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elecciones generales

Rivera se juega el ser o no ser de Ciudadanos

La formación naranja afronta sus horas más bajas, con el partido en caída libre, según las encuestas. Algunas pronostican un retroceso hasta los 16 escaños, por detrás de Vox.

El líder de Ciudadanos, Albert Rivera, en un encuentro celebrado este viernes, 1 de noviembre..
El líder de Ciudadanos, Albert Rivera, en un encuentro celebrado este viernes, 1 de noviembre..
Efe/Daniel Pérez

Por primera vez desde que inició su carrera política hace trece años, el líder de Cs, Albert Rivera, se asoma a un escenario que puede acabar en el descalabro del partido, según apuntan la mayoría de los sondeos, después de haber tenido en su mano 57 escaños y la llave para desbloquear el gobierno.

Rivera, que en su día llegó a la presidencia de Cs por azar, al ser elegido por orden alfabético, ha ido consolidando su liderazgo paso a paso y apuntalando este proyecto naranja que surgió en Cataluña como una alternativa liberal al nacionalismo, pero ahora afronta sus horas más bajas, con el partido en caída libre, según las encuestas.

Algunas pronostican un retroceso hasta los 16 escaños, por detrás de Vox, y otras, menos dramáticas como la del CIS, apuntan una pérdida que llega a los treinta escaños (obtendría entre 27 y 35 diputados y el 10,6 por ciento de los votos).

Estos resultados, de confirmarse en las urnas, podrían abrir el debate sobre su continuidad al frente del partido, algo sobre lo que Rivera asegura no estar preocupado porque no saltó a la política por agarrarse a un sillón sino por cambiar las cosas y además, no deja de repetir que puede retomar su carrera como abogado en La Caixa.

De la mano de Rivera, que logró su primer escaño como diputado catalán en las autonómicas de 2006, Ciudadanos ha pasado de ser una formación de ideario socialdemócrata a situarse en el centro liberal, tal como reflejan ahora sus estatutos, y después, por estrategia, decidió atarse más a la derecha.

Cuando dio el salto a la política nacional, en 2015, empezó con un pacto de investidura con Pedro Sánchez, que resultó fallido, para evitar la primera repetición electoral y luego, tras las elecciones de 2016, firmó un acuerdo de legislatura con Mariano Rajoy.

Ese papel de partido llave, capaz de negociar a izquierda y derecha, decidió que ya no le servía en su estrategia de adelantar al PP, un empeño que tampoco le salió bien a pesar de quedarse a tan solo nueve escaños de los populares y a menos de un punto. Por eso Rivera se apostó todo al veto al PSOE.

Un veto que abrió una crisis interna sin precedentes después de las elecciones del 28 de abril, con la salida de algunos dirigentes de peso como Toni Roldán o Francisco de la Torre, que advirtieron de la irrelevancia que planeaba sobre Cs al no haber sido capaz de evitar la segunda repetición electoral de la historia (con el PSOE sumaban 180 escaños).

Una vez puesta la fecha de los nuevos comicios, Rivera da un volantazo al levantar el veto al PSOE y reivindicarse como el único partido comprometido con el desbloqueo de la legislatura, volviendo así a la casilla de partido bisagra.

Con este último cambio intenta dar la vuelta a las encuestas y mantener al menos ese suelo electoral que Cs está convencido tener, en torno a los tres millones de votantes y una treintena de escaños, señalan algunas fuentes de Cs.

Conocido entre sus amigos como Tito, este catalán de 39 años, nacido en Granollers (Barcelona) y de raíces malagueñas, se ha empadronado finalmente en Madrid y por primera vez podrá votarse a sí mismo en unas generales

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