2021 destaparon el gran anhelo de Pablo Iglesias de convertir a Podemos en el "pegamento de una nueva mayoría en España". Los esfuerzos por parte del vicepresidente segundo por incluir a formaciones como Esquerra o EH Bildu entre los pilares que sostienen al Gobierno de Pedro Sánchez se desvelaron como una estrategia para alejar de las cuentas públicas a Ciudadanos y "evitar que la derecha vuelva a gobernar por muchos años", como reconoce el portavoz del grupo parlamentario, Pablo Echenique. Sin embargo, este pegamento que unió a 188 diputados el pasado 4 de diciembre para sacar adelante los Presupuestos se ha ido resquebrajando dentro del propio partido morado. Cinco días después de la votación en la Cámara baja, las bases de la formación en Madrid eligieron como líder regional a José Luis Nieto frente al candidato oficialista, el portavoz adjunto de la formación en la Asamblea de Madrid, Jacinto Morano, cuya designación había generado un gran malestar interno.

Este nuevo varapalo para Iglesias ahonda la desconexión de la cúpula con los afiliados y vuelve a poner de relieve la debilidad territorial del partido que amenaza, incluso, a su propia supervivencia. "Me gustaría que Podemos tuviera una implantación territorial como la de PP y PSOE", reconocía el líder morado en una entrevista en junio con este periódico. Solo un mes después, el 12 de julio, las elecciones autonómicas en Galicia y País Vasco se saldaron con la desaparición de Podemos del Parlamento gallego y la caída de once a seis diputados en la Cámara vasca. "Una derrota sin paliativos", reconoció el propio Iglesias aquella misma noche mientras sus fieles guardaban silencio y cerraban filas en torno a su liderazgo.

Desde 2018, la formación que encabeza Iglesias y sus confluencias han visto cómo el terreno ganado en las autonomías se ha ido borrando tan rápido como se conquistó. Además de Galicia, donde en 2016 fueron la segunda fuerza más votada en alianza con las 'mareas', también han perdido a todos los representantes que tenían en los parlamentos de Cantabria y Castilla-La Mancha. Las derrotas se repitieron en Canarias (de siete a cuatro escaños); en Castilla y León (de diez a dos); en la Comunidad Valenciana (de trece a ocho) y la lista sigue sin que ningún territorio se salve de la quema. Incluso Madrid, cuna del partido, donde el nacimiento de Más Madrid, encabezado por la ex mano derecha de Iglesias, Iñigo Errejón, disputó el espacio electoral a Podemos y los dejó con siete diputados (frente a los 27 conquistados cuatro años antes). Tras los comicios autonómicos del 12-J, el que fuera uno de los fundadores de la formación vaticinó que en Madrid "Podemos ya no existe".

Desde la llegada de Alberto Rodríguez a la secretaría de Organización en sustitución de Echenique, Podemos ha celebrado procesos asamblearios en otras tantas comunidades, entre ellas Galicia o el País Vasco. Siempre habían ganado candidatos afines a Iglesias, algo que no se ha repetido en Madrid. Un mes antes de las primarias, unos 200 militantes del partido en la capital firmaron una carta que hicieron llegar a Rodríguez para que éste garantizara la independencia del proceso y en la que reclamaban el protagonismo de las bases. "Ahora toca que la organización estatal y autonómica confíe en su militancia para que Podemos Madrid Ciudad sea construida desde las bases", rezaba la misiva, al tiempo que calificaban al candidato oficialista de "agente externo".

Sin voces críticas

Fuentes de la Vicepresidencia segunda sostienen sin embargo, que Iglesias "busca lo mejor para el país, no para el partido". Lo cierto es que la dirección de Podemos solo tardó un mes desde su entrada en el Gobierno para convocar la Tercera Asamblea Ciudadana, principal órgano estatal del partido, cuya celebración estaba prevista para 2021. Buscaban aprovechar la inercia del pacto de coalición y el halo de estrenar cuatro ministerios y una vicepresidencia en el Gobierno al tiempo que la situación en la formación se había destensado en comparación con Vistalegre 2, que supuso un enfrentamiento fratricida en 2017 entre pablistas y errejonistas, que fracturó el partido. Las principales voces críticas, los anticapitalistas comandados por Teresa Rodríguez, también quedaron anuladas tras su marcha. Con ello, Iglesias afianzaba su liderazgo siendo reelegido como secretario general.

El equipo directivo actual buscaba ajustar los códigos éticos del partido a su nueva situación como Gobierno, una posibilidad que no estaba recogida en los documentos fundacionales cuando la formación nació apenas seis años antes. De ese modo, se acabó con la limitación que impedía ostentar más de un cargo interno y otro público. Algo que afectaba de lleno al propio Iglesias, ya que conserva su escaño de diputado.

Podemos culminaba así su transformación en un partido tradicional, con un cambio en la figura de los militantes, que a partir de entonces pagarían una cuota. Pero eso no ha mitigado el cuestionamiento del líder como se ha demostrado en Madrid, más centrado en la política nacional ahora que en la vida interna de la formación que dirige.

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