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La fascinación de ver votar a una monja

Desde que las mujeres pudieron votar por primera vez en unas elecciones generales, el 19 de noviembre de 1933, las religiosas junto a las urnas han sido objeto de atención mediática.

Una monja esperando para ejercer su derecho al voto, en Huesca.
Una monja esperando para ejercer su derecho al voto, en Huesca.
Javier Blasco

La imagen de una o varias monjas en el momento de votar es una de las más repetidas por los medios de comunicación en cada convocatoria electoral, un tópico cuyo origen y capacidad de atracción tiene razones estéticas, históricas y sociales.

Desde el mismo día en el que las mujeres pudieron votar por primera vez en España, el 19 de noviembre de 1933, en unas elecciones generales durante la Segunda República, las religiosas junto a las urnas han sido objeto de atención mediática.

Así lo refleja, entre otras imágenes, una significativa captura del histórico fotoperiodista José María Díaz Casariego en la que se puede ver en un colegio electoral de Madrid a tres religiosas pertenecientes a las Hijas de la Caridad, con su característica toca almidonada con forma de alas o "cornette".

La fuerza visual de la fotografía de Díaz Casariego da una de las claves por las que 86 años después se siguen encontrando a monjas votando en los informativos de televisión y en los diarios, digitales o en papel, para ilustrar una jornada electoral, un fenómeno que también se da en otros países y con distintas confesiones.

La religiosa con su hábito ejerciendo el derecho a votar es una imagen de "gran pregnancia", es decir, capaz de captar llamativamente la atención del observador, porque señala que algo está "fuera de lugar", según explica en declaraciones a Efe el semiólogo Jorge Lozano, catedrático de Teoría de la Información de la Universidad Complutense de Madrid.

Desde el punto de vista de la semiótica, al margen de cualquier apreciación moral, Lozano subraya que la aparición de una monja junto a una urna "supone una disrupción", "una extravagancia", porque el acervo cultural del espectador no asocia su "rol temático" con el ejercicio de la democracia, sino con la clausura, el rezo o el cuidado de los moribundos.

De ese modo puede producir en el receptor "sorpresa" y "extrañeza" por su "imprevisibilidad". Frente a un sacerdote, además, la monja tiene una "especificidad icónica" mayor por su condición de mujer y el lugar que se ha asignado históricamente a las religiosas.

"La sociedad desconoce nuestro estilo de vida y a veces nos ve como extraterrestres"

"La sociedad desconoce nuestro estilo de vida y a veces nos ve como extraterrestres", coincide Irene Mbuyu, una monja zaireña de 37 años que reside desde hace seis en Palma, donde estudia el doble grado de Periodismo y Comunicación Audiovisual.

Mbuyu, que se encuentra en el último curso de sus estudios universitarios, prepara un trabajo de fin de grado centrado, precisamente, en esta cuestión, en la que empezó a reparar cuando veía los canales españoles de televisión en su República Democrática del Congo natal y en Camerún, donde estuvo como misionera.

Aunque se encuentra al principio de su investigación académica, su doble perspectiva de religiosa y periodista la lleva a aventurar una explicación sobre los motivos de esta atención mediática.

"Nos hemos quedado con la idea de la religión del Vaticano I: antigua, de monjas, clausura, apartada de la sociedad, gente rara, y así es como salimos"

"Nos hemos quedado con la idea de la religión del Vaticano I: antigua, de monjas, clausura, apartada de la sociedad, gente rara, y así es como salimos", indica en una línea similar a los argumentos expuestos por Lozano. Mbuyu experimenta esa misma extrañeza ajena cuando acude a las ruedas de prensa como informadora, donde su hábito no pasa inadvertido.

Una paulatina pérdida de interés

El vestido religioso, su plasticidad y su capacidad simbólica durante la Transición contribuyeron a la presencia habitual en las páginas de los periódicos de las monjas depositando el voto, en el momento de coger las papeletas o junto a personas y elementos que podían suponer un contraste por su aspecto o ideología, como recuerda Ángel Díaz, redactor jefe de Fotografía de EFE.

"Llamaba mucho la atención, sobre todo en la época del blanco y negro, el que las monjas fueran a votar, se pedía mucho", comenta. Añade que se consideraba "extraordinario" ver a miembros de la Iglesia ejercer el derecho al sufragio. En ocasiones esas imágenes podían llegar a las portadas de los diarios, algo que ya no ocurre con facilidad, un interés decreciente que Díaz observa desde el cambio de siglo.

Pero que su presencia haya disminuido no significa su desaparición. Mbuyu continúa encontrando a sus compañeras de la congregación Pureza de María en la prensa local de Mallorca, como sucedió en las pasadas elecciones.

Para ella se trata de un "estigma" por el que la sociedad percibe a la monja como una "persona rara" que no puede hacer algo tan sencillo como votar a pesar de los años transcurridos desde la reinstauración de la democracia.

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