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Nacional

No abrases tus manos limpias con lejía para evitar el coronavirus

El agua y el jabón, aliados con el sentido común, son un eficaz método contra el contagio, reiteran los dermatólogos.

Este hábito básico de higiene debe hacerse siempre con jabón.

El sentido común puede reforzar el salutífero gesto de lavarse las manos que tanto repetimos estos días. Lo aseguran dermatólogos como Pablo Lázaro Ochaita, que invita a no abusar de los geles hidroalcohólicos y a evitar la garrafal insensatez de utilizar lejía o amoniaco sobre nuestra piel. El sencillo gesto de lavarse las manos es hoy imprescindible y salva millones de vidas gracias al médico austrohúngaro Ignaz Philipp Semmelweis.

"El efecto del agua y el jabón es suficiente para una higiene correcta", reitera el doctor Lázaro, vocal de la Academia Española de Dermatología y con larga experiencia. Caso distinto es el de los profesionales sanitarios "con protocolo estrictos e indicaciones muy claras para batallar contra posibles irritaciones de mascarillas, gafas y trajes de protección".

Habrá que lavarse las manos "tantas veces como sea necesario pero sin obsesionase", dice el doctor. Ni es necesario hacerlo medio centenar de veces al día -"en casa no estamos cincuenta veces en riesgo"- ni abusar de las alternativas al agua y el jabón. "El abuso de geles hidroalcohólicos o del alcohol, en especial para quienes padezcan eccemas o dermatitis, puede causar microabrasiones, heridas microscópicas que podrán ser vía de infección y contagio, además de picores que nos inciten a rascarnos", dice.

También es "primordial" secarse con papel desechable y "no siempre con la misma toalla". Como lo es no obsesionarse con el hipotético deterioro cutáneo por el aseo frecuente. "Basta aplicar una crema hidratante: no conozco mejor remedio casero".

La lejía y el amoniaco, muy útiles como desinfectantes, resultan fatales si son mal utilizados. "La lejía mata al coronavirus en treinta segundos, pero destroza e irrita la piel". Recuerda el dermatólogo su alto poder abrasivo y cómo "una partícula de amoniaco en un ojo puede causar una grave úlcera corneal". Son cosas de puro sentido común "pero que podemos olvidar en estados de estrés, tensión y miedo, que nos juegan malas pasadas".

Sí aconseja el uso de guantes de látex al salir de casa, de los que deberemos deshacernos con precaución "dándoles la vuelta y desechándolos, envolviendo uno con otro en una bola y, ahora sí, volver al agua y al jabón".

Médico húngaro de origen alemán, Semmelweis (Buda, 1818) descubrió que desinfectarse las manos antes de tratar a las parturientas disminuía drásticamente las muertes de madres por fiebres puerperales y de los bebés. Propuso en 1847 a sus colegas lavarse a conciencia con una solución de hipoclorito cálcico antes de atender a las mujeres en la maternidad de Viena. A pesar de demostrar la eficacia de su método, algunos colegas no le perdonaron que les responsabilizara indirectamente de la muerte de sus pacientes. Despedido, alcohólico y demente, murió en un asilo en 1865 a causa de una septicemia, causada muy probablemente, tras una paliza de sus celadores.

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