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Nacional

entrevista 

"Es abominable que el Gobierno pacte con Otegui, que me secuestró en 1979"

El parlamentario Javier Rupérez (de UCD, PDO y PP) y embajador en Washington, presenta hoy un diario sobre la pandemia y hablará de la Transición el miércoles en Ibercaja

Javier Rupérez, en su domicilio de Madrid, el pasado viernes.
Javier Rupérez, en su domicilio de Madrid, el pasado viernes.
Enrique Cidoncha

Javier Rupérez es entre parlamentario, diplomático y profesor universitario. Nació en Madrid en 1941 y vivió la Transición en el Congreso de los Diputados, donde fue diputado de UCD, PDP y PP por Cuenca, Madrid y Ciudad Real entre 1979 y 2000, así como embajador de España ante los Estados Unidos (2000-2004), ante la OTAN (1982-1983) y la Conferencia sobre la Seguridad y la Cooperación en Europa (1980-1982). Entre 2004 y 2007 fue Subsecretario General de la ONU y Director Ejecutivo del Comité Antiterrorista del Consejo de Seguridad.

En 1979 fue secuestrado por ETA durante 31 días por un comando en el que estaba el actual líder de EH-Bildu, Arnaldo Otegui, que le lleva a valorar el pacto de los presupuestos por el Gobierno PSOE-Podemos como “abominable”.

Ha publicado el libro “Las crónicas de la pandemia”, que presenta hoy en Madrid y el próximo miércoles intervendrá en el ciclo “Voces de la Transición” de la Fundación Ibercaja. Cuenta que su relación con Aragón se debe a su padre, nacido en Soria, quien estudió medicina en la Universidad de Zaragoza y se hizo médico militar.

La pandemia le sorprendió en Madrid aunque vive en Washington y ha escrito un libro, ‘Las crónicas de la pandemia’, que presenta hoy sobre todo lo vivido.

Llevo veinte años viviendo en Estados Unidos, entre Washington (donde están mi mujer y mi hija), Nueva York y Chicago. Pero doy clases aquí en varias universidades y en marzo las impartía en el CEU(Universidad San Pablo) y me cogió aquí la pandemia. Me he quedado en la casa de mi hermana en Madrid. En el confinamiento pensé en escribir un diario, pues me recordó mucho ‘La peste’ de Albert Camus, que me marcó de joven. Y este libro recoge mis impresiones personales, del ‘zoom’ por el que nos comunicamos con mi mujer y mi hija... He repasado lo que viví en lo político, social y económico, y en EE. UU.

En EE. UU. han llegado a 10 millones de infectados. ¿Le ha afectado como el encierro en Madrid?

En Estados Unidos lo están pasando muy mal, como nosotros. La presencia de Trump lo agravó porque se negó al principio la trascendencia y fue el primer negacionista en público, sin mascarillas, hasta que se contagió. Lo he visto con preocupación. Prefería anteponer intereses electorales a que la gente se muriera. Hubo centenares de miles de muertos por incapacidad gubernamental.

¿El confinamiento le hizo revivir su secuestro por ETA en 1979?

Por supuesto. Cuando uno vive situaciones extraordinarias intenta encontrar referencias que le permitan sobrevivir. La primera para mí fue el secuestro, algo delictivo e ilegal, frente a un confinamiento que no lo era. El encierro del secuestro, que duró 31 días, fue en un cubículo de 2x2 y no podía salir. No tenía noticias del exterior, aunque aquí estaba en una vivienda grande. Se parecía también la incertidumbre porque secuestrado no sabes qué te puede pasar y me podían matar. En la pandemia no sabes si te vas a contagiar. El aislamiento y el encerramiento son aplicables al confinamiento y al secuestro. Escribí un artículo que se tituló: ‘Sánchez y Otegui, maestros en confinamiento’.

Arnaldo Otegui participó en su secuestro y ahora es líder de EH-Bildu, que pactó con el Gobierno para los presupuestos.

Me parece abominable que pacten con Otegui, que me secuestró en 1979. No quiero insultarlos. El Gobierno alcanza acuerdos parlamentarios con una fuerza formada por terroristas, cómplices o seguidores, que nunca ha condenado el terrorismo. Además pagando precios con el acercamiento de los presos es una obscenidad y demuestra el tipo de Gobierno que estamos sufriendo, así como la necesidad de que las fuerzas ciudadanas españolas se armen política e ideológicamente para echarlos en las elecciones.

El ministro Ábalos dijo que con la mentalidad de quienes no aceptan un acuerdo así no se habría hecho la Transición a la democracia. ¿Qué diferencia hubo entre la Transición y la actualidad?

Esa comparación es una aberración y una estupidez siniestra, que demuestra al personaje que lo dice. La Transición significa un período en el que españoles que habían combatido en dos bandos en la Guerra Civil llegaron a la conclusión de que tenían que reencontrarse y concebir un país en el que todos quepan. Comparar el acuerdo con Bildu con la Transición es blanquear el terrorismo.

¿Cómo se superará el terrorismo por las víctimas, con la petición del perdón de los terroristas o si reconocen lo que hicieron?

El perdón es una opción personal e intransferible. Lo que tiene una dimensión colectiva es impedir que los nacionalistas y los terroristas logren los objetivos de la destrucción de España con la independencia del País Vasco y el esquema constitucional. Y luego, que cada cual cumpla sus obligaciones con la ley y esté en la cárcel el tiempo que deba. La ley española ya ha sido bastante generosa con sus asesinos.

Otegui dice ahora que va a sacar las actas de negociación con el PP. En 2021, el PNV puede alcanzar la competencia de Instituciones Penitenciarias.

Esto sería un paso más de la destrucción de España y la vuelta a la tribu, que pretenden los separatistas vascos del PNV.

