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Cumbre del clima 2019
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cumbre del clima 2019

La gran cita mundial del cambio climático busca un mayor compromiso político

Mujeres, medio ambiente y justicia social, los tres pilares de la Cumbre del Clima que marcará "un antes y un después", según Pedro Sánchez.

Apertura de la Cumbre Mundial del Clima en Madrid, COP25, con participación de medio centenar de jefes de Estado y de Gobierno,
Apertura de la Cumbre Mundial del Clima en Madrid, COP25, con participación de medio centenar de jefes de Estado y de Gobierno,
EFE/Chema Moya

Como un laberinto gigante donde los ratones de laboratorio buscan su queso, los participantes de la Cumbre de Clima -COP25- transitan los largos espacios de cuatro pabellones del recinto ferial de Ifema dominados por la moqueta gris. Como en el bar de Star Wars, pero sin banda de jazz, se mezclan acentos e idiomas según los grupos, mientras se desplazan de una sala a otra. "El mundo está unido por el planeta", dirá más tarde el secretario general de la ONU, António Guterres, en la apertura de esta 'Conferencia de las Partes'. La mayoría sabe a dónde se dirige y en su indumentaria predomina el tono oscuro, unos pocos adornados con motivos tribales. Sólo algunos vestidos se atreven con amarillos o naranjas.

Dedicado a las mujeres iba el discurso del presidente Pedro Sánchez en primer término durante el acto de inauguración de la cita, que reunirá a 25.000 participantes en dos semanas y que marcará "un antes y un después". Para hablar de la "doble paradoja" de un mundo construido a espaldas de las mujeres y de los científicos, Sánchez recordó a una química que avanzó hace más de siglo y medio que la temperatura del planeta aumentaría si se contaminaba con CO2. "Mujer y medio ambiente, medio ambiente y mujer", recalcó el presidente en funciones.

El cónclave es un "diálogo entre países unidos ante un enemigo común a la humanidad", en el que participan "1.500 colectivos, cientos de empresas y millones de voces de jóvenes que se niegan a callar ante la creciente degradación del planeta", enumera Sánchez. "Por fortuna, ya sólo un puñado de fanáticos niegan la emergencia climática", sentenció y, en sintonía con el secretario general de Naciones Unidas, Antonio Guterres, el presidente español incidió en un tercer punto: la transición justa. "O marcamos un punto de inflexión o dejaremos atrás el punto de no retorno", sostuvo Sánchez, que habló después que se emitiera un vídeo del presidente chileno Sebastián Piñera, que grabó en un verde jardín y que empezó con la defensa de la actuación policial en su país. "Nadie puede retraerse del desafío" dijo Sánchez al referirse a "un nuevo multilateralismo", más "audaz". "Para una descarbonización ordenada, justa y eficiente. España está lista. Vamos a aumentar el ritmo de reducción de emisiones".

Madrugadores

Entre los asistentes estaban Pablo Casado, que minutos antes salía por la puerta lateral de la sala donde se realizaba la "plegaria", o Pablo Iglesias, que ya se había dejado entrevistar por el programa de Ana Rosa, mientras Juan López de Uralde, exlíder de Equo, se colocaba convenientemente dentro de plano. Las primeras personalidades españolas en llegar al foro fueron el alcalde de Madrid, José Luis Martínez Almeida, y Rafael Simancas, que esperó calmado a que la seguridad de la ONU, guardias de celeste uniforme, le permitieran pasar al salón. "No puede haber perdedores en esta transición ecológica. Debe ser una palanca de cambio contra la desigualdad", prosiguió Sánchez, que finalizó con una exhortación, la de poder decir a las generaciones futuras que esta vez "la humanidad estuvo a la altura".

Un final otra vez en la línea del de Guterres, quien había apelado a la necesidad de cambios rápidos y ambiciosos, y que había sido más vehemente en una retórica que apela a la emoción: "¿Hemos escogido el camino de la esperanza o la rendición? No hay tiempo para la demora, y hacer menos sería una traición a toda la familia humana".

Al terminar, los cientos de participantes, identificados por colores en sus acreditaciones, se disolvieron en los 100.000 metros cuadrados reservados de Ifema, colonizado por expositores de países como Reino Unido, Qatar, India o Brasil, y entidades multilaterales económicas y sociales. Los más afortunados tenían acceso a la zona VIP, al fondo a la izquierda y bien custodiada. Los negociadores, bajo un cielo negro y de lata, se alejan dando un paseo salpicado por instalaciones de dos manos blanquísimas que tocan diferentes lienzos, obras del artista Lorenzo Quinn, que trata de reflejar la "emergencia global".

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