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Elecciones Generales 2011. Preparativos en el Colegio Gascon y Marin / foto: Jose Miguel Marco
Solo falta una semana para la cita electoral.
José Miguel Marco

De uno a ninguno y de ninguno a dos. Habrá dos debates, uno tras otro. Mañana y pasado mañana. Y, sinceramente, es lo mejor que le ha podido pasar a esta anodina campaña electoral. Interrumpida por la Semana Santa, la campaña ha decidido ajustarse por sí misma a su última semana. Veremos -lunes y martes- a los candidatos confrontar por duplicado, pero se nos seguirá hurtando la posibilidad de disfrutar de las encuestas en los días previos al domingo 28. Curiosa paradoja para un tiempo de indecisión en el que parece que sobra campaña y falta debate. Los definidos como indecisos por la demoscopia continúan en porcentajes inusualmente altos y lejos de sentirse urgidos seguirán esperando. Es el signo de un nuevo tiempo producto de una fuerte sensación de cansancio con la política y que, por el momento, ha arrumbado la ilusión.

Con los actuales porcentajes de indecisión y con dos debates como protagonistas (TVE y Atresmedia) las tendencias de la intención de voto pueden alterarse. Ejemplos no faltan dentro y fuera de España y los equipos de campaña son conscientes del elevado riesgo de la doble cita televisiva. Con un único debate a cinco, incluyendo a Vox, Pedro Sánchez (PSOE) tenía clara su estrategia: definir a Pablo Casado (PP), Albert Rivera (Ciudadanos) y Santiago Abascal (Vox) como un único bloque, el de las derechas. Bajo esta visión, Vox tiraba del PP y Ciudadanos ensanchando un centro ideológico del que se apropiaría el PSOE desde una postura de izquierda moderada. Sin Vox, aunque Sánchez insistirá en situar a Casado y Rivera próximos a Abascal con seguras alusiones al partido ausente, las posturas políticas resultarán más intermedias ante los ojos del espectador y PP y Ciudadanos no tendrán que enfrentarse al riesgo de caer en el extremo. Desbaratada la estrategia del PSOE al verse circunscrito el debate a cuatro formaciones tras la decisión de la Junta Electoral, Sánchez, que no podía negar su presencia en el canal público y menos aún arriesgarse a las consecuencias políticas de la suspensión de los dos debates en el último tramo de la campaña, se esforzará por mostrarse como un presidente y candidato moderado ajeno al peso de contradicciones como el apoyo independentista recibido para su investidura.

Todo debate televisivo tiene sus peligros. La exposición pública invita a los errores. La celebración de dos debates en dos días es sinónimo de alto riesgo. La exclusión de Vox, por ejemplo, lejos de perjudicar a Abascal (ellos mismos así lo reconocen internamente), le beneficia al lograr victimizarse mientras evita los riesgos de la confrontación que podrían dejarle en desnudez ante el votante. Sánchez, Casado, Iglesias y Rivera, los cuatro acostumbrados a debatir, no tendrán problema alguno en el choque dialéctico, pero sus respectivas estrategias encontradas podrían jugarles malas pasadas. El PP, con una bajísima fidelidad de sus electores a esta altura de campaña, se encuentra inmerso en una particular batalla por el voto útil. Ciudadanos, por su parte, sabe que está ante la obligación de arriesgar, tanto en el mensaje como en la forma, convencido de la trascendencia de esta cita electoral para su futuro como formación y de la oportunidad para hacerse con el voto de los indecisos. Pablo Iglesias, que ya se ofrece a Pedro Sánchez como muleta política, no se resigna a su posible pérdida de escaños y tratará de evitar el camino hacia una posible insignificancia, algo que no haría sino engordar al PSOE.

Descartado el cara a cara entre Sánchez y Casado -el PSOE no podía referenciar al PP como líder de la oposición y desaprovechar la oportunidad de fragmentar el voto de la derecha- conviviremos con los debates a varias bandas. Los enfrentamientos políticos a dos, herencia de los modelos presidencialistas y fruto del bipartidismo del pasado, han dejado paso a un formato menos atractivo, pero mucho más real. Hoy todo ha cambiado, y tan importante como el debate será el postdebate. Con cinco partidos que superan el entorno del 10 por ciento en intención de voto las sorpresas no se descartan y las consecuencias de los errores -los aciertos apenas computan- pueden modificar una tendencia y dar o quitar los votos necesarios para un escaño. La semana que resta hasta la cita del domingo será decisiva.

miturbe@heraldo.es

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