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Nacional

Dos olas de la pandemia con muchas más diferencias que similitudes

Hace seis meses, España dobló la curva de manera evidente gracias al confinamiento radical. Ahora, la cima de la montaña es mucho más difusa.

Personal sanitario realizan pruebas PCR durante la campaña de cribado masivo para contener contagios de covid-19 que ha comenzado hoy en Gerona
Personal sanitario realizan pruebas PCR durante la campaña de cribado masivo para contener contagios de covid-19 que ha comenzado hoy en Gerona
EFE/David Borrat

Los surfistas siempre dicen que no hay dos olas iguales. Que aunque desde fuera todas las ondas puedan parecer casi idénticas, una vez dentro la rompiente es siempre diferente. En epidemiología ocurre exactamente lo mismo. Por mucho que los modelos estadísticos intenten prever la evolución de una enfermedad que ya ha pasado por su primer pico infectivo, son tantas las variables que entran en juego que al final la segunda ola o las sucesivas batientes raramente terminan pareciéndose a la original.

En el caso de España y la covid las diferencias son evidentes de inmediato. Basta con echar un vistazo somero a las gráficas que escudriñan hasta dejarse la vista en el Centro de Coordinación de Alertas y Emergencias Sanitarias (CCAES). Las dos olas de coronavirus que ya ha vivido España no se parecen demasiado. La primera gran diferencia -explican los expertos de Sanidad- es que la primera onda fue una montaña pura y esta segunda ola no lo está siendo.

El martes 31 de marzo, 15 días después de que el Gobierno declarara el estado de alarma, la primera andanada llegó a su cima. Y lo hizo de forma evidente. Tras días en los que España se movió en una clara escalada de subidas de hasta un 20% interdiario, aquel martes se superaron, por primera y única vez, los 9.000 casos. Fueron 9.222 nuevos contagios. A partir de ese día, la caída fue en picado. Enseguida fue evidente que en esas jornadas se había alcanzado la cresta y se estaba doblando la curva.

La mortalidad del virus también ayudó a dibujar esa montaña casi infantil con forma de pirámide y un vértice bastante definido, hasta el punto de ser puntiagudo. El jueves 2 de abril, solo dos días después de que los contagios tocaran techo, lo hizo la mortalidad con aquellos dramáticos 950 muertos en tan solo 24 horas.

Aunque el conocimiento actual sobre el virus es mayor que la pasada primavera y la capacidad de detección del sistema nacional de salud es mucho mayor que entonces, la situación epidemiológica en esta segunda ola es mucho más confusa.

Y es que la montaña infantil con forma de triángulo perfecto no existe. Aunque en el Ministerio de Sanidad llevan hablando desde hace dos semanas de la supuesta estabilización de la transmisión del virus y a pesar de que algunos de los índices más fiables apuntarían a que la segunda onda de la pandemia podría haber llegado en la última semana a una posible cumbre, esta vez esa cima no tiene forma de pico.

La incidencia acumulada de casos en las últimas dos semanas cada 100.000 habitantes o los positivos con fecha de inicio de síntomas en los últimos siete días apuntarían a que la cosas irían bien, pero lo cierto es que no se alcanza la ansiada cima. Más bien los datos apuntan a una meseta ondulante que, quizás y solo quizás, pudiera ir tendiendo al descenso.

Las dudas sobre el comportamiento de esta segunda ola son muchas. Aunque hay expertos que creen que el máximo de la serie histórica se podría haber alcanzado el viernes 18 de septiembre cuando se computaron 14.389 casos, hay otros epidemiólogos en los mismos grupos de trabajo que no están tan seguros porque no se está produciendo una caída tan clara en los casos. Es más, el pasado viernes, último dato publicado por el Gobierno, se produjo un incremento del 15% de infecciones con respecto a la jornada precedente. Sea como fuere, el dibujo de la nueva curva ya deja claro que el descenso no va a ser tan rápido y pronunciado como el vivido en abril y mayo, donde el confinamiento, aunque relajado ya por entonces, ayudó a ese descenso vertiginoso que acabó tocando suelo el lunes 15 de junio con solo 40 casos registrados.

Crestas más altas

Otra de las diferencias evidentes, quizás llame a engaño. La primera ola llegó a su cima con poco más de nueve millares de contagios diarios, mientras que la actual onda ya ha superado los 14.000 casos en una jornada, o sea, una cresta un 56% más alta, aunque probablemente esta diferencia de datos se deba a que España realiza en la actualidad muchísimos más tests. Quizás sea la alta capacidad para detectar la que pueda explicar otra de las diferencias menos evidentes. Cuando España alcanzó la cima de la prima curva tenía una incidencia acumulada nacional de 177 casos por cada 100.000 habitantes. En esta segunda oleada la media nacional ya supera los 280, un 58% más que hace seis meses.

La gran diferencia a favor de esta segunda embestida es, sin duda, su menor mortalidad. Es, de media, unas seis veces menor (entorno a 150 fallecidos cada jornada), si bien las estadísticas oficiales sobre las víctimas mortales son más que cuestionadas y la metodología contable en estos seis meses ha cambiado de forma considerable.

Mirando en el 'interior' de las dos montañas que representan las dos ondas, las diferencias son también notables, empezando porque el virus ha golpeado de manera muy diferente geográficamente en cada una de ellas. Comunidades como Murcia que llegaron al pico de la primera ola con tan solo una incidencia de 58 casos hoy están a la cabeza de las regiones del Viejo Continente con una IA siete veces mayor (404 casos), que le sitúa entre las autonomías más golpeadas. En el otro extremo, pero igualmente inexplicable como fenómeno, se sitúa Asturias, una región que la primera oleada nunca estuvo en el top de las menos infectadas (llegó al pico con una IA de 101 ) y que en la actualidad está en 111 casos y se ha convertido en una 'isla'.

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