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Opinión

Torra y el análisis de textos

El análisis de textos es una probada herramienta científica.
El análisis de textos es una probada herramienta científica.
HERALDO

Al presidente catalán Torra, vicario del prófugo Puigdemont, lo llaman nazi por lo que ha escrito. Torra no puede ser nazi porque es un buen cristiano. Devotísimo de su jefe, no quiere profanarle el despacho, del que ha hecho un ‘sancta sanctorum’. Usa, como prueba de su misión (y de sumisión), un cubículo menos marcado por la historia y un sillón sin el calor carismático de posaderas tan venerandas como las de Pujol, Maragall, Mas y Puigdemont (las nalgas de Montilla no gozan ante Torra de tanta consideración cular).

Para ponderar si Torra es un nazi y un racista puede aplicarse la fructífera técnica científica del análisis de texto. Los textos se escrutan bajo prisma distinto según sean narrativos, descriptivos, argumentativos, explicativos, expresivos (de emociones), informativos o inyuntivos (‘injunctio’, orden que se aplica: una instrucción, receta, etc.). Y no se analizan del mismo modo según pertenezcan a un género u otro: la regla varía según el texto sea poema, novela, pieza teatral, ensayo, sátira, panfleto, carta, memorias, crónica, prólogo o epílogo.

Añádase lo referido al autor, tanto si consta como si es anónimo; su intención, confesa u oculta; el asunto que trata y el porqué; la idea directriz, si la hubiere, y las secundarias; la clase de los argumentos aportados; etc.

Un texto nazi

El texto puede resultar diáfano. Por ejemplo: "Tiene usted pancreatitis retiniana" es de un zumbón. "Todas las opiniones son respetables" es dicho de insensatos. Si el texto es más largo, hay que aquilatar. "Exigimos la persecución despiadada de aquellos cuyas actividades sean perjudiciales para el interés común". Es frase de déspota.

"Si los judíos fueran los únicos habitantes del mundo, no solo morirían ahogados en porquería sino que intentarían exterminarse mutuamente, por su falta de abnegación, reflejada en su cobardía". Es frase de un antijudío.

"El judaísmo busca el dominio mundial mediante el control del capital". El autor es sociólogo, economista o político.

"Todo animal se apareja con un congénere: la abeja con la abeja, el pinzón con el pinzón", por lo que es rechazable que el hombre ario se mezcle biológicamente con "medio simios, hotentotes, cafres" y otras clases de ‘Untermenschen’ o subhumanos. De lo contrario, se fomenta el nacimiento de seres "mitad hombre, mitad mono (...) Miles de nuestros conciudadanos están ciegos ante el envenenamiento de nuestra raza, sistemáticamente practicado por el judío. Es un deber sagrado velar por la pureza racial". Estas ideas son de un racista.

Si hablara de españoles, podrían ser, poco más o menos, textos del fanático separatista vasco Sabino Arana. Pero como habla de judíos, se tratará de Adolf Hitler y de ‘Mi lucha’ (1925). Es, pues, un texto sin duda nazi, puesto que pertenece al propio líder del ‘Nationalsozialismus’ alemán, palabra abreviada en ‘nazi’.

Si hablara de españoles, podrían ser, poco más o menos, textos del fanático separatista vasco Sabino Arana. Pero como habla de judíos, se tratará de Adolf Hitler y de ‘Mi lucha’ (1925). Es, pues, un texto sin duda nazi, puesto que pertenece al propio líder del ‘Nationalsozialismus’ alemán, palabra abreviada en ‘nazi’.

Torra no es nazi

Por el mismo método se concluirá que ciertos textos del hoy muy honorable presidente Torra tildados de nazis y racistas no son nazis. Véase un caso conocido (26.III.2009, ‘El Singular).

Ciertos seres que viven en Cataluña son "bestias, carroñeros, víboras, hienas, bestias con forma humana". Tienen la cualidad singular de enjuagarse sus bocas, llenas de verdín, con odio a la lengua catalana. No se trata pues, a diferencia de Hitler o de Arana, de infrahumanos por razón de sangre o nacimiento, sino a causa de sus preferencias lingüísticas, entre las que figura supuestamente una patológica aversión al catalán, percibido como lengua que excluye a la española o castellana. Eso no es nazi.

Para Torra, tal rasgo abominable que distingue a esos horribles seres ("están aquí, entre nosotros") podría explicarse por alguna deficiencia genética, "un petit sotrac", una quiebra, sacudida o bache, en su cadena genética. La doctrina del escritor es, pues, discriminatoria por razón del ADN, más que propiamente racista. Eso no es nazi.

Otra cosa es que esos deficientes genéticos no le merezcan respeto o conmiseración, no obstante sus arraigadas creencias cristianas (las de Torra, no las de los deficientes). Lo que le aterra es que hay muchos de estos especímenes entre los humanos normales como él: "Abunden, les bèsties. Viuen, moren i es multipliquen", como las plagas (aunque no lo hagan exactamente en el curioso orden que Torra enuncia). Eso no es nazi.

Cuando un texto es desaforado e inequívoco, el análisis es juego de niños. Por eso no se requiere mucho cacumen para calar a Torra. Como con el mal vino, aunque la etiqueta contenga prolijas explicaciones, el usuario decide, tras un solo sorbo, de modo inapelable y tajante: "No me gusta".

Si ‘Mi lucha’ es un filón energuménico, los textos de Torra son un gran yacimiento de guano intelectual. Pero no son nazis. Eso, no. No neguemos su única virtud.

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