En el PSOE se criticó el pacto con Bildu, pero la portavoz Angela Lastra lo defendió porque dice que ahora «les toca a ellos».

Hay una parte del PSOEactual que ve estos pasos con un nudo en la garganta, como los presidentes de Castilla-La Mancha, Extremadura o Aragón. Ahora el Gobierno no quiere que aprendamos español. Hay que llevar las críticas hasta las últimas consecuencias y decirle a Sánchez que rompen el carné en público.

El miércoles hablará en la Fundación Ibercaja sobre la Transición. ¿Ese pacto se ha olvidado?

Fue el gran pacto de los últimos 200 años. Esa Constitución es la mejor que hemos tenido desde 1812. Y jóvenes como Pablo Iglesias quieren cargársela. En Estados Unidos, que lo están pasando mal ahora, siguen con la misma Constitución de hace 250 años. Es una aberración cargarse el mejor momento que tuvo España y próspero para los ciudadanos españoles. Hay que reivindicar la Transición, pero no porque la hicimos nosotros, sino porque la hicieron todos los españoles. Es incomparable el prestigio de España que vivió en esos años que el de ahora en la Unión Europea cuando se pregunta a nuestro aliados. Ahora, desgraciadamente no es nada positivo.

Usted perteneció a la UCD y PDP, antes de entrar en el PP. Ahora puede compararse en parte con el partido Ciudadanos. ¿Qué augura la fuerza de Ciudadanos en una derecha tan repartida con el PP y Vox, en el extremo?

La derecha fue una y ahora son tres. Creo que Ciudadanos ha desaparecido, aunque tenga restos en el plano nacional y local. Ellos se dan cuenta. Me ha preocupado lo que ha hecho Vox con la moción de censura y las manifestaciones antieuropeistas que hizo Abascal, y que se compare con Trump. No les lleva a ningún sitio. Pero hay que pensar lo que son las realidades electorales, de los votantes españoles. Toda esa gente votaba antes un solo partido, el PP, y eso hay que buscar. Es normal que Casado y Arrimadas busquen un acuerdo. Pero es algo bastante más complicado que Casado y Abascal hablen seriamente de una opción electoral que sería ganadora. Hay que limar muchas cosas en las negociaciones y explicarlas, pero son fundamentales porque si el Gobierno social-comunista sigue en el poder España desaparece. Y estamos abocados.

¿Qué papel augura a Pablo Casado en esa supuesta reconstrucción de la derecha, que parece un papelón, después de la salida de Rajoy del Gobierno por la moción de censura?

Evidentemente, es un papelón porque es difícil. Tiene distintas almas complicadas y la responsabilidad que tiene encima de sus hombros es reunir a toda la derecha y el centroderecha para ofrecerlo unificado para los españoles y pueda rentabilizarlo en el sistema electoral que tenemos. Es decir, llegar al Gobierno y detener esta locura en la que estamos instalados. Estamos peor que hace diez años con la crisis económica. Muchos diplomáticos europeos que están en España envían a sus países sobre las dudas de nuestro futuro.

Como embajador de España en Estados Unidos y residente allí, ¿qué le pareció el proceso electoral de Biden contra Trump, quien todavía clama por su victoria?

Las elecciones eran un plebiscito sobre Donald Trump, más que Trump contra Biden. El día que perdió las elecciones fue cuando tuvo que admitió que estaba contagiado. Ese era el gran golpe para alguien que había repetido insistentemente que era una pequeña gripe sin trascendencia. Pero acabó hospitalizado y la pandemia tuvo su efecto letal para Trump, de lo cual me alegró. Había que acabar con él porque ha sido le peor presidente de Estados Unidos, con mucha diferencia. Ha destruido elementos básicos de entendimiento en la comunidad nacional e internacional y ha ido frontalmente contra la Constitución y contra las alianzas naturales del país. Es importante que haya perdido las elecciones y volvamos a la previsibilidad de Estados Unidos. Tiene sus seguidores e intenta que Biden no llegue a la Casa Blanca, algo aberrante.

¿Era tan difícil a los demócratas de las ciudades ganar a los republicanos de los estados del interior?

No era imposible la victoria de los demócratas porque el cansancio que provocó Trump era infinito. Tenía sus seguidores, entre la clasificación identitaria, son los blancos sin ilustración en el centro del país, que han sido afectados por procesos de pérdida de capacidades industriales, le animan y le apoyan. Al mismo tiempo, hay sectores que son permanentemente demócratas y republicanos. En las dos costas hay una importante parte de la población americana que es demócrata y antiTrump. Las mayorías de la democracia están allí porque Hillary Clinton perdió las elecciones por los votos del colegio electoral había ganado el voto popular por tres millones. Ahora, Biden le lleva cinco millones a Trump y hay que respetar los resultados electorales y las mayorías.

¿Veremos al final alguna sorpresa en los tribunales, porque acaba de tomar medidas en Irán y Afganistán?

No veremos sorpresas en los tribunales porque sistemáticamente no admiten las demandas porque no hay datos. Ayer mismo lo vimos con Giuliani. Ahora intentan forzar el voto en los colegios electorales del 18 de diciembre, aunque no tiene salida legalmente. Va a hacer todo lo posible para intentar detener el proceso electoral y si tiene que dejar la Casa Blanca definitivamente el 20 de enero dejársela en las peores condiciones, como la peor noticia posible. Pensar en bombardear Irán o reducir las tropas en Afganistán, que son muy importantes… Puede inventarse cualquier cosa en contra del sistema democrático, que entre las elecciones y la entrada del nuevo presidente, es un proceso del ‘pato cojo’. Aunque es el presidente, por razones de consideración ética, no toma decisiones. Es una historia muy desagradable y los americanos están avergonzados con su propio presidente.

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